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Editorial & Opinion

El periodismo es una pasión con mucha responsabilidad

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 31, julio 2018 - 12:00 am

El periodismo es emocionante e interesante. Es una pasión con mucha responsabilidad que quienes lo ejercemos debemos hacerlo con orgullo y muchísimo profesionalismo. Según uno de los mejores periodistas de Iberoamérica y Premio Nobel de Literatura en 1982, el gran Gabriel García Márquez, “para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica y también mucha ética”.

Todos los grandes periodistas que han dejado grandes legados coinciden en señalar que el periodismo está marcado por la ética y el acervo cultural. Un periodista sin ética o con conocimientos limitados no existe y solo es una persona ejerciendo un trabajo con temeridad e irrespeto para la sociedad y consigo mismo. Tanto así es el periodismo que la credibilidad es nuestro principal valor. Un periodista que pierde su credibilidad toca fondo y está obligado moralmente a hacerse a un lado.

Como todo oficio o profesión el periodismo tiene sus reglas éticas, las cuales se deben conservar y aplicar con excesivo profesionalismo. Nuestro deber ser es mantener informada a la sociedad de lo que acontece y es de utilidad para su conocimiento, haciendo un uso correcto, equilibrado, sustancioso y ético de la información. El periodismo es servicio a la heterogeneidad de los públicos.

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Por naturaleza social los periodistas somos fiscalizadores del orden social, económico, cultural y político de la sociedad. Un buen periodista hace de los funcionarios públicos y privados sus fuentes, no sus amigos. Se adhiere a las fuentes bien informadas y tiene la capacidad suficiente para equilibrar sus productos informativos. René Contreras, un excelente catedrático de la Universidad de El Salvador, nos decía a sus alumnos que un periodista no duerme en la noche si ese día no cosechó una nueva fuente, un nuevo conocimiento o si no ha informado debidamente a sus públicos.

Por esencia humana el periodista es un ser ideológico que a diario hace política (porque el periodismo es una forma de comunicación política), pero no es partidario, aunque respeta a quienes tienen una convicción partidarista. Un periodista, salvo en los géneros de opinión, no aprueba o descalifica a las personas por su posición ideológica o partidaria, mucho menos por su condición económica, cultural o psicosomática. En las redes sociales es posible ver a muchos “periodistas” que más bien parecen “activistas” partidarios, sentando posición, criticando sin fundamento y con fanatismo y hasta defendiendo intereses coyunturales que desconoce. Ellos, que son muchos en el país, han perdido su credibilidad.


Recordemos que el periodismo puramente objetivo es irreal, porque la objetividad no existe, pues ésta se encuentra en la esencia de los hechos y los periodistas somos seres humanos que, dependiendo de nuestras condiciones y posiciones, así valoramos los hechos. Es decir, somos humanos y como tales vemos desde diferentes niveles cognoscitivos. Un mismo hecho, es recolectado, valorado, procesado y difundido de diferente  forma. Inclusive el público lo percibe y asimila de diferente manera, de acuerdo a sus variopintas posiciones o intereses.

Sin embargo, por profesionalismo y ética, los periodistas estamos obligados a tratar de acercarnos a la objetividad, teniendo claridad que la interpretación humana hace imposible esa realidad. Entonces, nuestra función es recolectar, procesar y difundir hechos relevantes de interés de los públicos, con mucha ética, de tal manera que sean sucesos veraces, útiles, comprobables, con múltiples versiones de los entes involucrados en el hecho, que no dañen la integridad física o moral de los individuos y que fiscalicen el orden de la sociedad.

El polaco Ryszard Kapuscinski , uno de los mejores cronistas a escala mundial, dijo alguna vez que “las malas personas no pueden ser buenos periodistas”, y cuánta razón tiene, pues el periodismo implica más que logros y vanaglorias personales, la satisfacción de servir a la sociedad con la veracidad y la conciencia plena que se brinda a la población el “poder de estar bien informado”. Lograr eso es hacer el bien común.

Un buen periodista no es prepotente ni responde al poder político o económico. Tampoco es revanchista, mediocre, acomodado al sistema y amigo de los políticos partidarios. Mucho menos es infiel al deseo permanente de informar lo más apegado a la verdad y con ética. Un buen periodista lee a diario, se profesionaliza y cumple su rol de fiscalizador, no importa su área o especialidad del periodismo. Los buenos periodistas tienen vocación, se sacrifican, no le temen a los cambios y sienten un placer cuando informan con profesionalismo generando conciencia social y servicio a la sociedad. ¡FELICIDADES COLEGAS PERIODISTAS!




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