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Editorial & Opinion

La vida inicia desde la concepción

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

viernes 11, mayo 2018 - 12:00 am

Mucho se ha discutido a través de las décadas sobre si el aborto debe o no legislarse como una alternativa médica, en embarazos extremos o violaciones; sin embargo, la historia ha demostrado que aquellos países, que despenalizaron el aborto, no solo allanaron el camino al libertinaje y promiscuidad de las nuevas generaciones, sino que también abrieron una ventana a las compañías farmacéuticas y a la industria del aborto que por cierto es sumamente lucrativa, ya que las industrias farmacéuticas y clínicas abortivas se han dedicado a comerciar con materiales biológicos.

Provenientes de abortos provocados para la obtención de vacunas y la realización de todo tipo de desarrollos biotecnológicos, así mismo los tejidos fetales, son utilizados principalmente para la fabricación de cremas y maquillajes, y también para productos alimenticios con el fin de darles más “sabor”. Es decir, que algunos organismos pro aborto, amparados en el liberalismo, feminismo y matrimonios igualitarios, le han asignado un valor menos que nada a la vida, a sabiendas que la Constitución, los tratados internacionales y Dios, protegen el ser humano desde el momento de la concepción.

Dado que los derechos humanos se extienden a todos los miembros de una familia, incluyendo al no nacido, por lo tanto, ningún ser humano tiene menos valor que otro; independientemente de las circunstancias, todos los seres humanos merecen ser tratados con dignidad e igualdad, particularmente los más vulnerables y los que carecen de voz. Ante ello, surge una interrogante: ¿Por qué se le niegan entonces los derechos a un no nacido según las circunstancias? La respuesta es clara, la humanidad ha dado más énfasis al individualismo y dinero que produce el aborto, que a la vida misma.

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De manera que, como sociedad, debemos apoyar a todas aquellas mujeres embarazadas, especialmente las que están en circunstancias difíciles, ya que tanto la vida de la madre como la del ser que lleva en su vientre son importantes; así que, en lugar de destinar recursos a promover la despenalización del aborto, esos recursos considerables deberían destinarse para apoyar y acompañar a cada madre y su hijo que está por nacer.

De modo que el debate sobre el aborto no se trata de si debemos terminar con la vida de las personas, sino cómo protegemos la vida, aunque sea producto de una violación. Los científicos están de acuerdo que toda vida humana comienza con la fertilización. Por ello es indiscutible que en ese momento, un nuevo ser humano con su único ADN es creado por Dios. Así, el niño comienza su desarrollo desde el momento de su concepción: actividad cerebral ha sido documentada y el corazón comienza a latir desde el día 18.  Por lo tanto, la evidencia científica es indiscutible, un niño por nacer es un ser humano y no un producto desechable.


¿Hasta cuándo la ciencia y la humanidad jugarán a ser Dios? Muchos son los casos donde el hombre se ha equivocado y, como humanidad, seguimos pagando caro esos desaciertos, entre los que podemos contar la invención de armas de destrucción masiva (nucleares, biológicas y químicas), las cuales son capaces de eliminar a un número muy elevado de personas de manera indiscriminada y causar grandes daños económicos y medioambientales.

Así que todos esos inventos en nombre de la ciencia y el desarrollo de la humanidad, han salido desastrosos; del mismo modo, ha sido cobarde, degradante e inmoral la aprobación del aborto por todos aquellos países que perdieron el rumbo y vendieron su honorabilidad por presiones de organismos internacionales que carecen de axiología, y son dirigidos por personas que no tienen escrúpulos, que defienden el aborto como si se tratase de una revolución científica que busque mejorar la calidad de vida de las mujeres embarazadas por circunstancias difíciles.

No obstante, no hay ninguna mujer en el planeta que se sienta bien en su interior o en su conciencia después de haberse practicado un aborto, ya que en el 90 % de los casos se sienten solas, miserables, depresivas, sienten que han perdido una parte de alma, y la vida jamás volverá a ser igual. Caso contrario sucede cuando una mujer pelea porque su hijo nazca, a pesar de las duras circunstancias; son mujeres felices y tienen mayor probabilidad de triunfar en todo lo que se propongan, porque tienen la felicidad de un hijo y la bendición del Señor Jesucristo.




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