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Editorial & Opinion

Abstinencia, la solución

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 23, agosto 2017 - 12:00 am

Dice un viejo refrán: “ante la duda, abstente” y qué importante es poder detenerse frente a una situación que es desconocida o que pueda tener efectos de gran consecuencia para nuestra vida; pero para poder llegar al dominio propio se necesita un importante nivel de conocimiento y sabiduría, lo anterior se logra con la educación y el escuchar de quienes lograron éxito en el problema.

Lo mismo sucede con los problemas sociales como el embarazo precoz, el consumo temprano del cigarrillo y el alcohol, enfermedades de transmisión sexual, etc… que requieren solución pero no temporal o superficial, porque aprobar el aborto para “salvar” a las víctimas de violación o a las menores embarazadas es como ponerse un par de tapones de oído en medio de un bombardeo, seguro dejarás de oír las bombas, pero éstas no dejarán de caer.

En este sentido, si realmente queremos solucionar los problemas sociales hay que invertir en programas de abstinencia, educar para dejar de hacer o por lo menos orientar a hacer cuando se puede asumir responsabilidad, de ahí que nuestra familia salvadoreña pase por crisis del matrimonio, de los embarazos en menores, violaciones, etc… porque no estamos haciendo lo suficiente en la educación y en el levantamiento de criterio para entender cuándo y cómo se deben hacer las cosas. No se trata de sociedades “perfectas espirituales”, se trata de sociedades “perfectamente entendidas” de lo que significa una relación sexual, el matrimonio, los hijos, la familia y de personas que puedan dominar sus instintos, sus acciones y se frenen por conocimiento entre lo bueno y lo malo.

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En la escuela queremos reducir los problemas a fórmulas matemáticas y las soluciones a enunciados de fácil aplicación y en la realidad, los problemas sociales requieren más que eso para solucionarse. En Estados Unidos se comenzó hace más de una década a experimentar con los programas de abstinencia y la reducción de niñas embarazadas, sexo precoz y aumento de la virginidad como un valor familiar son resultados evidentes que pueden cambiar las cosas. Por cada $1 invertido en abstinencia el ahorro, dicen los expertos, es de $6 respecto al gasto en salud y atención social para todos esos problemas. En África la transmisión de VIH mostró reducciones incomparables al enseñársele al joven la abstinencia sexual y la reserva del sexo para el matrimonio e instruyendo de manera práctica sobre la fidelidad y sus beneficios.

De tal manera que si en El Salvador queremos salvar a menores del embarazo, de la violación y de muchos otros vicios, lo importante es educar, enseñar y replantear lo que es posible y lo que no, para crear ciudadanos de más auto control y no fomentar los caminos fáciles como el aborto, el divorcio, la migración o todo aquello que está terminando con la paz y la estabilidad de la familia y por ende de la sociedad.


Promover abortos gratis o anticonceptivos y preservativos no es una solución benéfica, lo es el educar a la persona para que sepa qué significa una relación sexual, qué riesgos tiene, qué condiciones se adquieren cuando te conviertes en padre o madre; es necesario devolver a la familia la capacidad de educar a sus hijos; no podemos pensar en que la solución de todo es tener riqueza, poder o un “desarrollo” sin riesgos y compromisos.

Por ello a los diputados de la República absténganse de aprobar lo que no conocen o lo que la ONU quiere, simplemente porque quiere impulsar el negocio de la muerte y la aberrante idea del control de natalidad mundial vía la teoría de género y sus propuestas de familias irreproducibles (del mismo sexo). Apostemos por más amor entre los ciudadanos, a más educación, mayor entendimiento y hagamos un esfuerzo supremo por resolver los problemas de una manera diferente al sacrificio de los inocentes o de más muerte y violencia.




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