Editorial & Opinion

Con la OEA o sin la OEA

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Savador

sábado 10, febrero 2018 - 12:00 am

Hace ya algunos años, cuando el difunto dictador iniciaba sus primeros desplantes sin pudor ni respeto por la opinión pública internacional, alguien me preguntó en tono de angustia y rabia del porqué la OEA no hacía nada.

Me costó mucho esfuerzo intentar, si, intentar, porque no pude pasar de ello, explicarle que el Secretario General de la OEA, en ese entonces el inefable José Miguel Insulza que en una mezcla de sentimientos encontrados entre haber perdido la oportunidad de ser presidente de Chile, tal como fue su ambición, y obtenido como premio de consolación la Secretaria de la Organización, bajo el impuso del primer gobierno de la Bachelet y el apoyo al descubierto de los petrodólares del chavismo, y asumir con filosófico cinismo el disfrute del cargo con todas las prebendas que conlleva, incluyendo las no registradas, no podía hacer nada.

El hecho fue que intenté hacerle razonar que muy poca autonomía, o ninguna, tenía en las decisiones trascendentales, dado que la supranacionalidad del Organismo internacional regional no solo era limitada sino ilusoria, dado que el Secretario General dependía de la decisión de los países integrantes que le ungieron en el cargo. Es decir, la decisión a fin de cuentas, era política y no jurídica.

publicidad

En nuestro caso, la decisión final recaía directamente y sin intermediación en el difunto dictador Hugo Chávez Frías, porque era quien pagaba la factura petrolera de casi la totalidad de los países integrantes, aparte de los contratos con Odebrecht, y los mimetizados en ese parapeto delincuencial de evasión de capitales llamado ALBA, en cualesquiera de sus denominaciones.

Eso fue hasta ahora cuando el actual Secretario de la OEA, Luis Almagro, sustituyó a Jose Miguel Insulza, igualmente con los votos de la Venezuela chavista; dado sus relaciones con Pepe Mujica, de quien había sido su embajador en China y luego su Canciller hasta el 2015. Y hasta ahora, porque en el 2014 decidió que no había compromiso político o ideológico por encima de la verdad y el deber ser; y menos, con un régimen criminal que echaba por la borda todos los ideales factibles de una izquierda democrática como alternativa para la región.


Y aún así, los gobiernos lo dejaron solo en su gallarda lucha por el verdadero depositario de cualquier propuesta política: el pueblo de una nación, los ciudadanos. Y gracias a él y su persistencia heroica en aplicar el articulo 20 de la Carta Democrática a la tiranía venezolana, hoy el llamado Grupo de Lima conformado por 12 países de la región, entre ellos Canada, Brasil y los centroamericanos con la excepción de Nicaragua y El Salvador, se han incorporado a la lucha indeclinable por el rescate de la democracia, el respeto a los Derechos Humanos, y el restablecimiento del orden constitucional en Venezuela; país que hoy sufre la mayor crisis humanitaria que haya conocido nuestro continente. País que ha sido secuestrado por un, literalmente, cartel de criminales internacionales que amenaza la estabilidad y la paz de la región, incluyendo a los aparentemente distantes centroamericanos.

Cuando se miraba a un lado el desgarrador caso de Venezuela pero fluía el petróleo y las dádivas desde el Palacio de Miraflores, la OEA y sus miembros se dedicaban a mirar crecer la yerba. Pero ha cambiado la relación de poder entre las naciones y, ahora, aquello de “con la OEA o sin la OEA, ganaremos la pelea” de un Fidel enardecido en su arrogancia, se convirtió en un “Los sacaremos con la OEA”,  como grito triunfal de un pueblo que acompañado por la historia, se dirige hacia la derrota definitiva de la tiranía.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.