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Editorial & Opinion

Ciencia, tecnología y comunicación ¿para qué?

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

martes 27, junio 2017 - 12:00 am

La globalización nos exige desarrollar y profundizar con mayor agudeza la capacidad de observar, seguir con detenimiento, leer, analizar de manera sistemática y permanente esta realidad. Esto significa, además, contar con propósitos claros, instrumentos técnicos y metodología apropiada para interpretar detenida y rigurosamente la diversidad de estos hechos que pueden ser agrupables en cada materia -económica, tendencias sociales y gremiales, clima y ambientales, logros tecnológicos, científicos y culturales-; así como acciones gubernamentales y de otras instituciones del Estado reflejadas en políticas públicas, hechos y debate del entorno político partidario, tendencias de los medios de comunicación y opinión pública; y no menos importante los acontecimientos internacionales con capacidad de incidir en nuestra realidad.

Esta lectura del entorno puede ser útil en la medida que  proyecte posibles desenlaces en la previsión de diferentes escenarios, espacios en los que de manera apropiada podamos incidir para enfrentar las amenazas, retos y oportunidades desde los que podamos moldear paso a paso el futuro del país.

Estamos viviendo la más acelerada y geométrica expansión de una nueva era informática con saltos de calidad y cambios constantes con incidencia en la ciencia y tecnología digital; el desarrollo más veloz en la historia de las comunicaciones -que como nunca, pueden facilitar o distorsionar el grado de entendimiento y capacidad de enlace de la sociedad humana-, así como facilitar la cantidad y calidad de la productividad, o incluso marginar -como en muchos casos ha ocurrido- sustituyendo y desplazando la actividad laboral humana.

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La informatización nos ha puesto a disposición -requerida o impuesta- enormes y variados volúmenes de información que por la cantidad es de difícil digestión, asimilación y comprensión; a tal grado, que es mucho mayor la oferta que la demanda. Este fenómeno tiene una fuerte incidencia, desde los costos que tiene el acceso a la tecnología y el conocimiento, hasta el impacto social y humano al romperse la jornada y reglas laborales tradicionales, obligando a una jornada extendida que exige mayor inversión de tiempo, creando una significativa dependencia y afección en la comunicación con el entorno inmediato, sobre todo el familiar; y por otro con la ventaja de contribuir a ampliar el círculo de nuestras relaciones sociales y laborales, antes geográficamente distantes.

Esta nueva condición nos obliga a desarrollar filtros desde nuestras prioridades y a ajustar los parámetros de nuestra propia cosmovisión; a definir mejor los rangos de la actividad en los que decidimos desempeñarnos y a precisar los límites de nuestros gustos. Hoy más que nunca la pertenencia a una organización específica de afinidad, la búsqueda del trabajo colectivo y en equipo, es condición indispensable para asumir una mayor efectividad en el desempeño y capacidad de transformar la sociedad.


De la misma manera que es insustituible -desde la realidad de nuestros niveles de desarrollo- la capacidad humana del trabajo material concreto para crear bienes y servicios, producir alimentos, desarrollar obras; en esa misma dimensión, también es ineludible la necesidad de avanzar aceleradamente y con la sabiduría necesaria, incorporando la ciencia y tecnología que nos permita facilitar e incrementar la cantidad, calidad y diversidad de la producción de bienes y servicios que nos vuelva más competitivos en este mundo globalizado, generando todas las oportunidades y puestos de trabajo que demanda el crecimiento de una población joven con muchas expectativas.

El punto de enlace que permite vincular la ciencia y tecnología con el trabajo productivo, será siempre la apuesta por un mayor nivel educativo y de formación en docentes y estudiantes; la capacidad constante de elevar la inversión pública y privada, sobre una acertada estrategia de desarrollo que incluya la implementación de toda la ciencia y la tecnología apropiada que nos podamos pagar y crear, y sea efectivamente necesaria para no convertirnos en el reservorio de inútiles engendros tecnológicos producto de la voracidad de un mercado capaz de vender sus nuevos espejitos, hoy tecnológicos.

Encontrar la frontera y el equilibrio en la implementación adecuada de la ciencia y tecnología apropiadas, también pasa por considerar los métodos y expresiones de las nuevas tendencias de la organización, movilización, comunicación y expresión social; principalmente cuando necesitamos alcanzar acuerdos en pensiones, una reforma tributaria, mayores niveles de seguridad pública, más y mejores puestos de trabajo, profundizar la agenda social, deteniendo a la vez la amenaza de la privatización del agua y la urgente necesidad de una nueva correlación que empuje los cambios que el país necesita. Por ello, el uso de la tecnología debe estar al servicio de elevar los niveles de expresión y movilización social constructiva y transformadora, para no convertirnos en meros “opinadores digitales”, expectantes de un cambio que nunca llega.




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