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Editorial & Opinion

Incertidumbre por el TPS que ya huele a su fin

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 28, noviembre 2017 - 12:00 am

Cada vez es más difícil justificar un Estatus de Protección Temporal (TPS) para los 263 mil 282 salvadoreños que viven bajo ese programa en tierras estadounidenses, así lo ha reconocido la misma  embajadora de Estados Unidos en El Salvador, Jean Manes. Todo apunta a que en enero de 2018 la Casa Blanca podría poner fin al TPS para salvadoreño o emitir una prórroga de meses, como lo hizo con los ciudadanos hondureños.

Recordemos que el TPS se aprobó para dar protección a los salvadoreños después de los terremotos de enero y febrero de 2001. Es decir ya son casi 17 años en vigencia y como lo dice el mismo programa, éste fue creado de manera temporal y no permanente o indefinido.

Ya la Casa Blanca terminó con los TPS para los haitianos y los nicaragüenses. De hecho los nicaragüenses tienen hasta el 5 de enero de 2019 para retornar a su país y los haitianos hasta el 22 de julio de 2019 para regresar a su isla. En el caso de Honduras, les concedió una prórroga de seis meses, antes de definir si les cierra el TPS. Respecto a nuestros compatriotas la decisión se tomará en enero próximo. Ojalá que por lo menos les concedan algunos meses de prórroga.

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Entre los países beneficiados con el TPS, es el nuestro el más afectado, en cuanto a que de 413 mil 500 ciudadanos de cuatro países beneficiados con el TPS,  más de la mitad son salvadoreños que, la mayoría, envían remesas para mantener a sus familias en el país, dinamizando de esa manera la economía nacional y ayudando a reducir un poco la pobreza.

Desde 2001 para lograr cada prorroga del TPS ha habido necesidad de justificar que aún persisten las consecuencias materiales de los terremotos de 2001, lo cual es cada vez más difícil hacerlo, según la embajadora Manes. Lo que a mi juicio ha ocurrido, es que nuestras autoridades poco o nada han hecho para prever que esto podría ocurrir. No se han preparado las condiciones para el regreso de semejante cantidad de compatriotas, quienes regresarían probablemente a engrosar el desempleo, incluso a ser víctimas de la delincuencia. En el país no se han preparado las condiciones para el retorno ni se han hecho las gestiones adecuadas, diplomáticas y efectivas para lograr más prórroga o para lograr un TPS justificando que somos uno de los países con más violencia delictiva a escala mundial.


Tal vez sea difícil justificar más TPS como consecuencia de los terremotos de 2001, pero la delincuencia, tan real y dolorosa, puede ser motivo para justificar una prórroga que incluso extienda la cobertura de beneficiados.

Algunos han querido justificar que las decisiones de la Casa Blanca respecto al TPS están motivadas por las posiciones políticas ideológicas del gobierno respecto a  la geopolítica, lo cual no se descarta, pero tampoco se confirma. Más yo diría que ha sido poco el trabajo  diplomático. Nuestros gobiernos se limitaron a sentirse satisfechos con las prórrogas, sin negociar otras causales o condiciones. Por supuesto, debe contar las relaciones geopolíticas entre las dos naciones y  a veces se ha apoyado  a Venezuela antes que a Estados Unidos.

Por ahora estamos a la espera de una decisión que tiene a muchos nerviosos, especialmente a nuestros compatriotas beneficiados con el TPS y a quienes reciben sus remesas. Por el bien de todos, ojalá que se prorrogue o que se le permita al país exponer nuevas causales, aunque el gobierno deba aceptar que es incapaz de frenar la delincuencia.

Nuestros compatriotas amparados en el TPS, residen en su mayoría en California, Texas, Florida, Nueva York, Virginia y Maryland, donde su aporte es valioso. Cada dólar se lo ganan con esfuerzo, esmero y sacrificio. A ellos nadie les regala nada. Se han fajado trabajando y algunos de ellos, tesoneramente han crecido hasta convertirse en empresarios. Han hecho sus hogares y conformado familias que sufrirían las consecuencias de una separación si se les obliga a regresar.  Muy probablemente si se acaba el TPS, miles hasta centenas de miles se quedarán en calidad de ilegales, sorteando día a día a las autoridades migratorias. Esto último es indudable, porque así es nuestro talante de salvadoreño valiente y tesonero.




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