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Editorial & Opinion

Elecciones de magistrados

Carlos Alvarengar Arias / Abogado y MAE

martes 20, febrero 2018 - 12:00 am

Las cortes supremas de justicia nos han decepcionado una tras otra. Bueno, exagero, pero entiéndanme: es por la rabia de saber que en las manos de los más altos tribunales de justicia ha estado la posibilidad de contener la corrupción, la ineptitud, el tráfico de influencias, el manoseo de los políticos, etc., y no lo han hecho.

Pero bien, bajándole un poco al tono de mi rabia que en nada me ayuda para escribir algo medianamente decente, he de decir que la labor que yo espero de la Corte Suprema de Justicia, es lo que un exembajador de El Salvador en Italia me decía de los jueces y magistrados de este país: “Toda Italia está inundada de corrupción y mafias, pero si en algo tienen fe los italianos es en sus jueces y magistrados. Tienen esa certeza porque han visto montón de veces que en los tribunales para todo tipo de corrupción, venga de quien venga”.

Todavía siento las lágrimas llenar mis ojos como cuando por primera vez escuché eso, lágrimas que se vuelven llanto cuando veo nuestras cortes supremas de justicia.

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No camino solo en esta decepción. Durante muchos años he visto que una de las instituciones en la que menos confianza tienen los salvadoreños es en la administración de justicia. En esa competencia por ser el menos confiable y creíble le ganan solo los partidos políticos (era de esperarse) y la policía (cosa rara porque la institución policial realmente hace mucho).

Hablo sobre este tema porque el 10 de marzo se celebrarán las elecciones para elegir candidatos a magistrados de la Corte Suprema de Justicia, a la que estamos convocados todos los abogados de la república.


La lista de los que queden en los primeros 15 lugares es enviada al Consejo Nacional de la Judicatura, el cual, a su vez, escoge de su base de datos 15 más (entre los que usualmente se filtran los que rechazó el gremio), para enviar, al final, una lista de 30 de los cuales la Asamblea Legislativa, los padres y madres de la patria, escogerán a los que consideren más aptos (es sarcasmo) para la más alta magistratura que se encarga de ejercer el poder casi divino de impartir justicia (sigo siendo sarcástico).

Cinco propietarios y cinco suplentes para 9 años en el Olimpo.

La pandemia de corrupción que sufre Latinoamérica, sino es que no ha sido una enfermedad por demás permanente en el subcontinente, así como las ansias de poder materializadas en la ruptura del orden constitucional, han encontrado en las cortes supremas de justicia su más dócil y, por desgracia, poderoso aliado. Principalmente en los tribunales o salas constitucionales.

Así como ahora para privatizar un servicio público los políticos inventaron la “mandrakada” de asociaciones público-privadas, ahora, para evitar el engorroso procedimiento de reforma constitucional, se inventaron ir a llorar a las salas de lo constitucional. Valga la redundancia.

Algo tan inmensamente delicado como la perpetuación en el poder, la reelección, que debe ser decidido por el pueblo convocado con todas las de la ley a un plebiscito, ahora los políticos, sagaces roedores como son, se inventaron interponer demandas de amparo al máximo tribunal de justicia constitucional. Uno pocos togados comprados o amenazados o presionados deciden por millones de ciudadanos.  Éstos, cansados ya de tantas guerras intestinas, al final renuncian al sagrado derecho de tomar las armas y convocar a la insurrección. Y así se ha ido haciendo regla la reelección. Nicaragua, Argentina, Perú, Ecuador, Nicaragua y Colombia lo han hecho por esa vía.

Ni las FFAA ante tan inequívoca violación a las constituciones han hecho algo. Ya entendieron que en sus cuarteles se ven más bonitos, obedientes y calladitos y allí sigan haciendo sus negocitos.

De los nuevos magistrados, que deberán estar escogidos en elecciones de segundo grado, para junio, lo que espero es la valentía sin la arrogancia, de los 4 fantásticos que hicieron historia en nuestra Sala de lo Constitucional. Esa continuidad de esfuerzo, criterio jurídico y valentía necesita el país.

Para ello los abogados no debemos llevarnos por amiguismos ni promesas vacuas, sino por la demostrada capacidad intelectual de los aspirantes. Si no lo hacemos así simple y sencillamente somos cómplices de los futuros desaciertos.




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