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Editorial & Opinion

Los últimos años del régimen

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 7, diciembre 2016 - 12:00 am

OPINIONLa experiencia demuestra que los primeros años para un presidente de la República son definitivos, al principio es más probable concretar promesas electorales, pues el mandatario comienza con una aprobación mayor de su persona y su Gobierno. Pero, lo que no se implementa al empezar a dirigir el Órgano Ejecutivo, después, en los últimos años, es muy difícil de concretar.

No es fácil presidir un país como El Salvador; gobernar es un arte que requiere de intuición, capacidad de inspirar, generar confianza, motivar competencia para cumplir con las promesas electorales y transmitir permanentemente la idea esperanzadora que El Salvador puede salir adelante. La capacidad de buen gobierno es muy escasa; por eso es tan valiosa.

Sánchez Cerén llegó a la presidencia para transformar al país. Al principio no se ponía en duda su vocación transformadora. Después de dos años y medio, hay que decirlo con toda claridad, el modelo económico que pretendía cambiar está intacto. La liberalización económica, la apertura comercial, los tratados comerciales, las privatizaciones no se han modificado; el país continúa dolarizado, sin política monetaria y sin una reforma previsional significativa. Los componentes fundamentales de la estrategia neoliberal siguen inamovibles.

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El Salvador terminará dos años y medio con un crecimiento económico de 2.5 % del PIB. El país necesitaría, para crecer satisfactoriamente, tener al menos una década de tasas de crecimiento del 6 % del Producto Interno Bruto, para ser capaz de salir de los problemas que tiene en términos económicos y mejorar la calidad de vida de los salvadoreños.

Hoy la situación por la que atraviesa la economía del país es muy difícil, ante todo sobresale la crisis de las finanzas públicas y las posibilidades de concretar un Pacto Fiscal, al menos en el corto plazo, se aprecian complicadas. La política está en el presupuesto. Si antes que se termine el año 2016 la Asamblea Legislativa no aprueba un Presupuesto General de la Nación que esté financiado, comenzaremos patojeando el año nuevo.


La situación de delincuencia tiene como expresión más publicitada, la disminución de los homicidios que siguen enlutando los hogares salvadoreños, a pesar de las medidas tomadas para combatir los delitos; la muerte y el miedo siguen presentes en la vida nacional, sin que el gobierno llegue aparentemente a dar pasos efectivos para combatirla. Es un extraordinario reto de año nuevo cambiar esta situación.

El gobierno en 2017 quedará atrapado en la telaraña electoral. Los desafíos en los campos económicos y sociales no se podrán alcanzar si no hay acuerdos consensuados, pero esto es casi misión imposible, si la partidocracia únicamente tiene en la mira desgastar políticamente a su adversario para ganar las próximas elecciones.

Los últimos años de gobierno serán muy duros, la oposición de derecha pugnará por recuperar el poder. El partido ARENA vivirá centrado en las próximas elecciones y estará todavía menos inclinado a hacer acuerdos que considere que puedan aumentar el capital político del partido oficial.

Salvadoreños si creen en los milagros eleven una plegaria a San Judas Tadeo, el patrono de las causas difíciles, para que en los dos años y medio que le hacen falta al gobierno pueda concretar la visión de país que tiene en el Plan Quinquenal de Desarrollo 2014-2019 y podamos ver que El Salvador sea un país próspero, equitativo, incluyente, solidario y democrático que ofrezca oportunidades de buen vivir a toda su población.

Hay que rogar, al que todo lo puede, para que las principales apuestas estratégicas del gobierno aparezcan en el horizonte y El Salvador sea un país próspero con un nuevo modelo de desarrollo en marcha, que resulte en un crecimiento sostenido basado en una economía más productiva, competitiva e innovadora; mayor y mejor distribución de la riqueza y el ingreso; conectividad con la región y el mundo; generación de altos niveles de empleo digno; servicios educativos y de salud con una amplia cobertura de calidad y que permitan a la población desplegar sus talentos y potencialidades; implementación de un proceso de reversión de la degradación ambiental; una sociedad que tenga más resiliencia ante los efectos del cambio climático, y garantías de que el desarrollo sea verdaderamente sustentable, en armonía con la naturaleza.

Señores del partido oficial tomen en cuenta para los dos años y medio que les quedan que la democracia es un fin en sí mismo y que esta forma de gobierno contiene una ética de igualdad para avanzar y mejorar los derechos económicos, sociales y culturales de los ciudadanos. El pluralismo político, los derechos humanos, la independencia del Poder Judicial, el funcionamiento pleno del estado de derecho deben de respetarlos y estar permanentemente presentes en su gobierno.




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