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Editorial & Opinion

Cortoplacismo: deporte nacional

Roberto Cañas López/Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 30, agosto 2017 - 12:00 am

El inmediatismo domina la agenda política, es el discurso de las soluciones simples: declarar estado de emergencia, aprobar medidas extra-ordinarias, comparar estadísticas de homicidios por mes o año para hacernos creer que la situación es mejor, alianzas entre diputados para definir por cuotas la elección de la Corte de Cuentas y la utilización permanente de la confrontación para ganar más votos; ésta es la realidad nacional.

Bajar en forma dramática la delincuencia, lograr que la economía crezca de manera sostenida, disminuir el desempleo, reducir la desigualdad económica, terminar con la exclusión social y combatir la pobreza para mejorar el nivel de vida de la población son cuestiones imposibles de cumplir en el corto plazo.

Deberíamos atrevernos a pensar en una nueva forma de administrar lo público y asumir que el proceso que permite a un país superar sus problemas y rezagos siempre es de largo plazo. Sin una planeación estratégica sólida, que permanezca por varios periodos de gobierno y al mismo tiempo, tenga la flexibilidad suficiente para adaptarse a los cambios, no es posible sacar adelante al país.

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Se vale soñar, con el fin de mejorar el nivel de vida de los salvadoreños, se deberían aprobar políticas de Estado que tengan continuidad en los próximos 15 años. Se trata de elaborar un plan con un horizonte de largo plazo, que garantice la continuidad en la ejecución de las políticas públicas más allá de las metas de un periodo de gobierno y de la coyuntura actual.

Todo esto requiere de la discusión y aprobación de una Ley de Planeación Estratégica, donde estén plasmados los principios y normas mediante los cuales se llevará a cabo el proceso de planeación estratégica para conseguir el desarrollo económico social del país, a fin de encauzar las actividades de la Administración Pública.


La ley de Planeación Estratégica definiría las autoridades competentes para llevar a cabo el proceso de planeación, los instrumentos y las bases para promover la participación ciudadana en los procesos de planeación de la Administración Pública.

Para empezar, sería necesario la conformación de un Consejo para la planeación estratégica, conformado por miembros del gabinete económico del Órgano Ejecutivo, representantes de los trabajadores, sector empresarial y académico.

El consejo estaría facultado para elaborar el plan estratégico de país para los próximos años; se organizaría en comisiones que se ocuparían del trabajo de diagnóstico, diseño, elaboración de políticas públicas y su implementación.

El consejo definiría los mecanismos para lograr los objetivos de país. El resultado del trabajo del consejo sería la elaboración del Plan Estratégico que sería el documento donde se identifiquen las prioridades de mediano y largo plazo para el desarrollo nacional. Allí estarán los objetivos, las estrategias y las líneas de acción que deberá implementar el Gobierno que resulte de las elecciones de 2018/2019. A su vez, el plan podría definir proyectos estratégicos y programas prioritarios, elementos necesarios para orientar la gestión por resultados y programar un verdadero Presupuesto General de la Nación, basado en la asignación de recursos a productos y resultados medibles a favor de la población.

Si el Presidente de la República y el Presidente de la Asamblea Legislativa, al final de sus periodos de gobierno quieren dejar un legado, deberían de trabajar en elaborar y aprobar una Ley de Planeación Estratégica.

La salud de la población es lo primero: El Salvador debe colocar la salud de sus habitantes en el centro de sus prioridades, y lograr que sus ciudadanos tengan una vida larga y saludable. Esto se conseguirá mediante un sistema integrador y justo, que promueva la participación y la responsabilidad social, incentive la coordinación entre los sectores público y privado, y proteja el derecho a la salud de todo ciudadano, asegurando la transparencia, el acceso oportuno y equitativo a servicios de salud de alta calidad, seguridad, sensibilidad y eficiencia.

El Salvador requiere de una educación que logre los mejores resultados posibles, que transforme la calidad de vida de los ciudadanos. Para ello, el punto de partida debe ser un modelo con cinco ejes estratégicos para analizar los retos de la educación hacia una visión. Los ejes son: cobertura, equidad, calidad, pertinencia, y eficiencia.

Para superar el cortoplacismo deberíamos empezar por prepararnos para la cuarta revolución industrial, eliminando profesiones obsoletas en las universidades y creando otras más cercanas a las nuevas necesidades del país, como biotecnología, nanotecnología, inteligencia artificial y robótica, telecomunicaciones, neurociencias, sistemas computacionales, que son los campos más asociados a la generación de empleos en el futuro, hay que incorporarse a la nueva economía digital dando, especialmente a los jóvenes, las herramientas cognitivas para este nuevo mundo marcado por el desarrollo de la ciencia y de la tecnología.




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