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lunes 3, julio 2017 | 9:54 am

En uno de sus viajes misioneros a Filipos, ciudad de Macedonia, un carcelero le preguntó a Pablo y a su asistente llamado Silas ¿Qué debo hacer para ser salvo? La respuesta de ellos fue: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

Esa frase encierra lo que Jesús pide para que alguien sea cristiano y salvo, creer que él es el Dios hecho hombre que vino a ofrecer un nuevo pacto de salvación a los humanos, ya que en el primer pacto conocido como Antiguo Testamento o Judaísmo, Dios había dado la Ley de los Diez Mandamientos, así como una serie de reglas, ceremoniales y estatutos, que se debían de cumplir para ser salvos.

Todas las religiones que incluyen los diez mandamientos, deben de cumplirlos durante toda su vida sobre este mundo para ser salvos, y de ello deben de dar cuenta a Dios, dichos mandamientos y estatutos fueron dados por Dios para una sana convivencia para mientras se cumplía la promesa de un Salvador, Jesucristo.

La Biblia define los diez mandamientos como el cumplimiento de obras, o de manera corta los llama simplemente, la ley. Por otro lado, el creer en Jesucristo lo define como la fe, así que, o se está con las obras de la ley, o se está con la fe. Los que están con la fe son cristianos y salvos, los que están con la ley de las obras, no lo son.

Por eso es que Pablo prevenía a los cristianos de que si alguien les venía presentando un evangelio pervertido, el tal sea anatema, es decir maldito. Esos primeros cristianos habían estado dentro del judaísmo sujetos al yugo de esclavitud de la ley de las obras, pero ahora por la fe en Jesucristo recibían el Espíritu de Dios que es el mismo Espíritu de Jesucristo, quien había fundado el cristianismo en Jerusalén el día de Pentecostés, basado en la fe de Jesucristo, y no en la ley de las obras.

Pablo es tajante cuando les pregunta a estos cristianos ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por la fe en Jesucristo? Todos somos pecadores y por tanto destituidos de la gloria de Dios, pero los cristianos los que nos basamos en la fe en Jesucristo, y no en la hipocresía de la ley de las obras, hemos sido justificados gratuitamente mediante su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Así que, entramos a la gracia por la fe en Jesucristo y no por la obras de la ley, por tanto, si siendo pecadores y enemigos de Dios, fuimos reconciliados con Dios mediante la muerte de Jesús, con mucha más razón seremos salvos estando ya reconciliados.

Todo lo que la ley dice y pide, lo dice y pide a los que están bajo la ley para que queden bajo el juicio de Dios, por qué por las obras de la ley ningún ser humano será justificado ante él, por qué por medio del conocimiento de la ley es que viene el conocimiento de ser pecadores y transgresores, enemigos de Dios.

Esa promesa profetizada de un mesías Salvador mediante un nuevo pacto, estipuló que mediante el Espíritu de Jesucristo, Dios pondría sus leyes en sus mentes y en sus corazones para que el deseo de cumplirlas le nazca al cristiano y salvo desde adentro de su ser, y no por la obligación del estatuto, sino por gratitud con Jesucristo, por haber dado su vida para pagar por nuestros pecados y darnos salvación, y vida eterna, bajo la lógica de aquel principio que dice que una persona hace un mejor trabajo cuando desea y quiere hacerlo, que cuando lo obligan a hacerlo.

Por: Salvador Donato