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Editorial & Opinion

¡Y dale con los medios!

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 3, octubre 2018 - 12:00 am

Nuevamente se presenta en la Asamblea Legislativa una ley para controlar el contenido de los medios de comunicación, esta vez propone controles a programas “nocivos” que incluyen violencia y sexo en las transmisiones de cable y redes como netflix; el FMLN habla de no querer limitar la libertad de expresión pero sugiere limitar la exposición de noticias sobre pandillas o violencia. Esta propuesta llega luego que ARENA en el pleno legislativo consiguió un recomendable para no permitir el acceso del grupo satánico Marduk, es decir, se aplique un control al espectáculo, porque moralmente daña a la población cristiana.

En ambos casos el tema es controlar, limitar, definir sobre el contenido de mensajes que alteren la salud mental de la población, una evaluación para definir si el contenido es apto para el consumo de nuestra sociedad o la que pretendemos crear, en esto podríamos decir nada hay malo, no hasta llegar a las preguntas: ¿Quién definirá lo correcto? ¿Bajo qué parámetro moral se definirá lo conveniente? ¿Cuál es el marco moral del Estado? analicemos el panorama.

Muchos han tratado de demostrar la relación que suponen entre la exposición mediática y el comportamiento, sin embargo aún no está totalmente clara  la influencia del medio en la violencia de las personas, si fuese así todos o la mayoría que consumimos películas de guerra, series de acción, novelas del narcotráfico, noticias, deberíamos ser a estas alturas asesinos o violadores y no es así; desde otra perspectiva todos los que consumimos programas religiosos, música clásica o programas positivos deberíamos ser santos y tampoco es así; por tanto, la visión de controlar bajo definición de “origen de violencia en la TV” es un discurso que disfraza el posible interés de callar oposición o limitar cuestionar al poder.

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Los medios tienen influencia, esa es otra cosa, existen para eso y subsisten de eso, los medios nos venden productos, nos ayudan a conocer lo que sucede, abren espacio a nuestro conocimiento, pero la educación formal y la educación del hogar cierran el círculo del aprendizaje en el que se puede aprender a desechar lo malo y aprovechar lo bueno, donde nos queda claro que la TV no es la realidad, aprendemos que la TV es un aparato de entretenimiento y no un sustituto de nuestro rol parental de educar, amar y cuidar de nuestros hijos. Lo que sí me parece pertinente en este debate es proponer bajar el volumen a la pornografía y a la imagen sexual que muchos medios han incluido para la atracción de audiencia, lo cual impacta y eso sí es demostrable; en las condiciones de desarrollo de la persona, genera adicción y aumenta el deseo precoz por el sexo; igual la música con letras sexuales explícitas que cosifican a la mujer y generan predisposición al sexo por placer, para lo cual creo debe aplicarse con fuerza el horario restringido, la clasificación de edades, censura en imágenes y audios, puesto que la violencia sexual sí tiene un origen, es en el acceso a la imagen, al desnudo, al lívido que despierta esa motivación visual permanente… Pero creo que no solo es el tema de la TV porque responsabilidad hay como Estado en la poca restricción al alcohol, ahí tenemos un problema más serio, el 70 % de los asesinados por violencia en sus autopsias demuestran presencia de alcohol en sangre, la violencia al volante, en el deporte, la violencia intrafamiliar también tienen  de aliado al alcohol; otro dato nos dice que el salvadoreño en promedio inicia su relación con el alcohol a los 11 años y es uno de los países con más consumo abusivo; entonces, por ello qué será mejor: ¿prohibir el alcohol o la televisión? .

Si queremos controlar moralmente la situación ¿tendrá moral el gobierno del FMLN que está cambiando los programas educativos para meter en las escuelas la educación sexual con ideología de género?¿Tienen moral los políticos para ser ellos los que evalúen lo que debemos ver y escuchar?


Es difícil, por tanto lo único valioso de la propuesta es poder reflexionar que los responsables de medios debemos meternos a la batalla por construir una mejor sociedad, que aceptemos que se hace bien siendo conscientes en que ganar audiencias, a cualquier precio, no es más que complicarnos a futuro; pero también debemos pensar en que dejarnos imponer censura previa es perder nuestro propio pensamiento y el riesgo es muy grande; tampoco podemos rehusarnos a la responsabilidad que se tiene en orientar, propagar y solidificar principios y valores con lo que mostramos y decimos desde el micrófono o el contenido.

Sin duda vivimos en un tiempo difícil, hemos perdido la moral, la ética, la educación se está distorsionando, los principios se están torciendo, pero estoy seguro que no es censurando políticamente que cambiaremos la realidad; solo educando, dando testimonio con hechos, promoviendo el amor al prójimo, la fe en Cristo y pensando en la familia es como saldremos adelante, porque “todo me es lícito, mas no todo me conviene”, aprender la diferencia es la verdadera ganancia.




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