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Editorial & Opinion

Cuba y su club de fans

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

Miércoles 13, Septiembre 2017 - 12:00 am

Me parece casi enfermizo, un tipo de tara o alguna enfermedad psicológica que haya gente que a estas alturas de la historia todavía defienda con fervor casi patrio, al régimen cubano. Ya no sé si me enferma o me da risa.

Demasiada agua ha pasado bajo el puente para que ese club de fans desvelados, que por cierto vive en países capitalistas, con regímenes neoliberales, es decir, aman a Cuba…pero desde lejos, no se hayan dado cuenta que ese engranaje económico es una burla. No sirve, o al menos, sirve para muy poco, para lo básico, para que no se hunda el barco, uno que ya está averiado y haciendo agua de hace ratos. Como el Costa Concordia.

¿Por qué alardean del sistema cubano si es un sistema malísimo? Esa es la pregunta que me surgió intempestivamente y a los que me leen quiero darles mi punto de vista.

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Ese sistema es tan malo, que nadie en el mundo quiere copiarlo. Ningún gobierno del mundo lo estudia para adoptarlo y adaptarlo. Tratan de copiar el sistema chileno, el sueco, el gringo, el chino, el de los tigres asiáticos, o hacer un híbrido de todos ellos, pero nunca el cubano.

Si, es cierto, Latinoamérica es un desastre y no puede negarse que en muchas cosas el régimen cubano supera a las partidocracias cleptómanas, semidictatoriales, arbitrarias que existen en este subcontinente siempre decepcionante, pero tampoco ello implica que por eso sea la estrella polar a seguir. ¡Para nada!


Cuba para los cubanos, nadie más quiere ese régimen en sus países. Ni siquiera los que andan con la boinita verde y los símbolos soviéticos, o con la camisa del exguerrillero Che Guevara. Esta gentecita va a comer a McDonald’s y usan corbatas Trump.

Si eso les parece poco, tienen que saber que ese sistema no es materia de estudio en Ciencias económicas, ni mucho menos en Administración de empresas. ¡Jamás! Ya me imagino una materia en algunas de esas carreras: “El sistema cubano como clave del desarrollo”. Ja, ja y ja.

No es algo que valga la pena ser estudiado. Tal vez en sociología o en psiquiatría.

Pero déjenme decirles algo más de ese sistema fracasado que ha tenido que abrirse a la libre empresa: no ha parido un tan solo premio Nobel de economía. Simplemente porque nadie va a premiar a ideólogos de una política económica fracasada. Es más, en una conferencia del antineoliberal premio Nobel, Joseh Stiglitz, éste les dijo en pocas palabras: su sistema de estatización está hundiendo la isla.

Miren al desquiciado del finado Hugo Chávez, el único que quiso implementarlo en su país y observen espantados la catástrofe que ocasionó en un país tan rico. Ahora ya sabemos que allí en Venezuela cambiaron un sistema político corrupto, por un sistema empobrecedor, pero igualmente corrupto o incluso aún más podrido en corrupción según la información que la exfiscal, Luisa Ortega, anda en su maletín.

Los grandes logros de los que se llenan la boca el club de fanáticos anacrónicos del régimen cubano, es decir, educación, deporte, medicina, alfabetización, se han logrado en otros países sin tener que someter a su gente a un régimen casi tiránico donde la gente tiene miedo hasta de hablar o está ya fatalmente ideologizada. O sea, no se necesita ser Cuba para alcanzar esas cosas.

¿Por qué no hablan de Suecia, Suiza, Bélgica, Holanda? ¿O por qué no hablan de las maravillas que han hecho la libertad de empresas, la innovación, la promoción de la competencia en China comunista? Se ciegan, no leen, o leen al revés. Realmente han quedado encallados en el tiempo.

Lo que confirma más la rareza que hay en la base del cerebro de aquellos que adoran de forma enfermiza Cuba, es el hecho de que no se van para allá, no se van a vivir allá. Al contrario, viven en países en los que pasan quejándose de las injusticias, corrupción, etc.

¡Que les vaya bien! ¡Largo!

Eso sí, bien que les gusta visitar, vestir, consumir cosas que produce el sistema al que tantas patadas le dan.

Hay que ser íntegros, completar el pensamiento con el dicho y con las acciones.

¿Integridad, señores zurdos? ¿Les suena?




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