Editorial & Opinion

Más allá del debate

viernes 13, febrero 2015 - 6:31 pm

La gran mayoría de capitalinos, (no todos) han centrado su atención en los debates que se han dado entre el señor Bukele y el señor Zamora, de hecho evalúan el desempeño de cada uno de ellos, en base a la garrulería y no en las propuestas, de modo hay un mayor enfoque en quién ganó el debate, tomando como base la elocuencia y la descalificación, dando por sentado que las credenciales para gobernar es la verborrea.

Sin embargo es importante ir más allá del debate y la elocuencia. Se debe desmenuzar las ideas y las propuestas de cada uno de los contendientes, ya que el debate permite a los votantes conocer el carácter y las intenciones ocultas que puede haber en los contendientes.

En consecuencia hay que hacerse las siguientes preguntas ¿Cómo sacar a la ciudadanía del letargo ideológico? ¿Cómo hacer entender a los fanáticos que todos somos salvadoreños? ¿Por qué tantas ofensas cargadas de odio y violencia en las redes sociales? ¿Por qué defender más a un candidato, que su propia colonia que está plagada de violencia pandilleril?

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Quizás todo ello tiene que ver con los antecedentes históricos de la formación de la nación, dado que los salvadoreños siempre hemos sido engañados por los vendedores de esperanza, y nos acostumbramos a lo ilusorio, abrazamos las mentiras y le dimos cabida a la contradicción y la impudicia. Fue así como los españoles vinieron y formatearon nuestras vidas, de manera que la conquista se ejecutó por mercenarios y convictos, a la orden de la corona española para saquear a toda Latinoamérica.

En este escenario violento, nuestros antepasados los pipiles que emigraron de México en el siglo XI, con el afán de buscar armonía, encontraron justamente todo lo contrario, cabe mencionar que la moral pipil era una de las más altas en el mundo conocido de aquella época, incluso tenían estándares de valores mucho más altos que los españoles, dado que la esclavitud en el contexto pipil se daba únicamente cuando un joven no quería labrar la tierra o casarse, pero aun así los esclavos eran tratados como parientes.


En contraste con la forma de esclavitud europea, donde trataban a los esclavos como objetos o cosas sin ningún valor, el amo tenía todo el derecho de matar, violar, vender o arrendar a su esclavo, de tal forma que los españoles comandados por el tirano Pedro de Alvarado, aplicaron esa misma dosis a los pueblos indígenas sometiéndolos a la fuerza. Y para doblegar su honor introdujeron la religión y los accesorios, en ese sentido la población indígena fue sojuzgada poco a poco hasta que perdió su cultura, hábitos, y creencias.

Posteriormente los mexicanos quisieron someter a su dominio a Centroamérica, pero fue frustrada su operación, dado que los criollos no lo permitieron porque sus planes estaban orientados a ejercer su reino particular sobre la población indígena, así se desarrolló en nuestro país una historia de lucha de poderes que terminaba en conspiraciones y muertes. Aun así los primeros políticos tenían mucha más convicción de servicio. Sin embargo, desde los gobiernos militares bajo una serie de banderas políticas, pero especialmente los del PCN, fueron catastróficos para la democracia salvadoreña.

Y es en esa búsqueda de cambios que los salvadoreños han abierto puertas a partidos políticos y personajes históricos que le han hecho mucho daño a la democracia y al estado de derecho del país, por ejemplo se creía que tendríamos días mejores en los tiempos de ARENA, si bien es cierto que hicieron algunos cambios, pero se olvidaron de gobernar para los pobres y más necesitados. También se creyó que con el FMLN, vendrían cambios positivos, pero lo cierto es que no solo aprendieron las mañas de los malos gobiernos anteriores sino que multiplicaron sus efectos.

Para resumir, jamás se debe de ignorar que la mayoría de políticos (no todos), independientemente del partido que sea, tienden a mentir para obtener votos, por ello maximizan los presupuestos y las obras para aparentar que han trabajado más de la cuenta. En ese sentido, los votantes reciben de los candidatos ilusiones y esperanza que no tienen fundamento.

En consecuencia, la atención de los votantes no debe de estar centrada en quién ganó el debate, ya que la elocuencia no es garantía para gobernar, ni otorga las credenciales para ello; de hecho, ya se tuvo recientemente un gobernante que era extremadamente elocuente, pero fue un mal presidente.

De manera que hay que centrarse en las ideas y en las propuestas siempre y cuando sean ejecutables. Y por último, hay que examinar quién es el que miente menos en lo que ofrece.

“El que sigue la justicia y la misericordia hallará la vida, la justicia y la honra”.

 




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