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Editorial & Opinion

Construyamos patrias verdaderas

Lourdes Molina Escalante / Economista sénior Icefi @lb_esc

sábado 15, septiembre 2018 - 12:00 am

Es 1 de septiembre de 2018, sábado, 7 de la mañana, salgo de Ciudad de Guatemala hacia El Salvador, en la acera de una de las calles más concurridas logro divisar a una niña de aproximadamente diez años ofreciendo banderas guatemaltecas.

5 de septiembre, 6 de la tarde, hora pico en San Salvador, en medio de los carros una anciana que se auxilia de un bastón ofrece banderas a los automovilistas.

9 de septiembre, mi mejor amiga es hondureña, le pregunté si en su país también la venta de banderas se hace presente en este mes; la respuesta: sí, siempre hay niños vendiendo en las esquinas.

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En Centroamérica durante el mes de septiembre aflora el sentimiento patriótico, se hacen presentes los actos cívicos, los símbolos patrios, bailes folclóricos, el patriotismo llena los discursos públicos y banderas de todos los tamaños ondean en los edificios públicos o en los carros; nuestros países conmemoran su independencia.

Pero ¿realmente tenemos algo que conmemorar? Han pasado 197 años desde que Centroamérica se independizó de la Corona Española, pero parece que ese tiempo no ha sido suficiente para empezar a construir patrias verdaderamente democráticas que garantizan derechos a su población y, especialmente, a los grupos vulnerables. Por el contrario, nuestros países ponen a trabajar a los niños y niñas en lugar de garantizarles el acceso a la educación, la salud y a un medio ambiente sano; nuestros países también ponen a trabajar, hasta el último de sus días, a nuestros adultos mayores, porque las pensiones dignas son un privilegio para unos pocos, evidenciando así que nuestros países no han logrado independizarse de la pobreza, la exclusión y la desigualdad.


Mientras esa realidad nos consume la esperanza, quienes ostentan el poder parece que se empecinan en seguir destruyendo la democracia de nuestros países y defendiendo su burbuja de impunidad, ondeando la bandera de un falso patriotismo. Nuestra Centroamérica ha retrocedido demasiado en los últimos años, tanto que en la actualidad vivimos en una distopía: presidentes autoritarios y corruptos; presidentes que matan a los jóvenes que exigen sus derechos; presidentes que llegaron al cargo violando hasta la propia Constitución que dicen defender; Congresos que solo legislan para garantizarse impunidad; Asambleas Legislativas negligentes en el cumplimiento de sus obligaciones e incapaces de elegir magistrados para la principal corte del país; Congresos que legislan para negar derechos; sectores de justicia ineficientes, que abusan y revictimizan a quienes deberían defender; ejércitos corruptos, que niegan sus crímenes y que en lugar de defender naciones, defienden intereses privados y reprimen comunidades que tratan de proteger su territorio; aparatos estatales a los que se les olvida su laicidad y gobiernan utilizando el nombre de Dios en vano; todo esto claro, con la venia de las élites empresariales, que les acuerpan, so pretexto de defender el estado de derecho, la institucionalidad y el crecimiento económico, pero olvidándose del bienestar de las personas que habitan los países a los que dicen amar.

Conmemorar la independencia, no debería reducirse a conmemorar que somos países con fronteras definidas, con soberanía, que tienen sus propios símbolos patrios; en su lugar debería ser un espacio para reflexionar qué hemos hecho hasta el momento para independizarnos de la pobreza, desigualdad, ignorancia, hambre e injusticia; qué nos falta por hacer y qué compromisos asumiremos para construir patrias verdaderas, donde todos y todas gocen plenamente de sus derechos. He de ser realista, el panorama es poco alentador, pareciera que los falsos patriotas han ganado, pero en la vida de una nación ninguna victoria es absoluta. Aún podemos empezar a construir patrias verdaderas, para ello será necesario transformar muchas cosas, una de ellas la política fiscal, porque construir mejores patrias requerirá que los impuestos se recauden de manera progresiva, que la evasión sea castigada y los espacios para la elusión sean reducidos; que los presupuestos públicos sean utilizados para garantizar derechos; y, que la lucha contra la corrupción, la transparencia y la rendición de cuentas sean los mecanismos de legitimidad de las autoridades frente a la ciudadanía.




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