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Editorial & Opinion

La integración centroamericana en vilo

Carlos Manuel Echeverría / Miembro de la Comisión Preparatoria del SICA (1992) y asesor del Secretario General (2010-2014)

sábado 5, mayo 2018 - 12:00 am

Los centroamericanos que vemos la integración como la ruta para progresar hacia el desarrollo (crecimiento sostenido y sostenible socio-económico, político y ambiental, con creciente productividad, equidad social, democracia pujante y respeto al Ser Humano en su plena dimensión), tenemos que hacerlo con realismo y claro sentido de lo que es la integración posible, la que al menos nos facilite aprovechar economías de escala e influir más internacionalmente. Hay demasiados intereses creados y diferencias entre los países, como para que se puedan integrar más allá.

Ella (la Integración posible) se fundamenta en estos tiempos, en la consolidación del concepto sistémico-holístico intrínseco en el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), sus subsistemas y los sectores adscritos a aquellos. El SICA, no es un fin en sí mismo; es una valiosa herramienta integradora, reconocida como la más avanzada en el mundo en vías de desarrollo, cuya fortaleza y debilidad, como las dos caras de una misma moneda, es el hecho de que no tenga hitos concretos en el tiempo y espacio, que indiquen el avance integracionista.

La velocidad y consistencia de la consolidación del SICA, depende por un lado, del impulso del Secretario General y el apoyo intra SICA que reciba.  Por el otro, depende de cómo la Reunión de Jefes de Gobierno de los ocho países miembros, defina su compromiso con un esquema de integración gradual y realista, que la mencionada Reunión debe acordar y que condiciona la funcionalidad del Sistema hacia su propósito superior.

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Tengo dudas de que la retórica se convierta en accionar, a pesar de los esfuerzos del Secretario General de lujo que tenemos hoy en día, pero cuyo trabajo se puede estar perdiendo. Entre las debilidades que me asaltan y que quizás felizmente estén siendo corregidas menciono las siguientes, cuya elaboración quedará para otro artículo:  la operatividad del SICA en sí como sistema, empezando por la insuficiencia de recursos asignados en una gran parte de las instancias y su inconveniente dependencia operativa de la cooperación internacional; y, si se da un engarce de los planes operativos de las instancias del SICA, derivados de las políticas y estrategias de implementación de aquellas visualizadas, con las de las áreas de actividad correspondientes a nivel de cada país;  menciono una más: ¿cómo se inserta el Comité Consultivo de la Sociedad Civil, el CC-SICA, en el engranaje del SICA y que grado de respeto y funcionalidad se le otorga? ¿Se entiende el papel del CC-SICA, dentro de los nuevos paradigmas políticos?

Lo que más preocupa es la inestabilidad y dispersión política en gran parte de Centroamérica, que hace de la integración una empinada cuesta. Cuando los gobernantes están “apagando incendios” en sus países, en muchos casos provocados por ellos mismos o instancias de influencia cercanas, relegan la integración al “último vagón del tren”. Igual sucede con los gobiernos de países del SICA que gozan de mayor estabilidad y que como ha quedado demostrado en los últimos días, son los que se han matriculado por convicción con la democracia liberal de corte occidental: pierden interés. Los que no lo han hecho o donde sus gobernantes han abusado de los puntos débiles de aquella, experimentan serias dificultades que de una forma u otra afectan negativamente al SICA y su membresía. El estatuto legal del SICA es claro en que para participar en él, hay que matricularse con la democracia que solo es una, la mencionada, la que privilegia los Derechos humanos de los individuos y las sociedades, que aquellos componen.


Por algo la hoy Unión Europea admitió a España, Grecia y Portugal, cuando demostraron su práctica democrática. Así mismo, por algo le ha estado “halando el aire” a Polonia y Hungría, que evidencian tendencias autoritarias.

La integración centroamericana no será más que una quimera, mientras no se consolide en todos los países del SICA, la democracia que he mencionado y que el liderazgo político en cada uno, sea consecuente con los valores intrínsecos a aquella.




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