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Editorial & Opinion

De la década perdida, al país perdido

Selim Rodríguez / Colaborador

sábado 22, julio 2017 - 12:00 am

Roberto Green, decía: “La verdadera civilización es aquella en la que todo el mundo da a todos los demás todos los derechos que reclama para sí mismo”. Y entre esos derechos está la justicia. Esto contrasta con el doble estándar de quienes nos gobiernan. Ya que olvidan que: Si la justicia existe tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justicia. Así se evidencia en ese disparate jurídico en modificar la Ley de Extinción de Dominio, así como bolsear a los cotizantes cientos de millones de sus ahorros previsionales. Y es que no es casualidad, ya que el asco está siempre cerca del deseo desmedido de poseer muchas cosas, especialmente las riquezas (mal habidas).

Esto evidencia aún más la ausencia total de principios y valores éticos en la administración pública que sigue empobreciendo a la sociedad ávida de soluciones a sus demandas socioeconómicas. Chabacán el actuar político en una época en que la corrupción es una epidemia global y que mina el desarrollo de la sociedad. Ya que el tiempo una vez más se ve degollado en hechos que solo buscan proteger y/o evadir delitos, acciones y omisiones penadas por la ley.

Cada quien podrá tener su opinión sobre dicha ley; sin embargo, dicho proceder inunda de embustes que toman como supuestos hechos no juzgados dicen los impulsadores que no pueden negar una realidad con pruebas tan tangibles que aumentan el catálogo de impunidad nacional. Basta de tapar a administraciones de ayer y hoy, cuyas acciones delictivas son responsables de la delincuencia, pésima educación, faltantes, déficits, desempleo, crisis de salud, etc.

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Mientras las sociedades civilizadas en su actuar acuerdan transparentar, se consolidan a escala mundial, el factor de la impunidad institucional se presenta como una las causas más graves para las naciones y es un mal que asfixia el desarrollo económico y social. Como prorrogar y defender el uso de combustibles con alto contenido de azufre que empeorará el cuadro clínico nacional.

Es vital que los lectores sepan que el aumento de precipitaciones ácidas generadas como el bióxido de azufre, óxidos de nitrógeno provocados por el alto consumo de combustibles altos en dicho elemento, dañan más el sistema inmunológico de la población. A juicio de la ciencia muchos tipos de cáncer entre ellos el de pulmón. Tanto las autoridades de economía y salud olvidan que un tan solo automotor, contribuye a que la carga de cadmio, plomo, níquel, zinc, etc. genera la muerte de tres árboles y a futuro dañará 30 más.


Sumado a esto, la población debe saber que día a día, nuestros  pulmones filtran 15 kilos de aire y con ello monóxido de carbono, óxido de nitrógeno, dióxido de azufre, etc. Todos letales para nuestra vida. Aun así continúa la importación de diésel con tan altos niveles de azufre, etc. Titulares de salud, economía y educación: Parte de la curación está en la voluntad  de actuar seriamente y no por pura politiquería. No es con “recetas” alimenticias que son distractores de la gravedad en materia de salud y educación pública, difícilmente se podrá atacar dicho mal.

Los hospitales deben ser similares a un templo, por la serenidad a impartir pero hoy día, el olor de la desesperación infesta las salas y pasillos. Todo lo anterior es tan preocupante como la misma hipertensión. Tensión como la intención, nuevamente de silenciar las libertades de expresión en leyes cuya patente son propias de regímenes demenciales, antidemocráticos y agonizantes como el venezolano que producen sociedades divididas, economías fracturadas e instituciones ahorcadas. Coaccionar la libertad de expresión manifiesta el temor hacia la Auditoría Ciudadana, de un cártel político cuyos intereses se ven afectados por su no ético desempeño. Bien dijo Alberto Nisman: “Esté o no esté, las pruebas están”.




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