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Editorial & Opinion

Delincuentes reincidentes

Jaime Ulises Marinero/Periodista

lunes 5, diciembre 2016 - 12:00 am

OPINION

Oscar Enrique Cortez Lemus fue detenido el 29 de junio de 2012 en la Colonia Bosques del Río, de Soyapango, junto a otros once pandilleros de la mara 18, acusados de al menos 12 homicidios cometidos entre 2010 y 2012. Sin embargo, en el juicio, la Fiscalía no pudo probar los delitos contra todos los imputados porque presentó un testigo criteriado que mintió adrede para favorecer a sus compinches, por lo que algunos tuvieron que ser liberados.

Cortez, ahora de 31 años, fue recapturado en flagrancia el pasado 29 de noviembre en la Colonia Bosques de Prusia, de Soyapango, junto a Billy Antonio López Campos, de 19 años, ambos acusados de extorsión agravada en perjuicio de un comerciante a quien le exigían $20,000 a cambio de no atentar contra su negocio ni contra su vida o la de sus parientes y empleados.

En la audiencia inicial celebrada en un juzgado de paz de Soyapango, la semana pasada, la Fiscalía presentó fotografías y otras pruebas que aportaron elementos mínimos para creer que ambos pandilleros son responsables de la extorsión agravada, por lo que fueron enviados a la fase de instrucción con detención provisional.

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Los dos negaron ser pandilleros, pero al final de la audiencia solicitaron ser trasladados al centro penal de Izalco, precisamente donde guardan prisión los mareros de la 18. Mientras se realizaba la audiencia afuera del centro judicial, los parientes de los procesados realizaban oraciones y juraban que los imputados eran inocentes.

Llama la atención el caso de Cortez Lemus, un delincuente reincidente que, según la Policía, está involucrado en muchos otros casos de extorsión. Un oficial investigador me aseguró que dicho reo si participó en algunos de los doce homicidios que se le atribuyeron en 2012, pero que la mala dirección investigativa de la Fiscalía permitió que fuera liberado. Ahora ya no puede ser acusado por esas muertes porque es inconstitucional perseguir dos veces a una persona por el mismo delito.


A raíz de este caso, Marvin Portan, un destacado psicólogo, me decía que la reincidencia delincuencial es una práctica de quien se considera sin alternativas o ajeno a la aplicación de la ley en su contra, es decir, inmune e impune. En este caso específico es obvio que Cortez Lemus es reincidente porque se consideraba impune y con derecho de seguir sembrando el terror a base de la maldad.

En el contexto de las pandillas salvadoreñas, aunque no hay cifras oficiales, se estima que el 95 por ciento de los pandilleros que cometen un delito y son procesados, vuelven a delinquir apenas recuperan su libertad o estando convictos. Incluso cometen delitos de mayor gravedad, pues en su encarcelamiento acumulan odio, experiencias y conocimientos siniestros, además de perfeccionar su ideal de delincuente. La vox populi tiene razón cuando afirma que los centros penales son universidades para los delincuentes.

Que un delincuente sea reincidente es producto de mil factores y es fácil culpar a unos más que a otros, pero es un problema tan complejo de entender que tiene miles de interpretaciones bajo cualquier plano social. No es la lógica humana ni social delinquir, pagar con prisión y recuperar la libertad para seguir delinquiendo y volver a caer preso. Si no veamos el caso de los países desarrollados donde el delincuente convicto recibe un proceso de reinserción efectivo y cuando recupera su libertad casi que se convierte en un ciudadano modelo. Desde luego hay que salvar las distancias entre la realidad de esos países y el nuestro, no obstante hay que aceptar que la sociedad y el sistema judicial del país está fallando.

Al país no le vendría mal una ley que agrave todo delito cometido por delincuente reincidente independientemente del ilícito que cometa, pero más que eso se requiere un sistema judicial más funcionable. La Fiscalía investigando más a profundidad, la PNC ejecutando la represión del crimen, los jueces aplicando las leyes y el Ejecutivo ordenando el sistema carcelario.  Algunos teóricos hablarán de un problema estructural con múltiples aristas como la pobreza, la desintegración familiar, la marginación  social, la globalización, la corrupción, la concentración de la riqueza, etc. Sin embargo, el problema es real y latente y requiere medidas urgentes. Hay que combatir la reincidencia delincuencial.




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