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Editorial & Opinion

Desprotegidos: Quezalapa, a merced de los delincuentes

Jaime Marinero / Periodista

Martes 18, Julio 2017 - 12:00 am

Quezalapa es un cantón de Panchimalco, limítrofe con Rosario de Mora, donde las pandillas MS y 18 han hecho su santuario, casi su territorio liberado. Los pobladores y hasta las mismas autoridades de Seguridad reconocen que ahí las pandillas hacen de las suyas a la hora y el modo que se les antoja. Los terroristas se pasean armados, atemorizan a la población y matan a los vecinos por cualquier motivo fútil.Los pobladores han tenido que aprender a vivir aislados, con el miedo y el dolor de ver morir a los suyos. Los asesinatos se han convertido en algo cotidiano.

Desde 2011 hasta la semana pasada por lo menos 15personas han sido asesinadas (nueve de ellas en los últimos dos años) en Quezalapa y todos los homicidios han sido atribuidos a pandilleros. A esas 15 víctimas civiles se le agregan cinco pandilleros muertos, este 2017, tras enfrentarse a patrullas policiales y militares. En total, son 20 muertes violentas las que ha sufrido este cantón, de menos de dos mil pobladores, en los últimos seis años.

La más reciente de las víctimas era María Isabel García de Melara, de 37 años de edad, a quien asesinaron a balazos dos delincuentes que antes le robaron diez dólares. El crimen ocurrió en la calle principal del caserío Los Melara del cantón Quezalapa de Panchimalco,  la mañana  del martes pasado, cuando la mujer se dirigía a trabajar. La hipótesis de la Policía Nacional Civil indica que a la víctima la mataron pandilleros que durante la noche y la madrugada suelen establecer puntos de asalto en la zona.

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La mujer, esposa y madre de familia, fue asesinada a menos de 100 metros de donde en abril del año pasado fue asesinado José Enrique Melara Vázquez, un joven de 16 años, estudiante de bachillerato que fue atacado a pocos metros de su vivienda y frente a su madre. A Melara lo atacaron cerca de diez pandilleros, tras robarle sus pertenencias. En aquel momento también se culpó a pandilleros que establecen puntos de asalto en el sector.

Apenas a finales de febrero pasado Jorge Santos Campos, de 31 años, había salido a la calle a esperar a su mujer  Mercedes Ramírez Sánchez, de 40, que regresaba de trabajar.  Cuando  caminaban hacia su vivienda en el cantón Quezalapa, fueron atacados a balazos y ambos murieron. La Policía aseguró que la muerte de ambos fue porque cruzaban un sendero controlado por pandilleros.


El 7 de mayo recién pasado, Ernesto Vásquez Ventura, de 33 años, se dedicaba a buscar leña en una finca de Quezalapa, cuando fue interceptado por pandilleros que lo acribillaron. Su cadáver fue encontrado por vecinos y la Policía sostuvo que los autores del crimen eran pandilleros que merodeaban la zona fuertemente armados.

El 30 de junio anterior las autoridades encontraron el cadáver de una mujer decapitada, enterrada en una fosa clandestina en Quezalapa. La mujer no identificada aparentemente fue llevada viva hasta el lugar y tras ser ultrajada fue asesinada con lujo de barbarie.

El 9 de junio de 2015, Marcelo de la Cruz Vázquez Carrillo y Víctor Rafael Carrillo Aranzamendi, siempre en Quezalapa, murieron a  balazos en un confuso hecho en el que participaron pandilleros.

El 16 de enero de 2015 Gerson Aldair Ortiz Vásquez, de 22 años, se dedicaba a vender pan francés en el cantón Quezalapa, cuando fue atacado por tres pandilleros que ya fueron condenados. Al joven lo mataron con machetes y disparos porque se negó a entregarles sus pertenencias.

Los asesinatos en Quezalapa no son nada nuevo. En abril de 2011, pandilleros apoyados por un soldado, mataron a seis hombres en un mismo hecho. En esa ocasión, los asesinados fueron cinco obreros identificados como Francisco Barrera López, de 60 años; Oscar Barrera Medina, de 40; Pablo Vásquez Ramírez, de 39; Aurelio Ortiz, de 45; Marlon Ortiz Vásquez, de 14; y Roberto Martínez, de 41.

Es tanto el miedo de los vecinos de este cantón, agobiado por la delincuencia pandilleril, que muchas familias han decidido abandonar el lugar y otras por pura necesidad se han quedado a la espera de que cambie su suerte. Quezalapa llora a sus muertos y clama por seguridad. Tal vez algún precandidato presidencial se fija en ellos y les ofrece seguridad.




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