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Editorial & Opinion

En apoyo al periodista Rafael Domínguez

Jaime Ulises Marinero / Periodista

Martes 4, Julio 2017 - 12:00 am

La libertad de prensa y la libertad de expresión al igual que la libertad de movilización y la libertad de elegir y decidir en algunos aspectos de nuestras propias vidas son pilares fundamentales de las sociedades democráticas. Ser libre es un privilegio que lleva a la independencia y al respeto de las garantías humanas.

Nadie puede vivir en paz y en democracia si vive en una sociedad de carencias o donde se coarta la libertad de prensa y de expresión, y donde se restringe su libertad de movilización porque se le imponen formas de vidas arbitrarias e inconstitucionales. El ser humano nació para vivir en democracia  y para respetar a sus semejantes.

La semana pasada cerró el programa “Así Estamos” que era transmitido en Canal 8 y era conducido por el colega y amigo Rafael Domínguez, en el cual se entrevistaban a personajes de todas las facetas sociales, políticas y económicas. El formato del programa permitía a Domínguez hacer un recuento de las noticias más importantes publicadas en distintos medios, a efecto de hacer críticas específicas.

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El cierre del programa no se debió a una estrategia del medio, sino más bien a presiones externas supuestamente realizadas por políticos que se consideraban agraviados por el contenido que se difundía. Según Domínguez hubo a quienes les incomodaba su forma de hacer periodismo y por eso presionaron fuertemente para la clausura del programa.

Tal como lo dice Domínguez, el periodismo no es para adular a nadie, sino para cuestionar, criticar y fiscalizar con mucha responsabilidad, el orden social. Por lógica, es al poder de turno al que se le critican sus decisiones. Hoy son los de izquierda, mañana pueden ser los de derecha. Así es el vaivén de la democracia.


Los políticos y funcionarios deben entender que sus acciones y decisiones, al igual que ellos mismos en su vida pública y privada, son objeto del escrutinio social, por lo tanto están expuestos a la crítica y a los señalamientos de los medios de comunicación, que al final solo  son intermediarios del interés público.

Cualquiera puede estar de acuerdo o en desacuerdo con una posición determinada, pero las ideas se combaten con ideas y no con presiones o con la fuerza del poder mal utilizado. A alguien no le puede gustar la forma de hacer periodismo de Rafael Domínguez, pero para eso está el abanico de medios, para que cada quien escoja donde mejor se sienta.

Las presiones, valiéndose  del poder real (dinero) o formal (político) solo son una muestra de intolerancia de quienes no tienen talante democrático. Ningún periodista debe ser obligado a tomar posición ideológica o partidaria, mucho menos a hacer periodismo adulador. El periodismo es la forma más dinámica de la comunicación social y en ese sentido es fiscalizador del orden social.

Desde luego hacer periodismo implica una enorme responsabilidad y profesionalismo ético. En el nombre de la libertad de prensa y expresión no se pueden cometer atrocidades y para ser honestos, suele ocurrir en muchas ocasiones. A veces hay quienes se hacen llamar periodistas e inventan historias, atribuyen frases o son capaces de “reportear” sin salir de la oficina, parasitando las redes sociales y presentando realidades que no les constan. En estos casos se debe aplicar con rigurosidad la sanción deontológica por no aplicar un código de ética. Ya la Constitución contempla el derecho de respuesta que muchos malos periodistas soslayan, escudándose en las libertades de prensa y expresión.

Sin embargo, estoy seguro que equivocado o no, Rafael Domínguez ejercía un periodismo honesto y responsable en su fenecido programa “Así Estamos”, lo que por supuesto algunos consideraran de otra forma, pero eso es libertad de pensamiento y tienen derecho a expresarse. A lo que nadie tiene derecho es a imponerse con presiones y obligar a cerrar un espacio de televisión, solo porque no le gusta su contenido.  Imponerse es  prepotencia, intolerancia e incapacidad.

Ojalá que Domínguez pronto encuentre asidero en otro espacio o programa radial o televisivo. En nuestra sociedad necesitamos sumar esfuerzos de todos, sin importar criterios ideológicos, para empujar la democracia que nos genere desarrollo traducido en mejores condiciones de vida para cada salvadoreño.

En una sociedad democrática, la censura debe ser palabra prohibida.




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