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jueves 17, septiembre 2015 | 10:26 am

Generalmente cuando emprendemos un nuevo proyecto, negociación o decisión hay una partida

inicial la cual llamaremos “La Nada”, la nada es el espacio vacío que existe entre ese lapso de

saber que hacer o el querer comenzar con la creación mental de las ideas o propuestas, que

también me lleva hacia muchas reflexiones, y que estas reflexiones me lleva a juicios y que estos

juicios me lleva a una fragmentación de la historia misma.

 

El hacer un bosquejo mental de la búsqueda de la nada hace que tenga mucho mas dominio de

esos pequeños juicios que existen dentro de mis historias sean estas de las relaciones con mi

pareja; con mis amigos o con mi familia. Lo mismo ocurre a nivel organizacional son las mismas

conversaciones organizacionales que me llevan a mis estados de ánimos que de igual forma

parten de la nada; de una acción; de una palabra o incluso de una mirada. Y es este estado de

ánimo que se toma por completo el cuerpo y este se convierte en un personaje, un personaje que

quizás nos sorprende en su forma de conversar y de comunicar, a la vez que nos hace vivir la

emoción misma, y esa emoción la describimos con palabras. Los seres humanos no disponemos

de mecanismos biológicos que nos permiten tener y poseer percepciones que correspondan a

como las cosas son, ya que estas se manifiestan y se dan por la acción. Acción que muchas veces

se puede volver en contra de nosotros mismos, colapsando espacios de crecimiento personal,

organizacional y familiar.

 

Las empresas, organizaciones u entidades deben de poseer la capacidad del poder comunicarse

unos con otros para que el paso por el mundo sea nutritivo y me lleve a tener una vida mejor

dentro de los lugares y espacios a los cuales frecuente y que conecto.

 

El pasado pertenece al domino de lo necesario, viene ese espacio de la nada que hace que el

futuro el dominio de lo posible.