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Editorial & Opinion

La lógica partidaria: Un pandillero igual a un voto

Jaime Ulises Marinero / Periodista

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Martes 10, Mayo 2016 | 12:00 am

Un pandillero equivale a un voto desde la perspectiva de los partidos políticos  y en el afán de mantener o lograr el poder algunos políticos salvadoreños, ya sea de izquierda o derecha, se despojan de su “moralidad” y buscan a cualquier precio lograr esos votos, sin importarles si con ello perjudican a la sociedad civil, pues alguna concesión ofrecieron o cedieron para obtener el favor de los pandilleros.

La semana pasada el periódico digital El Faro publicó un audio en el cual se escucha al entonces diputado efemelenista y ahora ministro de Gobernación, Arístides Valencia, dialogando con líderes de pandillas para lograr que éstos acudieran a votar por su partido en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2014, en la que finalmente por un pequeño margen resultó ganador el profesor Salvador Sánchez Cerén.

Semanas antes el mismo periódico digital publicó un vídeo en el que el actual diputado arenero Ernesto Muyshondt junto al alcalde arenero de Ilopango, Salvador Ruano, pedían opinión a los líderes pandilleriles sobre el futuro ministro de seguridad si acaso ganaba el candidato arenero Norman Quijano. Obviamente era una forma de pedirle a los pandilleros que votaran por ARENA en la segunda vuelta.

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Tanto Valencia como Muyshondt en una muestra de ironía y cinismo han negado que hayan pedido votos a los pandilleros, pese a que las evidencias son más que concretas. Los mismos líderes de los partidos políticos en cuestión han negado que los motivos de esas reuniones hayan sido para pedir votos a los pandilelros, aunque se dieron en la víspera de la segunda vuelta electoral, cuando ambos partidos estaban urgidos de votos. Sin embargo, en estos tiempos la mayoría de salvadoreños no somos fanáticos partidarios y hemos dejado de ser tontos, lo que nos lleva a tener la seguridad de que los partidos priorizan sus ambiciones a toda costa.

Otros políticos de otros partidos a través de sus alcaldes o líderes locales también buscaron acercarse a los pandilleros. Valencia, el actual ministro de Gobernación, hasta les ofreció dinero para que los pandilleros y sus familiares fueran a sacar el DUI. Obviamente el partido de Valencia no le iba a dar dinero a quienes tras sacar el DUI fueran a votar por el partido rival, en el caso de Muyshondt,  pues éste no iba a compartir el nombre de un probable ministro de seguridad sino era para escuchar la opinión o el beneplácito de los pandilleros.

En países de avanzada democracia estos funcionarios ya hubieran renunciado para ponerse a disposición de la justicia. Sus mismos partidos ya los hubieran hecho renunciar. Valencia y Muyshondt se cobijan en un fuero para no enfrentar la justicia ordinaria. Lo mismo ocurre con algunos funcionarios que son mencionados como los autores intelectuales de la “tregua” entre pandillas que tanto mal le hizo al país. Si bien es cierto, durante la “tregua” dejaron de matarse entre pandilleros, la población civil vio cómo se incrementaron las extorsiones y los desaparecidos y cómo las pandillas se organizaron de mejor forma armándose, expandiéndose, organizándose y logrando privilegios carcelarios a tal punto que muchos impulsores de la “tregua” están presos por falsedad material, asociaciones ilícitas e introducción de objetos prohibidos en penales.

Quienes participaron en la planificación, promoción y ejecución de la mal llamada “tregua” deben renunciar a sus cargos y someterse a la justicia. El partido en el gobierno ganaría credibilidad si hace renunciar a estas personas. A ello se agrega que quienes han tenido alguna vez conversación con líderes de pandillas para negociar votos, sean de izquierda, centro o derecha, también deben renunciar a sus cargos y ponerse a disposición de las investigaciones.

Los pandilleros, toda vez que tengan DUI y no estén encarcelados, tienen todo el derecho de votar, incluso los partidos tienen derecho de elaborar una plataforma política para las maras, pero debe ser de carácter público sin que hayan reuniones clandestinas, tal como ha quedado demostrado que las hubo por parte de al menos los dos principales partidos del país.

En política quien tira la primera piedra no está libre de culpa, porque la ambición es el sello de muchos políticos.



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