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Editorial & Opinion

¿Fraude?

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

miércoles 9, agosto 2017 - 12:00 am

Pasó lo que tenía que pasar. La tiranía, a través de su Ministerio Electoral convocó a una constituyente de segundo grado para modificar la del 2001, llamada la mejor Constitución del mundo, según Chávez. La organizó sin intervención aparente del Ejército custodiando la voluntad del elector, sino bajo la presencia de la temible y primaria Guardia Nacional. Los periodistas no podían acercarse a menos de 500 metros de los centros de votación, el elector podía votar en cualquier centro de su jurisdicción, no se permitió la presencia de observadores internacionales, la Ministra Electoral declaró que no creía que algún elector decidiera votar en dos centros; y así, todo lo que se pueda imaginar el lector, como si fuera una elección organizada por Kim Jong-Un en Corea del Norte, Mugabe en Zimbabue o Maduro organizando unas elecciones en El Salvador, tal como quiso hacer Chávez en Honduras.

A medianoche, cuando todos duermen, descansan o leen, intempestivamente una comisión del SEBIN (la policía política de la tiranía) irrumpió en los hogares de Leopoldo López y Antonio Ledezma, los sacaron en pijamas y los llevaron, nuevamente, a una prisión militar. Todo bajo la “legalidad” de una decisión del Tribunal Superior de Justicia, revirtiendo la anterior medida de casa por cárcel; dirían la filosofía popular: bajo la sombra no trabaja sino el delito.

El pasado fin de semana fue uno de los más violentos desde que se produjo la rebelión de los estudiantes y las mujeres, a la cual se incorporó de inmediato, la oposición agrupada en diferentes partidos políticos alrededor de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) quién entregó también su cuota de sangre, desapariciones, detenciones e inhabilitaciones. Hasta Zapatero se largó desconcertado por la andanada de insultos que le propinó Maduro, cuando hizo una declaración baladí sobre posponer la convocatoria de una constituyente no pautada en el texto constitucional. Y lo hicieron, organizaron su consulta en medio de la violencia, el paro, sin control legal ni representación plural. Por supuesto, ofrecieron unas cifras inauditas e inauditable. Prácticamente la comunidad democrática de naciones, incluyendo la aséptica cancillería de la Unión Europea, declararon que no reconocerían la convocatoria ni la constituyente misma que se instalara. Por supuesto el anillo del Foro de Sao Paulo la aplaudió, reconoció y regocijó, y algunos enviaron dirigentes y parlamentarios a retratarse con Maduro, Padrino López, Cilia Flores y Cabello.

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Ha llamado la atención que, a pesar de esa evidente tramoya para imponer un estado comunal, en realidad un estado hecho para la protección y refugio de los delincuentes que oprimen a Venezuela, sujetos todos a imputación de delitos internacionales (tráfico de drogas, armas, terrorismo, lavado de dinero, corrupción, violación de derechos humanos) hay quienes aún sigan diciendo que hubo fraude en el proceso y que los votos a favor fueron menos que los indicados por el gobierno. Claro que hubo fraude, hubo fraude en la propia convocatoria, emanada de un acto írrito de origen, que anula todos los posteriores.

Y ha llamado la atención la declaración del fundador de Smarmatic (quiso venir a El Salvador a organizar los procesos electorales), la empresa escogida por Jorge Rodriguez para implementar todos los procesos electrónicos de Chávez para acá, en la que afirmó que el número de electores contabilizados por el Ministerio Electoral y sus resultados, no se corresponde con la realidad. Lo declaró, y se fue del país, junto con 20 ejecutivos más de Smarmatic.


Se les hace imposible mantenerse en el poder contra la realidad, la opinión pública y organismos internacionales financieros y políticos; sin embargo, quienes detentan el poder, han acumulado tal número de delitos internacionales que solo el atrincheramiento detrás de sus mortíferas armas y el asesinato  masivo de sus connacionales, estarían dispuestos asumir con tal de garantizar su impunidad; y convertir a venezuela en una nueva Ruanda o los Balcanes, que involucraría, como en Siria, la división internacional.




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