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Editorial & Opinion

Más de lo mismo

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

miércoles 7, febrero 2018 - 12:00 am

Cuando a uno le ha gustado una comida a la cual no le sabe el nombre, pide más de los mismo.

En el caso de nuestra política aldeana es igual, aunque en este caso no nos gusta. Son ya décadas de estarnos sirviendo más de lo mismo y nos toca comérnoslo a la fuerza porque no hay otra oferta. Cambian los rostros, pero es lo mismo.

Veo los números que arrojan los estudios de los organismos internacionales que observan el desempeño de los indicadores de El Salvador, y las cosas siguen exactamente igual…o peor. Incluso me hace pensar que no es más de lo mismo, sino que la oferta electoral ha ido empeorando con el tiempo y la poca calidad que había ha disminuido.

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Los políticos no han sabido enfrentar las nuevas batallas que este mundo cambiante, que evoluciona y revoluciona día a día, le ha presentado. Eso se llama ineptitud, lo cual dicho en otras palabras significa incapacidad para cumplir las obligaciones que demanda un país.

¿Qué hará esta nueva generación –y las viejas que siempre se colan- para mejorar al país?


Los temas de interés nacional, que constituyen el trabajo para los cuales elegimos a los políticos, son innumerables. Basta tomar la Constitución y leerla para saber cuáles son. ¿Qué harán para cumplir con las exigencias que la misma ley fundamental manda?

El discurso sobre la educación, hoy en día, no puede limitarse a la promesa de abrir más escuelas. ¡Por Dios Santo! Ni siquiera subirle el sueldo a los maestros y mejorar las condiciones en que desempañan su trabajo. Ese discurso es por demás mezquino, limitado, chato.

En lo que respecta a la agricultura, el ofrecer apoyo, capacitación, recursos financieros, tasas bajas, y cualquier cosa más de las que se escuchan, tampoco es una propuesta seria para el siglo XXI. Hoy se habla de propiedad intelectual, de innovación y emprendedurismo en tecnología, no de papas ni tomates.

Esto por mencionar solo dos temas de tantos sobre los cuales no solo nos quedamos colgados en la historia, sino que nunca despegamos.

Yo leo con asombro lo que hacen en otros países y cuando vuelvo la mirada a nuestra región, y en especial a El Salvador, solo siento ganas de llorar, y me gana la frustración.

¿Cómo nuestra clase política pudo ser tan incompetente?.

El tema de la educación hoy en día ni siquiera se refiere ya a dotar a las escuelas de computadoras, sino de la clase de contenidos que la instrucción formal debe proporcionar al estudiantado. El mundo desarrollado saltó de las materias típicas, las comunes, las ordinarias, a otro mundo, otras esferas que haciendo la comparación parecen de civilizaciones avanzadas. Nosotros seguimos haciendo memorizar a los alumnos, cuando en otros países los objetivos del sistema educativo son razonar, analizar, sintetizar, investigar, con el propósito de enseñarles a identificar situaciones problemáticas y, sobre todo, a resolverlas. En ese sentido se le dan los instrumentos para que lo realice, aparte, obviamente, de la información básica, los conocimientos generales. Una computadora no sirve para enseñarle la suit de Office, y sentirnos como nación felices que puedan darle copy paste en una página de Word, sino que sirven como instrumentos de análisis.

El espacio se me acaba, por lo que tengo que hacerme a mí, como votante, las preguntas siguientes: ¿Qué harán esos futuros diputados para que las cosas sean diferentes? ¿Qué harán para que ahora los bonitos planes que ofrecen en sus campañas sí se cumplan? Papel mojado, discurso hueco.

Ahora ha surgido un personaje, Nayib Bukele, que es sin duda toda una novedad, que despierta esperanzas. Hace nacer ilusiones de que al fin la clase política tradicional se sitúe a un lado junto con sus fracasadas propuestas, y dejar que entren ideas, actitudes y fuerzas nuevas. El problema es que, al parecer, será también más de lo mismo, es decir, otro demagogo con discurso populista diciendo lo que la gente quiere escuchar y nada más; de esos que han abundando en los últimos lustros en Latinoamérica, con esa altisonante verborrea que, también, por cierto, llevó al inestable Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.




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