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Causa de hepatitis aún sin definir en Sonsonate

Redacción DEM

lunes 23, julio 2018 - 12:01 am

Tras dos semanas de ausencia escolar, Daris Anthony Hernández se presentó la semana anterior al Centro Escolar Caserío El Jocotillo, en el Cantón Miravalle, departamento de Sonsonate, para seguir con sus clases normales en una de las cuatro aulas integradas con las que cuenta esta escuela.

El niño, de 8 años de edad, camina con normalidad, sonríe poco y es amante de la tecnología. Sus ojos ya no se ven amarillos, pero su piel aún tiene rastros de ese tono semejante al oro, que a todas luces es para los médicos un síntoma de hepatitis.

La directora del centro escolar, Noemy López, dice que el niño es uno de los nueve alumnos con hepatitis reportados en la escuela, que cuenta con estudiantes desde parvularia hasta sexto grado.

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El primer caso se presentó en marzo pasado. Para López fue un hecho aislado, no imaginó que más alumnos desarrollarían luego la enfermedad.

“A Daris lo trajo ahora la mamá, nosotros le dijimos que debía tener reposo, porque se les inflama el hígado. Justin es el niño al que le dio en marzo, es un caso aislado pensamos en ese momento, pero no. Después de una reunión que tuvimos con el gobernador departamental (la primera semana de julio) dimos una charla con el promotor y se explicaron los síntomas, porque la gente puede creer que uno no atiende a los niños porque es asqueroso”, señaló. El caso trasciende en Sonsonate, cuando las autoridades brindan las estadísticas y, especialmente, las causas.


Héctor Ramos, jefe de la Unidad de Vigilancia de la Salud, indicó que en ese departamento de occidentehan registrado 25 casos de hepatitis “A”. La mayoría son  niños cuyas edades oscilan entre los 4 y 15 años y, buena parte de los casos, también corresponden a la zona rural.

“La vía de transmisión (de la hepatitis “A”) es a través de heces. La persona infectada esparce el germen en las heces; si va al baño y no se lava las manos, después manipula comida o hace sus necesidades de forma inadecuada y contamina las aguas, puede contagiar a otras personas”, señaló el galeno.

Según el director de Vigilancia Sanitaria, Rolando Masis,  en el Cantón Miravalle, donde se presentó el brote de hepatitis, “se está tratando de mejorar la salud ambiental”. Eso “implica la repartición de puriagua (una solución concentrada que sirve para desinfectar frutas y verduras), la limpieza de los pozos, verificación de letrinas, la calidad de la construcción de los pozos para ver si están en la distancia recomendada de las fosas, se está verificando en los centros escolares la calidad en la manipulación de los alimentos, y se están haciendo estudios físico, químicos y biológicos del agua”, dijo.

En el mismo sentido, el doctor José Claros, técnico de la Unidad de Vigilancia para la Salud, afirmó que personal de la Dirección de Saneamiento Ambiental, promotores de salud (personal del área comunitaria) y médicos están trabajando en el Cantón Miravalle para prevenir la enfermedad. En el Caserío El Jocotillo viven aproximadamente 150 familias, no tienen agua potable ni electricidad. En la escuela los alumnos beben agua de un pozo profundo, lo mismo ocurre con los habitantes del caserío, quienes ingieren agua de otra perforación de 27 metros de profundidad, según detallaron.

Un diagnóstico errado

Agua Viva es una organización no gubernamental que en coordinación con la alcaldía de Sonsonate construyó diversos pozos en el Cantón Miravalle. Uno de esos está ubicado en El Jocotillo, donde muchos habitantes del lugar y del resto del cantón llegan a traer agua para beber y cocinar. Desde hace cuatro meses, la familia Cabrera comenzó a ingerir agua del pozo profundo construido por Agua Viva en El Jocotillo, antes bebían de otro pozo construido en el mismo terreno de la vivienda.

Nancy, hija de Yenny Cabrera, “comenzó hace una semanas con fiebre, dolor de estómago y se puso amarilla de la vista”.

Ante los síntomas, su madre la llevó a la Unidad de Salud de Acajutla porque el servicio, dijo, es más rápido que en la Unidad de Salud de Sonsonate y en el Hospital Nacional General Dr. Jorge Mazzini.

“La llevé a Unidad de Salud del Puerto de Acajutla, ahí me dieron unas medicinas que no le hicieron nada, porque dijeron que tenía infección de vías urinarias, después la llevé a la clínica, a la San Vicente de Paúl, ahí el doctor solo la vio y me dijo ‘hepatitis tiene’”, explicó.

La niña, de 14 años, es parte de las estadísticas del Centro Escolar Caserío El Jocotillo, pero no del sistema de salud pública, donde le dieron el diagnóstico equivocado. Como ella, afirman habitantes del caserío, hay otros niños que no los han llevado a hospitales ni unidades de salud. Nombres omitidos en las estadísticas, que nunca hincharán los números del Ministerio de Salud (Minsal).

¿Alguna vez vino el promotor de salud a ver a Nancy?, -se le preguntó a la madre de la niña-, “no, nunca”, respondió.

Al consultar por el agua de los pozos, ni la directora de la escuela ni los habitantes recuerdan haber visto a personal del Minsal realizando pruebas químicas y biológicas a estas perforaciones.

Lo mismo ocurre en el Centro Escolar Cantón Miravalle, donde la semana anterior una estudiante de séptimo grado ya no llegó a clases porque, según la directora, Mirna Estela Ortiz, le diagnosticaron hepatitis.

En esta escuela también hay un pozo profundo construido por Agua Viva, de donde se obtiene el líquido para lavar las  manos, beber, cocinar y hacer limpieza.

“Cuando tuvimos la reunión con el gobernador yo le dije que no sabía por qué la promotora se había divorciado…Vino después de la reunión y no venía desde agosto del año pasado”, explicó.

Ningún representante del Minsal, de acuerdo con Ortiz, ha supervisado el pozo ni los alimentos preparados en la escuela para los niños.

Tampoco han llegado a las casas, aseguró Víctor Orlando Rauda, de 77 años, a repartir puriagua y explicar cómo debe utilizarse esta concentración.

Diario El Mundo pidió al Ministerio de Salud los resultados de los estudios realizados al agua de los pozos profundos, a través de comunicaciones, pero la información no fue enviada al cierre de esta nota. Los casos parecen ir en aumento, algunos sin ser registrados; mientras otros-sí registrados- ignoran el origen de la enfermedad.




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