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Editorial & Opinion

Fidel Castro Ruz, 1926-2016

Mauricio Eduardo Colorado/Abogado

lunes 5, diciembre 2016 - 12:00 am

OPINION

Recientemente falleció en La Habana, Cuba, Fidel Castro Ruz, exgobernante de esa nación y cuyo acceso al poder se realizó bajo el poder de las armas. Indiscutiblemente, un hombre excepcional, que argumentando la democracia impuso una dictadura de casi 60 años en su nación, e impulsó –siempre bajo la fuerza de las armas – la instalación de gobiernos de corte marxista y totalitario en Suramérica y en otras regiones del mundo.

Con 90 años a cuestas, pero con un prestigio cuestionado, adorado por unos y odiado por otros, Fidel Castro dejó una enigmática huella en la página política del mundo. Nacido de clase media en una provincia cubana, estudió en su época más temprana en un colegio dirigido por sacerdotes Jesuitas y dedicó su controversial vida a imponer sistemas de gobierno socialistas, que creía justos para aplicar a sus gobernados, pero para él no aplicaban, ya que se sabe de fuentes serias y responsables que deja una fortuna a sus familiares cercana a los $900 millones.

Inició al principio de los años 50 un sistema novedoso de guerrear, que el mundo conoció en aquella época como guerra de  guerrillas, método que no enfrentaba directamente al enemigo, sino por medio de ataques separados y por unidades separadas, lo cual a la larga tuvo éxito relativo, con lo cual logró agotar al dictador Fulgencio Batista, que prefirió huir del país y dejar un vacío de poder que hábilmente fue suplido por Castro e implantar un gobierno de hecho y sin ataduras legales que le permitieron gobernar sin opositores. Desde 1959 que tomó el poder, se arropó en “juicios” públicos que no reconocían las reglas tradicionales del derecho penal común. Basado en reglas únicas y especiales, mandó fusilar a cientos de personas, con lo cual dejó limpio el camino para perpetuarse en el poder hasta sus últimos días. Recordamos de esos días que las sentencias se dictaban en estadios públicos repletos de fanáticos que coreaban “al paredón”, para eliminar a quienes expresaban su desacuerdo con el nuevo régimen.

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Elaboró su propia constitución, que le permitió sin esfuerzos ser la autoridad máxima de Cuba, llamándose Primer  Ministro o Presidente, pero siempre siendo la máxima autoridad política de la isla. Creó el partido “único” para Cuba y para el exterior, organizaciones armadas y exportó revoluciones a diversos países, y según relatan muchos, sacrificó a leales colaboradores en aras de no tener rivales de peso para ejercer el poder sin cortapisas.

Líderes cubanos sufrieron desapariciones y en mejores condiciones cárcel, por el simple hecho de que aparentaban liderazgos que asomaban sombras para el brillo de Fidel, lo cual se convertía en amenaza para el régimen.


El fenómeno “Fidel” se presenta como único en la historia del planeta, y aun con  la desaparición física del “líder”, la permanencia de sus seguidores es aún impredecible, dado que las bases en que asienta la estructura tiene raíces tan fuertes como 60 años han permitido profundizar en las tres generaciones de cubanos, cuya mayoría solo conocen el régimen instalado por Fidel.

Quienes nacieron a partir de 1956 hasta el presente, solamente pueden conocer el sistema de Fidel. Dos millones de cubanos, salieron hacia Miami, Estados Unidos, huyendo por mar, en embarcaciones de todo tipo, porque prefirieron arriesgar su vida que vivir en la opresión de un régimen dictatorial que coartaba los más elementales derechos humanos.

Viene ahora la esperanza de que sin Fidel, con el acercamiento a Estados Unidos que ha permitido Obama, y con la elección de Donald Trump como nuevo presidente de aquella gran nación, la tendencia para el panorama político de Cuba y de sus satélites sudamericanos será de cambio, y aunque la perspectiva en el gran país del norte no deja de ser un  enigma, tenemos que ser optimistas de que todo va a mejorar.

El desaparecimiento físico del dictador cubano genera expectativas de mejoras en todo el mundo, porque la gerontocracia cubana  -es cosa de tiempo-  solo puede apuntar en una dirección democrática para América.




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