Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Arriesgan su vida por unas pizzas

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

martes 11, julio 2017 - 12:00 am

Vemos, con interés y satisfacción, que el Viceministerio de Transporte (VMT), ha iniciado ante el Órgano Legislativo una iniciativa de ley para regular la conducción de motocicletas por las calles y carreteras del país, ante las estadísticas abultadas de múltiples accidentes, muchos de ellos con saldos fatales, provocados por esta clase de vehículos, que en su mayoría son manejados por personas que carecen de la licencia respectiva, además de haberse detectado que la mayoría desconoce los principios más elementales del Reglamento de Tránsito, factores  que los hace incurrir en esos graves acontecimientos viales.

El incremento de motocicletas en el parque vehicular del país, puede tener diversas causas y justificaciones válidas, como el hecho de que con ellas se puede salir un poco más rápido de los constantes embotellamientos, hay mayor economía en el gasto de combustible y una gran facilidad para poderse aparcar. Pero, también, el uso desmedido de la velocidad, la inobservancia de algunas normas de Tránsito y el sobrepasar sin precaución los cruces de calles y carreteras, suman muchos factores negativos que han vuelto peligrosa la conducción de tales vehículos motorizados. Y ese aspecto no es una historia reciente.

Y digo que eso no es reciente, porque en mis días de juventud fui apasionado de la velocidad que podía lograr en una motocicleta, con la cual me encantaba, en forma imprudente, sobrepasar en las carreteras, aquellos lentos y pesados autobuses, con armazón de madera y motores a diesel,  que echaban más humo que una locomotora del siglo pasado. Pero esa fantasía de jugar mortalmente, un día tuvo sus efectos perjudiciales. Y no fue precisamente en una carretera, donde sentía tener mayor espacio para hacer peripecias con mi armatroste de dos ruedas, sino en pleno centro capitalino. Adelante  de mí iba un  camioncito con mercaderías. Deseoso de sobrepasarlo, imprimí velocidad pero lo hice con la moto bien pegada a la cama del camioncito, a tal punto que los barrotes de hierro que protegían los bultos, se introdujeron en el manubrio derecho haciéndome dar varias vueltas en el pavimento y quedar con la dichosa motocicleta encima de mi costado, con un dolor inmenso.

publicidad

El otro motorista logró darse a la fuga, mientras unas personas serviciales (que siempre existen), pararon el tránsito y me auxiliaron. En un taxi llegué a una clínica del Seguro Social y allí contemplé el efecto de mi imprudencia: el dorso de una de mis manos estaba prácticamente rasgado de la piel, sangrando profusamente.

Gracias a Dios, mis costillas salieron intactas del accidente. A mi motocicleta destruida, alguien me la compró como “chatarra para repuestos” y desde entonces sufro de “motofobia” (miedo de viajar en motocicletas).


Cuento esta anécdota, porque siguiendo en el orden de estas ideas, considero oportuno hacerle sugerir tanto al VMT como a nuestros legisladores, que no olviden un detalle que a diario observamos en las ciudades: es con respecto a los mensajeros de comida rápida, que corren alocados con sus motocicletas por las calles para llegar, antes de media hora, al hogar de los clientes que han solicitado el servicio de comida a domicilio, ya sea un rico pollo empanizado o las sabrosas pizzas italianas.

Una noche recién pasada, un canal televisivo daba la noticia de que uno de esos muchachos que trabajan llevando comida a domicilio, fue arrollado por un bus urbano, con tanta mala suerte que perdió uno de sus miembros inferiores y fue conducido por un cuerpo de socorro “en estado crítico” a un hospital. Si esa víctima logró sobrevivir, su existencia será amarga hasta el final de la misma.

No es fácil acostumbrarse, o adaptarse física y psicológicamente, a pasar los días con muletas, o usando una silla de ruedas, cuando la vida juvenil apenas comienza, como en este doloroso caso. Y todo por querer cumplir con los cánones laborales de entregar el producto alimenticio antes de media hora, o tener que entregarlo sin cobro alguno, aunque si mal no recuerdo, cierta vez un ex empleado me dijo que el costo se lo cargaban a su salario.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.