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Editorial & Opinion

En qué se fundamenta la reconciliación

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 3, febrero 2016 - 12:00 am

La muerte del expresidente Francisco Flores nos obliga a todos los salvadoreños a un proceso de reflexión-acción-reflexión. A preguntarnos: ¿Qué es lo que pasa? y ¿Por qué pasa?, ¿Qué es lo que hay que hacer?, ¿Cuál es la mejor táctica?, para salir adelante, antes que una confrontación socio-política estéril de los principales partidos, nos lleve a recoger los pedazos que quedarán del país. La fuerza destructiva de la falta de racionalidad y sensatez de la clase política nos puede liquidar.

Ojo. Debemos tener en cuenta que: Si la reflexión no acaba llevándonos a la acción, no cambiará nada. Más que aprender a administrar nuestras diferencias, lo que se debe de hacer es gestionar las diferencias. Administrar y gestionar parece que es lo mismo, pero no es igual, lo que necesita el país es realizar actividades contundentes para conseguir el objetivo que queremos. Se necesita ir más allá de un comunicado.

Decidámonos, sin dudarlo, a terminar con la violencia y la crueldad en el país, pero la violencia y la crueldad no se terminarán si no se va a la raíz, a los orígenes. Hay que decirlo con toda claridad: las causas y efectos de la violencia y la crueldad son la desigualdad social, la exclusión y la pobreza. La violencia es, por consiguiente, evitable y debe ser combatida en sus causas sociales, económicas, políticas y culturales. No hay atajos en esta cuestión.

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La búsqueda de la verdad y la justicia son el fundamento de la reconciliación. El país necesita reconciliación, pero no necesita olvido. No se puede afirmar simplistamente que “hay que dejar las cosas así como están”. Pero no se puede hacer viable una nación sobre el miedo a la verdad.

Un plan para la reconciliación de un país dividido supone pasar la página, pero pasar la página; no se puede imponer por decreto o pedir el perdón desde arriba, sino que, son las víctimas las que tienen que perdonar y no lo pueden hacer por la vía del olvido, sino por el conocimiento de la verdad. Los miles que fueron sacrificados en la historia del país no han recibido aún la necesaria y justa dignificación. El irrespeto constante de la dignidad de tantos hermanos salvadoreños debe terminar.


En El Salvador no se ha hecho un reconocimiento común del pasado, se quiere mantener cubierto con la tierra del olvido; muchos no buscan la reconciliación, sino la ocultación, por eso entienden como venganza los deseos de verdad, justicia y reparación a las víctimas

Estoy de acuerdo: “Ningún ser humano, independientemente de los errores que pueda cometer, debe ser destruido en su humanidad. Si es culpable, debe responder ante la ley y merece un juicio justo. Si no es culpable y esto se demuestra ante la ley, merece ser tratado como inocente”. Este planteamiento no tiene discusión, lo que hay que hacer es aplicarlo, y todo comienza con terminar con la confrontación, la incitación al odio y la polarización.

Hay que recuperar el espíritu y la letra de Chapultepec. Empezando por adecuar el Foro para la Concertación Económica y Social a las condiciones del siglo XXI. La concertación debe ser un esfuerzo sostenido que posibilite acuerdos que deben ser aplicados de inmediato para atacar los problemas económicos y sociales. Para garantizar la efectividad de los acuerdos que por consenso resultaren del Foro, el Gobierno debe comprometerse a emitir, modificar o derogar los decretos o normas de su competencia y a presentar iniciativas pertinentes a los otros órganos del Estado.

La pregunta debe ser ¿Cuál es el siguiente en la lista de los enemigos a vencer: la desigualdad, la exclusión? Debemos utilizar la justicia y el Estado en función de conseguir los objetivos superiores de la nación, igualmente fortalecer la institucionalidad del país y el Estado de Derecho. La hora ya llegó y nadie puede estar de espectador.

No debemos olvidar lo que decía Karl Popper: que planteaba que “la cuestión fundamental de cualquier organización democrática es cómo organizar las instituciones políticas de forma que los malos y los incompetentes políticos no puedan provocar en ella daños excesivos e irreparables”.

No hay tiempo que perder, hagamos lo que tengamos que hacer para salvarte Patria sagrada. Nunca es tarde para la acción, se lo debemos a la Patria y lo merecemos todos los salvadoreños especialmente los más humildes y vulnerables.




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