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Editorial & Opinion

La educación que necesitamos

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 11, julio 2018 - 12:00 am

La propuesta de educación afectiva y sexualidad responsable ha sido enviada al archivo, pero debemos reflexionar sobre su contenido y sobre las expectativas con las que se propone, pues detrás de una buena intención siempre se puede esconder un daño ulterior no reflexionado y creo que eso es lo que ha pasado con esta propuesta.

¿Queremos todos que nuestros hijos sean mejores ciudadanos? ¿Qué respeten a los demás sin discriminación? ¿Qué sean capaces de elevar su conciencia sobre el prójimo y actuar con más valores? Pues sin duda, nadie dirá que no, el punto es cómo y con qué método, bajo qué visión y bajo qué preconcepto creemos que se originan los problemas y bajo qué preconceptos creemos que tenemos las soluciones.

El problema sin duda es la violencia, los embarazos no planificados, la violación sexual, la falta de capacidad para manejar la relación de pareja, la vida conyugal y las desavenencias entre ciudadanos, queremos que esto desaparezca por medio de lo que nos falta: principios y valores, perfecto, pero ¿qué principios y qué valores?, he aquí la diferente forma de ver el tema. Para muchos hoy día el ser humano solo está compuesto por dos partes, los sentimientos y el cuerpo, creen que dominando o perfeccionando el manejo de las emociones y sentimientos se domina al cuerpo y que el cuerpo como parte integral de tu ser, es tuyo y puedes entonces hacer lo que quieras con él, generando a la vez una contradicción que termina en conflictos emocionales que luego no podemos resolver por la vía del razonamiento. La otra teoría y que la hemos conocido siempre es la que nos dice que somos cuerpo, sentimientos y espíritu, sí, espíritu, ese que también nuestra Constitución de la República en el artículo 55 dice que hay que formar; este componente no es racional, tampoco psicológico y es al final el que cierra o complementa el círculo de lo que somos, pero al separarlo de la asignatura educativa nos quedamos con las emociones y el cuerpo, nos quedamos sin llegar a la integralidad del ser humano.

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No soy educador, pero no hay que serlo para comprender que el deber está en alcanzar esa integralidad, que también no se alcanza con solo enseñar conocimientos y capacidades, porque es necesario formar el carácter ¿y de dónde viene el carácter? Pues del espíritu y de los valores y principios que le fortalecen.

La violencia y todos los males de nuestro comportamiento vienen del carácter, del temperamento, de todo lo subjetivo que conlleva el espíritu, eso no lo alcanza el cerebro, aunque tenga mucha matemáticas, química y ciencia; aunque tenga mucha experticia y habilidad.La maldad o deformación del carácter incluye el comportamiento sexual que es en la etapa inicial del individuo parte de su determinación, ser hombre o mujer de bien, no es un concepto amarrado a mi sexualidad, está amarrado a mi espíritu y carácter, mi sexualidad lo que debe tener es freno no libertad y ahí es donde hay una diferencia como para chocar con la ideología de género, que propone cero limitaciones incluso en aquellos que ni tienen aún el líbido, es despertarlo a propósito y generar en esa persona su estabilidad por medio de su sexualidad y no de su espiritualidad.


El conocimiento sobre el sexo es importante pero no determinante, tener sexo o no tenerlo no te hace un ser humano completo o incompleto, no es bajo el concepto de mi sexualidad que se forja el carácter ¿se puede vivir sin sexo?  Si, ¿puedes vivir sin esposa o esposo? Si, pero no puedes vivir sin una familia; entonces, el sexo determina la continuidad de la familia y su enfoque más amplio termina en este núcleo importante de la sociedad, donde el papel más grande lo juega el amor, la relación, la interdependencia, la reafirmación de ese amor y la seguridad de ser parte de esa familia; entonces, ¿dónde deberíamos poner atención y preocupación? ¿En nuestros cuerpos y en el placer sexual y sobre qué o quién te lo produce? ¿O en los principios y fundamentos que eleven tu espíritu para que desde ahí aprecies tu sexualidad y tu conocimiento? Porque el conocimiento se provecha según lo que tu espíritu y carácter también determina, de ahí pues que la educación afectiva no puede crearse exclusivamente desde la escuela y con un dogma educativo de gobierno. La afectividad se talla y se pule en la familia, desde los padres a sus hijos y de sus hijos a sus padres, la sexualidad también, porque se reafirma en la familia, en la madre y el padre, por ende no debemos educar para ser personas sexuales y que vivamos el placer del sexo a como venga, sino educar para conseguir el dominio, sobre todo una educación integral que comprenda conocimiento, destrezas y carácter, para formar un país capaz de amar al prójimo, respetar al prójimo y ayudar al prójimo.

Regresar a las raíces no es ir a las cavernas sino encontrarnos con lo que realmente somos y desde ahí capacitarnos, mejorarnos sin perder la esencia, la cual no depende de nosotros, sino de quien ha diseñado lo que somos y del cual somos hechos a imagen y semejanza.




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