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Editorial & Opinion

¿Cuándo el humo blanco?

Sábado 19, Septiembre 2015 - 12:00 am

No los días, sino que las semanas pasan sin que la Asamblea Legislativa elija los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, con el agravante de que se aproximan la elección del Fiscal General de la República y de los concejales del Consejo Nacional de la Judicatura. En tiempos de los gobiernos militares, para este tipo de elecciones secundaria y otras llegaban órdenes fulminantes desde Casa Presidencial, los “chivos” sumisos de entonces (diputados)  agachaban la cabeza y los nombramientos de tipo “express” seguían.

De ahí surgió una tradición nefasta que al asegurar nombramientos “de dedo” de magistrados y otros funcionarios propició  la corrupción de la justicia y por ende de la administración pública. Aunque con algunas variantes, el espíritu de esa costumbre se mantuvo durante muchos gobiernos, no fue sino que a partir de 2009 en negociaciones, no imposiciones, realizadas en Casa Presidencial durante el primer gobierno del FMLN y en las que participó ARENA, se logró concertar el nombramiento de un presidente de la CSJ que justamente resultó capaz e independiente, lo mismo que el nombramiento de tres magistrados de la Sala de lo Constitucional impulsados por el FMLN, que también resultaron capaces e independientes.

Ese perfil comenzó a disgustar al gobierno, sobre todo cuando hubo sentencias de la Sala de lo Constitucional que prohibieron que fondos sobrantes del presupuesto nacional pasasen a la Presidencia y desde allí se gestaron maniobras para  neutralizar dicha Sala, pero afortunadamente la presión  de la ciudadanía lo impidió. Después vinieron nombramientos de dos presidentes de la CSJ que al final fueron declarados inconstitucionales, hasta que por consenso se llegó a la situación actual.

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Las cúpulas de ARENA y del FMLN deben reconocer que para que en realidad funcione el Estado de Derecho y en consecuencia haya armonía social y progreso, el órgano judicial tiene que estar compuesto de funcionarios honestos, capaces e independientes. Es de naturaleza humana buscar salidas fáciles, según nuestra voluntad, sobre todo cuando se detenta el poder; pero estas condiciones solamente favorecen, a corto plazo, a minorías privilegiadas y crean a mediano y largo plazo el caos en el comportamiento de la sociedad en general, desembocando en la desobediencia civil, la violencia, la corrupción y el desprestigio internacional.

Acabamos  de echar  a andar el segundo Fomilenio, el cual es administrado en forma independiente y bajo rigurosos reglamentos, y en el que uno de sus subprogramas se refiere a mejorar el clima de inversión, pero esto último no se puede lograr con un órgano judicial supeditado a estructuras partidarias. Observadores internacionales han comentado con agrado el desempeño independiente de la actual Sala de lo Constitucional; creo que los salvadoreños que no estamos influenciados por fanatismos políticos estamos conscientes de ello. No es que consideremos super hombres a los magistrados de esa Sala, podría ser que no estemos de acuerdo con algunas de sus sentencias, pero si sabemos que son honestos e independientes es más fácil que las acatemos, eso se llama respeto a la institucionalidad.

Actualmente existe un gran debate en nuestra sociedad sobre la conveniencia o no de una CICIG en El Salvador; creo que si logramos terminar de estructurar la CSJ con funcionarios que respondan a la sociedad y no a los partidos políticos que los nombran esperando sumisión o compromiso, habremos dado un importante paso y no será necesaria la CICIG. De otra manera, ya Guatemala dio el ejemplo cuando la institucionalidad no funciona. Definitivamente, para la buena marcha de los gobiernos es necesario que dejemos que la justicia sea igual para todos, justa e independiente. No desperdiciemos esta oportunidad.




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