Editorial & Opinion

Y se juramentó…

Juan José Monsant / Exembajador de Venezuela en El Salvador

sábado 26, enero 2019 - 12:00 am

Con la expectativa esperada, observamos las millonarias concentraciones recorriendo las calles de Caracas, las ciudades y pueblos de toda Venezuela, en las que tantas veces llegábamos a participar. Esta vez nos conformábamos de observarlas a través de una pantalla de 32 pulgadas sin HD. En la tribuna un joven delgado, trajeado de bluejean, camisa blanca sin corbata y saco oscuro, de pie frente un micrófono y una multitud delirante, con la plana mayor de la Asamblea Nacional a sus espaldas, le hablaba al pueblo expectante.

Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional y Presidente interino de Venezuela, de conformidad con el artículo 233 de la actual Constitución, insistía en recordar la ilegitimidad del gobierno de Maduro, la usurpación del cargo, la crisis humanitaria, la violación masiva de los Derechos Humanos, la ocupación territorial de fuerzas irregulares extranjeras y de los grandes traficantes de droga, minerales, armas y dinero.

Yo me impacientaba, esperando lo que todo el mundo esperaba, que de una vez levantara la mano y jurara el cargo a ocupar para oficializar su investidura. Seguía impaciente, y en un momento me dije “no lo hará, es más de lo mismo” y cambié de canal. Mala e impaciente decisión, dos minutos después Guaidó levantó su mano derecha ante Dios, el Pueblo, la Asamblea y la Constitución para jurar y aceptar el interinato, en medio de una algarabía generalizada que se oyó en las lejanas alturas del Tibet y las pampas de Argentina, retumbó en Ucrania, en los llanos venezolanos y en el Chaco paraguayo.

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De modo que recogí mi enojo inicial y me uní al resto de la sociedad democrática que esperó ese gesto con paciencia. Cinco minutos después el Presidente Donald Trump reconoció a Juan Guaidó como presidente interino legítimo de Venezuela; seguido por Canadá, Brasil y una veintena más de países del continente. Desde ese momento Guaidó pasó a ser el único interlocutor válido de Venezuela para esos países, con todo el significado, económico, político, jurídico y militar que conlleva.

Estimo que poco a poco, las reservas y pudores de la Unión Europea se convertirán en compromiso, a pesar de la timorata e izquierdosa España y la comprometida neutralidad de Portugal. De Centroamérica, solo Nicaragua y El Salvador reconocen la narcotiranía de maduro, a la que se suman Cuba y Bolivia; ¡ah!, y la muy sensata voz de Diego Armando Maradona.


La suerte está echada, Guaidó, los venezolanos comprometidos con la dignidad humana, junto con los países del Hemisferio que hacen vida democrática, decidieron terminar con esta degradante pesadilla que arruinó a una nación, abrió paso al terrorismo internacional, se convirtió en un Estado narcotraficante y amenaza la seguridad y estabilidad regional; en realidad la agrede y desestabiliza, incluyendo a los propios Estados Unidos de América. La Otan, las potencias occidentales, entre ellas Brasil, conocen de la presencia y movimientos del terrorismo internacional, como Hezbolá, Hamas y los Guardianes de la Revolución de Irán, sus casas de reposo y entrenamiento en la isla de Margarita y estados costeños; saben que viajan con pasaportes venezolanos desde hace por lo menos 15 años. A ello hay que agregar que guerrillas del ELN y las Farc de Colombia controlan territorios sensibles nacionales y se mueven con libertad en los estados Bolívar, Guárico, Falcón, Monagas, Amazonas; y que más de 20 mil combatientes cubanos se mimetizan con los venezolanos y entre ellos.

Otro elemento que observamos desde el pasado 23 de enero, es que algunos medios de comunicación, como CNN, al referirse a Juan Guaidó, lo llaman  “el autoproclamado presidente”. Todos sus presentadores, desde Gabriela Frías y Guillermo Arduino repiten como si fuere una orden impartida “el autoproclamado”, al igual que algunos diarios de Europa y de esta parte del mundo. Frente a esta conspiración de presentar, mediatizar y manipular los hechos (vaya uno a saber por cuál razón), se proyecta la matanza inclemente de venezolanos no afines a la tiranía, por lo que se impondrá la presencia de tropas y fuerzas militares regionales, unidas a la rebelión civica-militar en marcha que luchará hasta rescatar a Venezuela del inframundo a la que fue conducida, pero que se resiste a desaparecer como pueblo.




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