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Editorial & Opinion

La politica de Honduras en El Salvador

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 11, diciembre 2017 - 12:00 am

Producto de la globalización, cada vez es mas difícil mantener la separación de la influencia de los estados entre unos y otros, especialmente cuando la violencia se hace presente entre los vecinos, como es el caso de El Salvador y Honduras. Hace algunos años, el inefable Mel Zelaya, presidente  de Honduras en aquel entonces, por medio de una estratagema intentó perpetuarse en el poder al estilo Ortega en Nicaragua, pero la Fuerza Armada se lo impidió, colocándolo en Costa Rica en la madrugada de determinado día, y dejando que el Congreso nombrara al sucesor legal en la presidencia.

Posteriormente, el tal Zelaya regresó a Honduras subrepticiamente a una embajada, pero su jugada no le funcionó, debido a que tuvo que permanecer como refugiado en dicha sede diplomática, y no como presidente de la nación hondureña.

Más adelante, la esposa del ambicioso personaje intentó asumir el cargo participando como candidata, pero solamente  para obtener una dramática derrota. Ahora, el insistente personaje aparece tras bambalinas detrás del candidato opositor, azuzando a las masas opositoras a proceder con violencia con quemas y asaltos y violencia contra la propiedad privada, en arranques de odio y desórdenes, por el simple hecho de no haber tenido los resultados esperados del triunfo en los reñidos resultados electorales de unos comicios regulados por un tribunal supremo electoral, debilitado, y con manifiesta insuficiencia capacidad, que ha obligado a decretar el estado de sitio e incluso un toque de queda para mantener el orden.

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A lo anterior hay que sumar el hecho de que la Policía Nacional se ha insurreccionado en algunos lugares, lo que puede producir un caos, similar a un golpe de Estado, todo a favor de la izquierda violenta internacional, que amenaza con ingresar tropas extranjeras vía Nicaragua.

Nuestro país, observador de lo que sucede en el vecino Honduras, y con elecciones programadas para el próximo marzo, no deja de estar atento a lo que ocurre allá, porque con el panorama del pésimo gobierno desarrollado en los gobiernos del cambio, de los dos últimos gobiernos no puede esperar un triunfo electoral, sino más bien, una reacción de corrección del rumbo, como lo reflejan las encuestas que realizan las entidades especializadas.


El partido de Gobierno ha tomado la decisión de jugarse el todo por el todo, al ofrecer abiertamente los principios comunistas, como la toma de los medios de producción, al estilo de Cuba y Venezuela, con la consiguiente quiebra de las empresas, y la caída del empleo y la pobreza de la población, a excepción de la clase política, que siempre mantiene la oligarquía renovada.

La violencia mostrada en la vecina Honduras, no dejará de ser caldo de cultivo para El Salvador, en donde se desarrolló una violenta guerra que fracasó, pero que no dejará de ser un faro para los adoradores de la sangre y la violencia como norma de vida. Recurrir a la violencia, bajo cualquier pretexto, no deja de ser un retroceso en el desarrollo cultural de los pueblos, y quienes promueven tales procedimientos lejos de llamarse líderes, no dejan de ser personajes abyectos retrógrados que buscan satisfacer sus egos en beneficio personal.

Gran responsabilidad llevan los hombros de quienes organizan los eventos que disponen los eventos que eligen a los funcionarios que dirigirán al país, porque en la claridad de tales actividades descansa la seguridad ciudadana de realizar su voluntad de gobernar. Un Tribunal Electoral deficiente pone en riesgo la seguridad entera de un país, y de un pueblo que no se merece correr semejante riesgo. Quienes por una razón u otra han asumido tales responsabilidades están en la obligación de responder a todo un pueblo con calidad suprema. Creemos que aún hay tiempo para hacer un buen evento electoral, creíble, justo y razonable y sobre todo, que no deje espacio para que surja la violencia.




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