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Editorial & Opinion

Derechos Humanos de la ONU

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 22, noviembre 2017 - 12:00 am

Ni son tan humanos ni van tan derechos… así creo que se define la cruzada de la Organización de Naciones Unidas en favor del aborto y del mal llamado matrimonio igualitario, dos aspectos que no solo riñen con el derecho Constitucional de nuestro país sino que dañan enteramente los aspectos humanitarios básicos como es la familia.

La ONU, organismo al que nuestro país está adscrito desde 1945 en su carta constitutiva en el artículo 1 numeral 2 establece que reconoce “la libre determinación de los pueblos” y en el artículo 2 numeral 7 dice que “ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados, ni obligará; a los Miembros a someter dichos asuntos a procedimientos de arreglo conforme a la presente Carta”.

Entonces ¿de dónde proviene el trabajo permanente de presión y obligación que quiere imponer a nuestro país en el caso del aborto y sus penalizaciones, cuyo origen está a la base de la Constitución de la República , máxima ley y ley primaria para los salvadoreños?

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Me parece ofensivo y horroroso que el alto representante de los derechos humanos de la ONU venga a nuestro país a hablar de justicia, de derechos humanos y pretenda a la vez sobrepasar los derechos que nuestra carta magna a conciencia de nuestra sociedad y de nuestros valores, le ha entregado al no nacido, quien es persona y ciudadano desde el momento de la concepción y al cual el Estado según la Constitución debe garantizarle la vida, la salud y el bienestar de una familia.

La ONU como asociación de estados no puede ni debe rebasar la línea de ese vivir interno de sus países miembros porque no tiene ese derecho, nadie lo nombró policía del mundo ni educador del mundo, la ONU es una instancia intermediadora en la que los estados miembros pueden apoyarse para tener un horizonte común de bienestar pero no puede dictarle la vida a los países según su visión del mundo, no creo que esa sea su función. De ser así, El Salvador debería considerar su retiro inmediato de dicha organización o por lo menos objetar su forma de dirigirse en el país ya que el mismo presidente Salvador Sánchez Cerén ha dicho públicamente (contrario a su partido)  que no apoya el aborto, entonces no puede permitir que en sus narices cualquier funcionario venga con traje de todopoderoso a decirnos cómo vivir y qué derechos son los que debemos respetar, así lo dicen cuando de EEUU se trata.


El Salvador es y a mucho orgullo un país pro vida, que constitucionalmente promueve la vida, pero desgraciadamente ha sido llevado después de los acuerdos de paz por las rutas que la ONU, la OEA y otros países “amigos” nos han dictado y ya ven dónde estamos, por eso creo conveniente determinarnos como lo que somos: pro vida, un país con religión Cristiana y una República Democrática.

Los derechos humanos que promueve la ONU son demoledores para nuestros principios porque se basan en la doble moral. Por un lado piden justicia por los jesuitas, por los muertos de la guerra, por los mareros maltratados, por las ejecuciones extrajudiciales lo cual es correcto,  pero vienen a promover la muerte de inocentes no nacidos, promueven el matrimonio homosexual y quieren que nosotros cambiemos nuestra Constitución  y nuestras leyes secundarias y nuestra forma de vida, para estar al tono de su agenda, la cual está dañando al mundo y ha construido el negocio genocida más grande de la historia, además el Alto Comisionado viene mintiendo y aseverando sobre casos que no son ciertos, simplemente escuchando lo que quiere oír para fundamentar sus expectativas y seguir presionando, no se vale.

La ONU es un organismo importante, pero se está convirtiendo en la agenda de intereses oscuros, he ahí la razón por la cual Estados Unidos cuestiona y desaprueba a la UNESCO, razón por la que el Vaticano ya no aporta recursos a UNICEF y eso debe darnos fuerza y argumento para también ser críticos y dueños de nuestro derecho a ser lo que queramos ser, no puede un Alto o Bajo Comisionado venir a decirnos lo que hay que hacer, nosotros lo sabemos, debemos cumplir nuestra Constitución, respetar nuestra ley y amar nuestro país para convertirlo en la tierra próspera y segura que queremos, pero no es a juicio de extranjeros sino a juicio de los salvadoreños , los que durante los últimos 50 años hemos regado los campos con sangre, sudor y llanto profundo.

Por ahora seguimos siendo pobres, pequeños en territorio y quizá aún muy poco educados respecto al mundo que quiere la ONU pero nos queda dignidad, nos queda amor por la familia por nuestros hijos y nos queda todavía el orgullo de decir esta es nuestra patria y viviremos en ella como Dios manda.




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