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Editorial & Opinion

Desafíos y oportunidades legislativas

Lourdes Molina Escalante / Economista sénior Icefi @lb_esc

viernes 4, mayo 2018 - 12:00 am

En democracias consolidadas, la ciudadanía tiene certeza de las agendas de sus representantes en el Órgano Legislativo. En El Salvador, para las pasadas elecciones, únicamente dos de los ocho partidos en contienda presentaron una plataforma legislativa, y en ambos casos las plataformas distaban mucho de ser completas e integrales y se limitaban a un manifiesto de buenas intenciones. Aun así, el pasado 1 de mayo, 25 ciudadanas y 59 ciudadanos, asumieron sus funciones como diputadas y diputados de la Asamblea Legislativa. Durante los próximos tres años, estas 84 personas deberán cumplir con el mandato constitucional de representar al pueblo entero y en función de ello aprobar o rechazar los proyectos de ley, decretos, acuerdos o resoluciones.

Es muy difícil tener confianza en que los diputadas y diputados juramentados cumplirán con esa misión, dos terceras partes de las curules serán ocupadas por personas reelectas en el cargo, cuyo desempeño en el pasado ha sido menos que satisfactorio; el tercio restante, debería representar la renovación del legislativo, pero hasta la fecha no han dado indicios de serlo. Es probable que más de algún diputado o diputada logre dar la talla, pero en conjunto, no hay evidencia que permita ser optimistas respecto al futuro desempeño legislativo.

Uno de los desafíos más grandes que deberá enfrentar la nueva legislatura se refiere a la transparencia y rendición de cuentas. El órgano legislativo históricamente se ha caracterizado por la falta de ellas y pareciera ser que existe una inercia por continuar con esa tradición, basta con ver la negociación para conformar la junta directiva o la designación de las jefaturas de bancada, entre las que se encuentra un diputado investigado por probidad y acusado de acoso sexual. Ojalá esto solo sea una salida en falso y a medida que avance el tiempo los y las diputadas apuesten por la transparencia como mecanismo de legitimidad frente a la ciudadanía.

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En materia social, el órgano legislativo tiene la oportunidad de que la garantía a los derechos humanos, sea el principio rector de su trabajo. En este contexto la discusión de las propuestas de la despenalización del aborto bajo ciertas causales debería ser un primer paso; la discusión de estas iniciativas puede servir de ejemplo para debatir leyes con base en el respeto de la laicidad del Estado y la evaluación de argumentos técnicos y científicos, en lugar de la mediocridad e hipocresía moral que hasta la fecha han sido las protagonistas de ésta y otras discusiones de la vida pública salvadoreña. Otra de las oportunidades para la nueva legislatura es el reconocimiento del derecho a la alimentación y la ya postergada aprobación de una ley de seguridad alimentaria y nutricional.

En materia ambiental, también existe la oportunidad de atender la urgente e impostergable discusión y aprobación de una ley general de aguas, que, en primer lugar, garantice el derecho humano al agua y que, además, promueva la gestión integral de dicho recurso.


Finalmente, el ámbito fiscal, también representa un desafío para que los padres y madres de la patria, empiecen a cumplir con su función y construyan una política fiscal al servicio de las personas y no de las variables económicas; para ello será necesario que abandonen las prácticas de aprobar leyes que, con nombres rimbombantes, otorgan privilegios fiscales injustificados o incrementen la regresividad del sistema tributario. Además, esta legislatura tendrá tres oportunidades concretas para discutir, con transparencia y participación ciudadana, una de las leyes más importantes del país: la Ley del presupuesto general de la Nación; para que, en los próximos tres años, El Salvador tenga un presupuesto público para la garantía de derechos de su población y cuente con los recursos necesarios para el que el resto de leyes aprobadas no queden en el papel y puedan aplicarse efectivamente.

Los retos que la legislatura 2018-2021 deberá enfrentar no son pocos, ni fáciles; pero tres años representan suficientes oportunidades para empezar a legislar por un El Salvador diferente. Ojalá nuestras diputados y diputadas estén a la altura de los desafíos.




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