Editorial & Opinion

Vísceras o gobernabilidad

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

martes 22, enero 2019 - 12:00 am

La evolución democrática de nuestra sociedad no ha sido fácil, ni lineal, ha tenido varios altibajos; la magnitud de los progresos hasta hoy alcanzados corresponde a la entereza con la que asumimos los retos desde cada generación que luchamos por transformar lo que nos pareció injusto.

A 27 años de suscripción de los Acuerdos de Paz, los nuevos retos no son menores: un complejo fenómeno de violencia criminal muy diferente al conflicto armado de la guerra civil es hoy la premura más significativa de nuestro tiempo y, aunque con significativos progresos, exige un gran acuerdo nacional para profundizar la ejecución de las grandes políticas de Estado consolidadas desde el Consejo Nacional de Convivencia y Seguridad Ciudadana, estrategia hasta hoy incuestionable y que se resume en cuatro ejes: prevención, represión, reinserción, fortalecimiento institucional.

El éxito de estas políticas traducidas a programas cada vez más efectivos y sostenidos en el tiempo, requiere capacidad de consenso para alcanzar unidad nacional, altos niveles de coordinación interinstitucional, recursos materiales y financieros, y una articulación regional de los países del Triángulo Norte. Sin el desmontaje de las distintas formas del crimen y violencia es muy difícil profundizar la democracia y el progreso socioeconómico con equidad.

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Otro gran tema es la capacidad de generar la voluntad política y administrativa para alcanzar un gran acuerdo nacional en materia de crecimiento económico y generación de empleo, esto se puede lograr con la promoción e inclusión de nuevos agentes productivos, la ampliación de políticas y programas que den mayor espacio, respaldo legal, acompañamiento técnico y, sobre todo, acceso a crédito blando para las micro, pequeñas y medianas empresas; éstas son las que efectivamente pueden aportar los empleos suficientes para cubrir las expectativas de inclusión laboral.

En esta dirección la producción y procesamiento de alimentos, la expansión de servicios calificados y el desarrollo del turismo son mecanismos viables de fortalecimiento del mercado interno para el aprovechamiento de nuestro recurso humano.


La tercera apuesta debe ser ampliar la cobertura y calidad de los programas sociales, garantizando la atención en salud desde la prevención hasta los servicios hospitalarios de tercer nivel y especialidades. Mucha atención amerita la continuidad del laureado programa Ciudad Mujer que ha demostrado contribuir con el progreso de la mayoría de la población.

El reto más significativo de la agenda social es el sistema educativo, con especial atención a la primera infancia, y  la educación técnica y superior; esto pasa por completar la actualización de métodos y conocimientos del cuerpo docente, mejorar significativamente sus condiciones laborales y facilitar el retiro de quienes con tanto empeño se esmeraron en forjar generaciones, permitiendo abrir espacio a la nueva generación de docentes que por su lozanía asume con nuevos bríos y energía, actualidad técnica y pedagógica.

Este compromiso requiere de acertadas políticas públicas y más recursos para hacer realidad el compromiso del Consejo Nacional por la Educación; exige el involucramiento consciente de la familia, la comunidad, las municipalidades y la iniciativa privada. De los avances del sistema educativo, dependerá la superación de la violencia y criminalidad, el crecimiento económico justo y equitativo con la suficiente generación de empleo.

La cuarta tarea del periodo es alcanzar una reforma del Estado que permita elevar la calidad, efectividad y calidez de la función pública, esto pasa por contar con un nuevo marco de Ley del Servicio Civil, y de una Ley de la Función Pública, generando los mecanismos que aseguren la selección, probidad, idoneidad, formación, vigilancia institucional y ciudadana, acompañado de estabilidad laboral para asegurar un buen desempeño.

Ante semejantes retos nacionales, la tarea de elegir atinadamente a quien nos gobernará en los próximos cinco años es relevante. Es altamente riesgoso para el país votar por una figura mesiánica, improvisada, de ambiguas posturas ideológicas, que habla de nuevos propósitos mientras se rodea de los más rancios remanentes de gobiernos de derecha del pasado, cuya campaña posee oscuros métodos de guerra sucia desde las redes sociales, que además: despreció la formación profesional contando con todas las comodidades, condiciones y recursos para alcanzarla; no asume compromiso con el proceso de paz, más bien promueve la confrontación y desestabilización; y ofrece una vaga oferta programática cargada  de plagios, sin proponer soluciones viables y fundamentadas para resolver los grandes retos nacionales planteados.

Este personaje superficial, inmaduro, que evade el debate público, miente, calumnia y difama, que carece de transparencia en sus cuentas personales y denuncia fraude sin presentar evidencias, aglutina la disconformidad (legítima) de un sector de la población, capitaliza resentimientos, frustraciones y decepciones; sin embargo, esto no es suficiente para asumir el liderazgo de un país que requiere más que vísceras para ser gobernado. Pensemos objetivamente.




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