Cerrar [X]

Editorial & Opinion

El desafío de las elecciones 2018

Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional / Autor: Eduardo A. Urquilla B.

viernes 18, agosto 2017 - 12:00 am

Para justificar la integración de los Tribunales Electorales de Guatemala y El Salvador durante los Acuerdos de Paz, un politólogo explicaba las diferentes posiciones de la clase política de la siguiente manera: en Guatemala dijeron, “si nosotros hemos sido actores principales para la desconfianza pública de los resultados electorales, no debemos ser jueces electorales”; en El Salvador, todo lo contrario, “para evitar el fraude, es mejor que seamos autoridad electoral, así habrá confianza de los resultados”. Dicho sea de paso, durante la entrevista que tuve con el diputado efemelenista Jorge Schafik Hándal Hándal (2004), -previa a la elección de Magistrados del TSE-, éste reconocería lo equivocado de la tesis salvadoreña.

Consecuencia del razonamiento salvadoreño, se dio la reforma constitucional (1991) sobre la composición mayoritariamente partidaria del Tribunal Supremo Electoral, TSE, (art. 208 Cn), y totalmente partidaria de los Organismos Electorales Temporales, OET, (art. 209 Cn), constituida por las Juntas Electorales Departamentales, JED; Municipales, JEM; y Receptoras de Votos, JRV.

Afortunadamente, la interpretación constitucional de los referidos artículos cambió de forma favorable para aspirar a una administración electoral más independiente. Respecto al TSE, la actual Sala de lo Constitucional manifestó que la finalidad histórica de los redactores de la reforma constitucional del art. 208 Cn., es incompatible “con la norma que establece que todo titular de potestad jurisdiccional debe ser independiente –esto es, como mínimo, no afiliado a un partido político-”, (Inconstitucionalidad 18-2014). Sobre los OET, la misma Sala expresó -después de los sucesos lamentables del escrutinio de las elecciones 2015-, que la norma del art. 209 Cn. no habilita para una integración con miembros de los partidos políticos, “dado que entre sus deberes está el garantizar la transparencia, igualdad y veracidad del proceso eleccionario”, y ordenó una reforma electoral para garantizar “el proceso de ciudadanización de los organismos electorales temporales”, (Inconstitucionalidad 139-2013).

publicidad

No hay duda de que la JRV –integrada por cinco miembros propietarios y cinco suplentes-, es el organismo más importante durante el evento electoral, por las responsabilidades atribuidas legalmente. Con un máximo de 600 papeletas en mesa, le compete realizar “el escrutinio preliminar, voto por voto, … y consigna el resultado en el acta correspondiente”. Es decir, garantiza el respeto de la voluntad popular, calificando los votos nulos, blancos (sin marca), impugnados, y válidos. De estos últimos, en una ardua labor deberá contabilizar votos enteros, fraccionados, y marcas preferentes a favor de los candidatos a diputados.

Dicho esto, y para dar respuesta a más de cinco millones de electores, el TSE ha planificado más de 9400 JRV para las elecciones del 2018, cuyos miembros por primera vez no tendrán afiliación partidaria, pero serán propuestos por los partidos políticos y candidatos no partidarios contendientes. Únicamente ante el incumplimiento de propuestas, el TSE será el responsable de completar la integración por un sorteo entre los ciudadanos inscritos del padrón electoral. Además, debe esperarse que las ausencias -de propietarios y suplentes- el propio día D, sean sustituidas con personal previamente capacitado.


Resulta evidente que el nuevo marco legal de las JRV, representa una evolución positiva en la dimensión de la administración electoral. Ahora bien, el día de las elecciones uno de los retos será integrar todas las JRV, lo cual supone dos aspectos esenciales: a) una eficiente capacitación a más de 95,000 ciudadanos, que deberán conocer -en teoría y práctica-, sus actividades y funciones, especialmente los pasos del escrutinio; y b) concientizar a esos ciudadanos de que su labor cívica, es una contribución invaluable para la construcción de una sociedad más democrática. No son multas las que motivan la participación. Sobre el tema de la capacitación, es importante reconocer la cooperación del PNUD, que con su programa de apoyo al TSE neutralizará en parte los impactos negativos originados del recorte presupuestario a la autoridad electoral.

Es de sobra conocido que las pasadas elecciones estuvieron marcadas de graves y tristes acontecimientos, principalmente derivados del conteo de votos en las JRV. La mayoría de los sectores sociales está en vilo, pues como planteaba el filósofo Karl Marx, la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como farsa. ¿Las elecciones del 2018 pueden ser una tragedia?




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.