Cerrar [X]

Editorial & Opinion

Independencia y construcción de nación

Eugenio Chicas / Secretario de Comunicaciones de la Presidencia de la República

Martes 12, Septiembre 2017 - 12:00 am

Conmemoramos el 196 aniversario de la heroica gesta de nuestra independencia patria, gloriosa efeméride que constituye el hecho histórico más relevante de nuestra identidad nacional, precursor fundamental del proceso de paz y que dio origen al complejo proceso de construcción de nación que nos llevó a El Salvador de hoy; suelo patrio que con mucho orgullo heredamos y debemos conocer paso a paso desde sus orígenes, para comprender y entender nuestra naturaleza y asumir desde esa base el proyecto de nuestro futuro.

A nuestros próceres, hombres y mujeres, al frente del pueblo luchador y valiente de aquella época, les tocó asumir con mucho sacrificio el reto de su tiempo: romper tres siglos de cruel explotación e ignominiosa dependencia de la corona española; enfrentar inmediatamente los posteriores embates del anexionismo mexicano de Iturbide y desde el pedestal de las más puras ideas liberales de su época desafiar al conservadurismo que se oponía, como hoy, al progreso justo y a la verdadera unidad centroamericana.

Cada época tiene sus propios retos y a lo largo de la historia nos ha tocado como país ocupar por legado esta hermosa heredad, caracterizada por una valiosa topografía donde todo lo tenemos  a mano: soberbios volcanes cargados de la más rica biodiversidad y de poderosa energía geotérmica en pleno proceso de expansión;  apacibles lagos de enorme potencialidad turística y productiva; cielos de púrpura y oro, con calor suficiente todo el año para convertirlo en energía solar limpia y valiosa; trescientos kilómetros de línea costera y ochenta mil kilómetros cuadrados de mar territorial de una inconmensurable riqueza, que en su profundidad representan mucho más espacio que el que nos tocó de tierra. Ríos majestuosos con presas hidroeléctricas donde surgen los sistemas de riego que hacen crecer nuestra agricultura y sobre los que tenemos mucho por hacer para protegerlos como fuente de vida; en nuestros talleres vibran los motores, chisporrotean los yunques y máquinas de la industria que cada día crece ofreciendo nuevas oportunidades de progreso.

publicidad

Ciertamente nuestras características de nación nos imponen limitaciones que con el tiempo se han convertido en reto para el progreso, por ejemplo la estrechez territorial, la alta densidad poblacional y el descuido de lo social por décadas fueron estímulo para que un tercio de nuestra población trascendiera fronteras y continentes, que hoy suman al progreso aportando con sus remesas un dieciséis por ciento del PIB. Su dispersión por el mundo también representa el aporte de una enorme y compleja riqueza multicultural y de conocimientos científico técnicos que desde muchas latitudes contribuyen a transformar día a día nuestros parámetros de identidad.

En recursos naturales, aparte de la geotermia, tenemos pocas exploraciones concretas en recursos energéticos y otras maneras de minería no son adecuadas ya que ponen en riesgo la vida humana por nuestra escasez territorial y alta concentración de población. De la misma forma el no contar con acceso directo al mar caribe históricamente ha limitado nuestro progreso.


El entorno geopolítico que nos circunda define misiones precisas de interés nacional, como una estrecha y fluida relación con Estados Unidos, más allá de quien esté al frente de las administraciones de turno en esa nación; esto tiene por fundamento el destino de más del sesenta por ciento de nuestras exportaciones, además de la enorme presencia migratoria de alrededor de tres millones de compatriotas.

Otra región de gran relevancia es Centroamérica y el Caribe como espacio mesoamericano que influye estrechamente en los rangos de nuestra seguridad y estabilidad política, así como en los fuertes lazos de intercambio comercial, cultural y migratorio que encajan en nuestra histórica visión de integración centroamericana. Nuestra aspiración al desarrollo también dependen de la paz y equilibrio ambiental mundial, por lo que aportar a un mundo multipolar suficientemente equilibrado, también nos obliga a una diplomacia que fortalezca sus vínculos con Latinoamérica como región identitaria y una política de apertura con el mundo, especialmente con Europa.

Conmemorar la independencia debe ser motivo de reflexión de los principios de identidad y unidad nacional que hicieron posible esa gesta, sobre todo en coyunturas como está donde visiones conservadoras muy limitadas bloquean y obstaculizan el desarrollo, impidiendo avanzar a un entendimiento nacional en temas sustantivos que ameritan entendimientos; no solo en temas como reforma de pensiones o reforma tributaria, me refiero a la visión común sobre agua,  política del mar, pleno desarrollo del Golfo de Fonseca, el Trifinio y todo el perímetro de nuestra región fronteriza, esto es un verdadero acuerdo de nación.

El Salvador, nuestro terruño, debe seguir siendo ese hermoso  símbolo de la intimidad del cálido hogar de nuestros padres, al que siempre soñamos y queremos volver,  recordando nuestros orígenes entorno al plato de comida que mejor representa nuestros más profundos recuerdos y al sabor de un buen café para no olvidar nuestra identidad.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.