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Editorial & Opinion

Lo que espero del nuevo alcalde de San Salvador

miércoles 25, febrero 2015 - 10:00 pm

Nuestros árabes salvadoreños encontraron en El Salvador el sueño americano, a puro esfuerzo, tesón, dedicación. Ellos, al igual que muchos extranjeros de diferentes nacionalidades, como chinos, alemanes, italianos, españoles, nos han demostrado a lo largo de las décadas, en tres siglos diferentes y disímiles, que acá en esta tierrita pequeña y súper limitada en recursos, se puede tener éxito en todos los sentidos.

Los árabes o turcos, por el pasaporte que los identificaba, vinieron con una mano atrás y otra adelante, con solo un tesoro: la firme idea de triunfar en tierras extrañas. No todos tuvieron éxito, pero los que lo alcanzaron lo han hecho en grande.

Por cierto que en Honduras, mi patria adoptiva, son dueños del país, están metidos en todo: canales de televisión, radio, periódicos, comercios, industrias, equipos de fútbol, política, etc. y es un silencio a voces que manejan los hilos del poder. Han alcanzado un nivel de penetración en la estructura completa de la sociedad que todavía no han hecho sus pares en El Salvador.

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Nuestros árabes jurídicamente son salvadoreños y así debe vérseles. Están enraizados en el país. Son salvadoreños al 99% a pesar que usualmente practican la endogamia y no en algunos casos pareciera que no les gustar correr el riesgo de mezclar su sangre con López, Pérez o Martínez, pero son salvadoreños.

El sin duda el próximo candidato por el FMLN a la presidencia, don Nayib Bukele, es de esos salvadoreños de ascendencia árabe con todo el derecho de acceder al poder, y en San Salvador veremos si como ronca duerme.


Como cristiano solo puedo pedir porque le vaya muy bien.  Nuestra ciudad capital ha sido por décadas, desde las terribles administraciones demócratas cristianas de los 80, una ciudad desordenada, sucia, caótica, con pocos espacios para el arte, la cultura, el sano y seguro esparcimiento. Su administración ha andado a veces a pie, a veces caminando, y con las excepciones destacables de las administraciones de Armando Calderón Sol y de Héctor Silva, por lo demás han quedado para el olvido.

Ahora llega un empresario joven, visionario, emprendedor, lleno de nuevas ideas. Es refrescante verlo ya como alcalde de San Salvador. Ojalá toda esa energía se vuelque de forma efectiva, eficiente, eficaz en la capital.

Ahora bien, me preocupan muchas cosas del alcalde Bukele, al cual ARENA y sus desatinos ayudaron mucho a ponerlo en la silla edilicia.

Si bien tiene la ventaja de no haberse ensuciado en los albañales de la política (eso mismo pensaba yo que era ventaja de Mauricio Funes y mire que adelantado nos salió el cipote), tiene poquísima experiencia en la administración de la cosa pública. Harto diferente es una empresa privada donde todos reciben las órdenes del amo y señor absoluto. Tratar con sindicatos, diferentes tipos de grupos de poder, delincuencia, transporte, desechos sólidos, etc., es otra cosa. Por otro lado, eso que solo utilice calcetines rojos me       da una seria sospecha que algo no anda bien, pero tendremos que verlo de cerca actuar ya en las grandes ligas para concluir si solo es       un capricho de la moda, un amuleto o la exteriorización de una patología sicológica inquietante.

Tampoco me parece que se tome la política muy en serio, más me da la impresión que es un aventurero con mucho dinero y que está experimentando un capricho de conocer nuevas experiencias extremas.

Por otro lado, espero que por su ascendencia no prefiera en las contrataciones y licitaciones solo a árabes salvadoreños, lo cual se vería muy mal, o que, como hicieron los de ARENA, solo beneficie a su grupito de poder, a sus amigos, a sus compañeros de escuela bilingüe, o de universidad extranjera; a los colegas empresarios, etc. Espero sea transparente. Ya estamos cansados de negociaciones ilícitas, de licitaciones amañadas. Quiero, por el bien del país en general y de la ciudad en particular, aplaudir su administración dentro de tres años. La experiencia nos ha demostrado que suele suceder que un millonario en el poder abusa del mismo más que cualquier otra persona, solo que lo hace con bisturí y rayo láser, y no a garrotazos como cuando llegan otros de cuna no tan noble, pero son capaces de una rapiña exagerada, desenfrenada, constante, y que lleva como consecuencia a la creación de redes expandidas de tráfico de influencias que se convierten en argollas rígidas, infranqueables e impenetrables.

Todos estos temores quedarán disipados o confirmados en los próximos tres años, por lo que hoy por hoy solo puedo decir: buena suerte capitalinos.




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