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Editorial & Opinion

La violencia se combate con educación

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

viernes 20, abril 2018 - 12:00 am

Nuestro país entró en un espiral de violencia desde hace décadas del cual no se ha podido salir, debido a que el Estado no ha logrado descifrar cómo combatirla ni tampoco se han hecho esfuerzos por entender la raíz generadora de violencia, dado que el poder del gobierno se ha utilizado como política pública para reprimir a las pandillas, aunque la represión es importante para hacer menguar al enemigo, no por ello se debe entender que es la última solución a la problemática de violencia pandilleril que tiene a El Salvador en una encrucijada en cuanto a su abordaje.

Ahora bien, combatir a las pandillas en un campo diferente al de ellos, es como competir en una carrera sin reglas, excepto la ley de la anarquía, es decir, que por más esfuerzos que se hagan en la represión no se podrá eliminar el accionar pandilleril, al contrario, buscarán nuevos métodos de evasión para continuar su crecimiento territorial. Ante este escenario se hace propicia una mesa nacional, donde se convoquen a todas las fuerzas vivas, con el fin de abordar el tema de raíz y que todos entendamos que la inseguridad no es un problema únicamente del gobierno, sino de todos los salvadoreños, incluyendo a los que emigraron.

Por lo tanto, debemos unirnos y combatir de forma conjunta la violencia, en consecuencia, la falta de unidad y la ausencia de un análisis a profundidad de la violencia, sí es problema de gobierno, porque es en su seno que se deben propiciar los espacios para que todos los actores de la sociedad participemos y construyamos un modelo de seguridad con énfasis en la prevención de la violencia, por ello es fundamental que se hagan discusiones nacionales de cómo reducir la brecha de la desigualdad, la pobreza, la poca inversión en educación, la falta de oportunidades a los jóvenes.

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Siendo algunas de ellas, causas raíz que provocan violencia y desempleo que repercuten en el pírrico crecimiento económico y detienen la inversión local y extranjera, por ello soy de la opinión que la violencia es un problema de todos, por ejemplo; si los empresarios desean un país libre de violencia es importante que cooperen de forma incondicional, con recursos y convenios que beneficien a los niños y niñas salvadoreños, que es el  foco de reclutamiento de las pandillas, ante ello se pueden hacer centros de recreación y talleres vocacionales,  para enseñarles a temprana edad el valor del trabajo y la responsabilidad.

Con ello se estaría combatiendo de raíz el ocio en las zonas marginales, así también se podría gestionar ayuda internacional por el Gobierno,  que tenga por objetivo mejorar las condiciones de vida de los niños y niñas que son proclives a delinquir, llevando servicios básicos, construyendo viviendas de bajos costos y trabajando en la personalidad de los niños desde la familia y reforzado en las escuelas públicas, por lo que se vuelve aterrizar que si queremos un país más seguro, es importante que se destine por lo menos el 6 % del PIB al Ministerio de Educación, lo cual podría repartirse de la siguiente manera:


Mejorar la infraestructura de aquellos centros educativos que están desvencijados; construir escuelas donde no las hay; establecer convenios con organismos educativos internaciona­les para ejecutar transferencias de niños y jó­venes talentos; capacitar a los profesores en ac­titudes y tecnología, para hacerlos facili­ta­do­res y gestores de aulas dinámicas en las que identifiquen necesidades y descubran talentos, dado que no hay inteligencia única, como se ha hecho creer que la memoria y la repetición es lo máximo. El maestro Howard Gardner como contrapeso al paradigma de la inteligencia única, propuso las Inteligencias Múltiples.

Es decir, que dentro del aula un verdadero profesor deberá identificar que hay niños o niñas que serán grandes científicos, si se les apoya tanto como para descubrir su talento, pero que posiblemente no les guste la literatura, o quizá estará el mejor matemático que no le interesa en lo más mínimo sociales, o tal vez le estén dando clases al mejor escritor de El Salvador, que no entiende nada de matemáticas ni de lenguaje. Entonces, el reto será capacitar a los profesores para que den lo mejor de ellos en las aulas.

Pero si verdaderamente se desea combatir a las pandillas, se debe hacer no con armas, sino con educación y valores cristianos. Por ello se necesita que los políticos tengan voluntad en apoyar la educación, destinándole más recursos.




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