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Editorial & Opinion

La utopía del Socialismo del Siglo XXI

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 22, agosto 2017 - 12:00 am

En abril de 2009 tuve la oportunidad de entrevistar a Heinz Dieterich Steffan, quien entonces era el asesor político-ideológico del ya fallecido presidente de Venezuela Hugo Chávez y del presidente de Bolivia Evo Morales. Al sociólogo alemán, residente en México, se le atribuye la paternidad del Socialismo del Siglo XXI.

Cuando entrevisté a Dieterich, Mauricio Funes acababa de ganar las elecciones presidenciales y la derecha nacional vivía una incertidumbre sustentada por temores infundados, mientras que la izquierda salvadoreña vivía una euforia triunfalista que hacía a muchos creer que de verdad El Salvador se enrumbaba hacia el Socialismo del Siglo XXI, tan en boga en algunos países suramericanos.

Le pregunté a Dieterich si él consideraba que el Socialismo del Siglo XXI tenía cabida en El Salvador y serenamente me contestó que sí, toda vez que el gobierno que asumiría lo hiciera con transparencia, alejado de cualquier forma de corrupción y especialmente cercano a las necesidades y anhelos de la gente. Para este ideológico Nicaragua había fracasado porque era un país débil y sumiso.

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Hace ocho años el teórico alemán pensaba que de todos los países del hemisferio latinoamericano, El Salvador podría ser el que estuviera más cerca de impulsar el Socialismo del Siglo XXI, para lo cual se necesitaba un gobierno dispuesto a hacer alianzas estratégicas en calidad de socio, sin caer en la subordinación.

Dieterich, catedrático de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y cofundador del Bloque Regional del Poder Popular (BRPP), una organización que buscaba consolidar la defensa de la revolución bolivariana a partir de los sectores sociales, es un intelectual de primera y analista de realidades sociales que piensa que la corrupción es el principal freno de toda iniciativa de los sistemas de nación.

Cuando Funes asumió la presidencia comenzó con muchos errores, estableciendo un sistema de gobierno en el que apareció el nepotismo y en el que ubicó en algunos puestos claves a amigos y políticos inexpertos. Quiso alejarse del partido que lo condujo al poder, pero lo hizo no de manera estadista sino con soberbia y bajo la praxis  del poder absoluto centrado en su persona. La soberbia lo hizo caer en graves errores y al final fueron cinco años en los que hizo cosas buenas, pero fueron más evidentes o significativas las cosas malas. Funes dejó la presidencia sin el rumbo anhelado para quienes creyeron o creen en el Socialismo del Siglo XXI.

Al final del mandato de Funes, El Salvador quedó con una crisis económica, con la delincuencia en su máxima expresión, con la pobreza cada vez más acentuada, con una sociedad más dividida en cuanto a sus ideologías y con un país señalado como corrupto. Muy lejos de los ideales del Socialismo del Siglo XXI propuesto por Dieterich y tan publicitados en algunos países del cono Sur.

El actual gobierno de Sánchez Cerén, limitado por las pugnas partidarias y las crisis generadas por malas decisiones de Estado, tampoco es un camino allanado hacia el Socialismo del Siglo XXI. Al contrario, los ideales socialistas se limitan a la retórica y a la ejecución de algunas políticas asistencialistas, así como a manifestaciones diplomáticas que más que bien, afectan al país. Por ejemplo brindar apoyo diplomático incondicional a Venezuela, sin medir consecuencias, solo por la simpleza de la afinidad ideológica partidaria.

Dieterich, consciente que en Europa se derrumbaron los muros que la Perestroika de Mijail Gorbachov había reformado la estructura financiera de los países socialistas, concibió una nueva forma de hacer socialismo, donde el factor humano prevaleciera y en donde los que tienen el poder de decisión formal, lo hicieran desde la visión de la transparencia y participación ciudadana. Algo que en nuestro país no se cumple a cabalidad.

Según Dieterich El Salvador estaba listo para desarrollar el nuevo sistema de convivencia, porque los dirigentes de los partidos de izquierda habían sido personas que se rompieron el “alma” luchando contra el capitalismo. En la lógica de este alemán no cabía que muchos lucharon contra el sistema, pero para obtener beneficios personales, de tal manera que quienes lucharon contra el capitalismo hoy son asomos y realidades de capitalistas. Empresarios que también marcan diferencias con la clase trabajadora. Entonces el Socialismo del Siglo XXI es una utopía fracasada en El Salvador.



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