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Editorial & Opinion

Dime de que presumes…

Selim Rodríguez / Colaborador

viernes 7, septiembre 2018 - 12:00 am

Cierto  candidato no ha entendido -quizás por su falta de educación- que la tierra gira alrededor  del sol, no de él. A meses de la elección presidencial  resulta no sorprendente sino que trasciende lo absurdo ver y oír a la opción celeste-naranja que “aspira” a la máxima magistratura presentarse ante la opinión pública como la mejor “opción” que requiere el país, según recientes encuestas. Es de aclarar que el “liderazgo se basa esencialmente en influencia, nada más y nada menos”.  ¿Pero qué tipo de influencia es la que necesita El Salvador? en un momento en el que las sociedades avanzan en todas las áreas: ciencias, transparencia, tecnología, etc.

A mi juicio, la honestidad es la mejor influencia, y si se trata del citado personaje transpira aún más la duda sobre la capacidad de él para administrar la nación. No se puede servir de forma digna si ésta no es de forma transparente. Quién no es franco consigo mismo ¿cómo pretenderá serlo en la gestión pública, social y económica desde el nivel local hasta el global?

Hoy día, quien actúa de cara a la auditoría ciudadana alcanza para la colectividad seguridad no solo física, sino que jurídica: base elemental en un Estado de Derecho libre, democrático y participativo que se sostiene en la Constitución y no en las redes sociales como creen algunos, cuya actitud es presentarse como víctimas sociales con delirios de paranoia subliminal. Por consiguiente: dime de qué presumes y te diré de qué careces.

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De ahí que ser honesto irrita a la fórmula ¿naranja-celeste o al revés? (como sea) no les resulta grave sino más bien confirma aún más sus codicias grupales. Basta ver el atraso en la elección de la Sala de lo Constitucional, así como el resistirse a aprobar reformas para el Combate al Lavado de Dinero y Narcotráfico. En el que el FMLN-GANA padrinos políticos los primeros y vehículo los segundos, Nayib Bukele y Félix Ulloa correrán en febrero 2019, impiden que la sociedad cuente con una elección de magistrados éticos y leyes factibles para el futuro de esta nación. Si bien, para el votante es válido soñar con un país en el que pueda trazar sus sueños pero en libertad. Pero debe estar atento y despierto en el actuar de quien quiera mal administrar lejos de la mano transparencia y ética los bienes de los demás. Estimado lector, es necesario que tenga conciencia que el progreso  solo es posible a través del esfuerzo honesto, equilibrado y paciente.

Nada es fácil en la vida, pero quien adopte otra filosofía en su diario vivir, está condenado a un futuro vacío. En este sentido es preciso señalar que toda fórmula presidencial actual requiere directores de proyectos, aptos tanto moral como de forma intelectual, ya que si de lidiar con dificultades y demandas se habla; la manera más razonable es decirnos cómo lo harán y no mediante tuits . Y es que somos testigos de cómo la triada demencial: fanatismo, demagogia y el odio se han fusionado con el fin de atacar a todo aquel que cuestione la falta de capacidad de esos candidatos representados en la dupla toxica: Nuevas Ideas-Gana que creyendo ser el nuevo cambio en sus intenciones especialmente en relación a las libertades. No son más que mezquindades y complejos disfrazados de proyecto político cuyo fin es dividir aun más la ya dañada sociedad salvadoreña.


La concordia social no se construye con odios de clase. Y es que la historia nos da la razón, basta ver el caso de Lula da Silva , procesado por sobornos quien de forma cínica sostiene que “Si el crimen que cometió fue llevar educación y comida para los pobres, quiere seguir siendo criminal en ese país”.

Lo de siempre: argumentos efímeros como el candidato de humo que al ser cuestionado lanza golpes bajos y decide victimizarse. Señales del  conocido discurso vengativo. Pero hay algo aún más grave: la aceptación de un sector del populo a personajes como el citado, que terminan apoyando  dicho proceder con el hecho de: “roban y luchan por los pobres”. Apoyar estos proyectos es una especie de síndrome de Estocolmo, pero a cambio de un canje: juegos mecánicos, películas, etc. Todo a cambio de tapar la corrupción: Contratos cuestionados, gastos no revelados, nepotismo, etc.  Alguien que se jacte de ser honesto y pretenda gobernar una nación no opera así.

Estimado lector, recuerde: Antes de apoyar y/o elegir, a alguien, vea su hoja de vida: formación, qué sabe hacer  y qué hizo en la gestión pública, no solo  porque le cae bien  o peor aun porque tiene miles de seguidores . El número de seguidores no hace una persona honesta o íntegra. “Adolf Hitler tenía millones de seguidores y veamos  el horror al que llevó al mundo…”




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