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Editorial & Opinion

La Navidad y la insensibilidad humana

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 23, diciembre 2017 - 12:00 am

Estamos a las puertas de celebrar la navidad, como evento universal del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. No obstante, se deben hacer algunas consideraciones al respecto. El 25 de diciembre fue oficialmente proclamada en el año 440 DC, como un sincretismo entre la Iglesia Católica Romano y la tradición del día festivo de la Saturnalia, la que se observaba cerca del solsticio de invierno, que era una de las muchas tradiciones paganas heredadas del sacerdocio babilónico.

Sin embargo, la fecha de nacimiento de Jesús, aceptada tradicionalmente, no es definitiva, dado que, en aquella época, dice Lucas, el escritor del evangelio que “había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:8-11).

De manera que el nacimiento de Jesús en el mes de diciembre  no fue posible, ya que es invierno y completamente nevado en Israel, y no es costumbre que haya pastores a campo raso, velando y guardando las vigilias de la noche sobre su rebaño, dado que esta labor de pastar ovejas se realizaba entre marzo-octubre, de ahí resguardaban las ovejas en lugares seguros.  Por otro lado, en el Cantar de los Cantares del Rey Salomón 2:11 y Esdras 10:9 y 13, encontramos que: “El invierno fue tiempo de lluvia que no permitía a los pastores de ovejas permanecer en los campos abiertos durante la noche”.

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De tal forma que los pastores no solo velaban, sino que guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño, esto indica que esperaban la luna nueva, como lo establece el Salmo 81: 3: “Tocad la trompeta al llegar la luna nueva, y también al llegar la luna llena, que es el día de nuestra gran fiesta”. Se refiere al periodo festivo del que se habla en Números 29. 1-2.  En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas.  Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto”. En consecuencia, este periodo comenzaba al aparecer la luna nueva, es decir, el primer día del séptimo mes, e incluía la fiesta de las Enramadas, que se celebraba alegremente durante una semana completa, a partir de la luna llena, es decir, del día quince de ese mismo mes de Tishrei,  que representa el principio del año según el calendario hebreo moderno, conmemorando el aniversario de la Creación del mundo, y era la fecha en que comenzaba los años sabáticos. Este mes hebrero  equivale a septiembre del calendario gregoriano, que  es el  que ocupamos en la actualidad.

Por lo tanto, la fecha de nacimiento de nuestro Señor Jesucristo se produjo en el mes septiembre y no diciembre; sin embargo, su nacimiento es indubitable, así como recordar y celebrar su natalicio, un gesto encomiable para no olvidar las enseñanzas que dejó, en las que insufló el amor, la paz y la armonía entre semejantes. No obstante, los salvadoreños celebran el nacimiento de Jesús sin entender el evento, porque piensan que estas épocas es para andar en carnavales, embriagándose y para divertirse desenfrenadamente.


Pero en realidad es justamente todo lo contrario: es un tiempo para buscar la gracia y la misericordia del Señor Jesucristo, el perdón de los pecados que se han cometido durante el año, tener arrepentimiento y un propósito de enmienda para el año próximo. Y no vivir de una manera insensible ante las necesidades de los menos favorecidos; es decir, debemos desarrollar el amor al prójimo y dejar de ser tan individualistas.

Es momento de ayudar aquellos salvadoreños que no tienen abrigo, techo y alimento, extenderles una mano amiga, pero hay que hacerlo sin que las cámaras estén grabando, ni las selfis aparezcan en el Facebook, para que no sepa la mano izquierda lo que hace la mano derecha, como lo enseñó el Señor Jesucristo.




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