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Editorial & Opinion

Las relaciones con China y la soberanía nacional

Jaime Ulises Marinero / Periodista

lunes 27, agosto 2018 - 12:00 am

Hace algunos años tuve el privilegio de conocer Taiwán, una isla de casi 36 mil kilómetros cuadrados y 23 millones de pobladores. Su capital Taipei es una moderna, cosmopolita y ordenada ciudad. Los taiwaneses son tesoneros, respetuosos de la legislación y el entorno, sobre todo ciudadanos comprometidos con el desarrollo de su nación.

Una de las situaciones que me llamó la atención era que la mayor cantidad de inversionistas en la isla procedían de la República Popular China. Las grandes inversiones era de capital chino, poca era la inversión estadounidense. La mayoría de turistas proceden de China y la mayor exportación de los productos taiwaneses es hacia China continental.

Me generó incertidumbre el hecho de que la isla no tuviera relaciones diplomáticas con Estados Unidos y que sus aliados diplomáticos fueran pequeñas islas de Oceanía, el Caribe y algunos países de Centroamérica. Taiwán, por presión de la República Popular China, que la considera su provincia, ni siquiera es aceptada en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a pesar de cumplir todos los requisitos. El Salvador desde siempre mantenía relaciones diplomáticas con Taiwán, hasta la semana pasada que el presidente Salvador Sánchez Cerén anunció la ruptura para dar pasado a relaciones con la República Popular de China, un país de 1 mil 379 millones de habitantes considerado segunda economía mundial, apenas atrás de Estados Unidos.

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Siempre cuestioné por qué El Salvador no tenía relaciones diplomáticas con la segunda potencia económica mundial. Costa Rica, República Dominicana y otros países que allende tenían relaciones con Taiwán rompieron con dicho país y amarraron relación con China. Las consecuencias para Costa Rica y República Dominicana han sido positivas, en el sentido que ha crecido la inversión china en porcentajes muy superiores a los que invertía Taiwán.

Yo no veo problemas. Es normal que todo cambio genere incertidumbre y que en este caso haya afectados directos, como los salvadoreños que viven en Taiwán, los jóvenes becados y los taiwaneses que han invertido en El Salvador, entre otros. El gobierno está obligado a buscarle solución a las consecuencias negativas. Sin embargo, las expectativas son grandes, si es que realmente China invierte y genera fuentes de trabajo en suelo salvadoreño.


La geopolítica no se limita a la inversión neta, sino a las razones eminentemente políticas, prueba de ello es que Estados Unidos mantiene relaciones estables con China, a quien ve como su competidor en materia económica. Lo inconcebible es que Estados Unidos, teniendo relaciones diplomáticas con China, ve mal que países tercermundistas se abran diplomáticamente a la nación asiática. No es correcto que Estados Unidos reclame a El Salvador, es injerencia en la soberanía nacional. Es cierto que como país tercermundista somos proclives a que grandes naciones quieran intervenir en el Estado, incluso que a cambio de inversión o ayuda financiera desarrollen en el país rubros estratégicos, como bases  militares. Sin embargo, para eso estamos los ciudadanos, para no permitir que ningún gobierno, de izquierda o derecha, sirva a intereses de otras naciones.

Bienvenida República Popular de China, pero en un ambiente de respeto y solidaridad. Nuestra soberanía no debe estar al servicio del mayor postor. Debemos ser respetuosos de cada nación, incluso hoy que ya se tienen relaciones con China, sería bueno que El Salvador impulse desde las Naciones Unidas la incorporación de Taiwán con todos sus derechos. Estados Unidos, que se siente agraviado, debería de ser aliado de nuestro país para pedir que Taiwán sea parte de la ONU. El concierto mundial de países democráticos deben pujar por Taiwán.

Ojalá que la iniciativa del gobierno salvadoreño haya sido producto de un concienzudo análisis (sin criterios  partidarios e ideológicos) y no de una represalia porque Taiwán se negó a apoyar la campaña electoral del partido en el gobierno, como lo ha sostenido cancillería de aquel país, que ha denunciado que hubo un intento de chantaje por miles de millones de dólares. Yo sí creo que se dio un paso adelante en materia de geopolítica. Ahora solo es de tener paciencia y esperar la ayuda y la inversión china sin que haya sorpresas  o “venta de nuestra soberanía”. Estados Unidos sigue siendo nuestro principal aliado.




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