Cerrar [X]

Editorial & Opinion

No hay futuro con delincuencia

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

sábado 11, agosto 2018 - 12:00 am

Estamos a menos de siete meses para que los ciudadanos acudamos a elegir al nuevo mandatario del país, con la consiguiente campaña plena de promesas, proyectos y reuniones diversas, sin embargo, en el ambiente nacional, se palpa que cualquier programa que se llegare a implementar podría no ser del todo exitoso si el nuevo gobierno no resuelve, o por lo menos disminuye a su mínima expresión, el accionar de la delincuencia terrorista, al que algunos criminólogos califican que se trata ya de “una guerra o conflicto de baja intensidad” en el país. Afirmación que ha cobrado fuerza e interés con el asesinato escandaloso de muchos agentes de la Policía Nacional Civil, víctimas de ataques arteros, con uso de armas que se suponen son de uso privativo de la Fuerza Armada, que viene a reforzar, con mucha lógica, el termino militar de que el país vive realmente un conflicto de baja intensidad con el accionar delincuencial, es decir, un enfrentamiento entre las fuerzas del Estado legítimo y grupos no estatales fuera de  la ley, surgidos de organizaciones ilícitas, que tratan de establecer un territorio “propio”, sin injerencia estatal, para realizar sus actividades de narcotráfico, trata de personas, contrabando y toda una enorme gama de negociaciones fraudulentas y criminales penadas por la ley.

Algo similar sufrimos cuando desde 1972 aproximadamente, surgieron las primeras manifestaciones bélicas de los grupos guerrilleros que integraron el “Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional” (FMLN), hoy convertido en partido oficial. Pero la diferencia se marca en que eran sectores no estatales deseosos de implantar una ideología política, en cambio, los grupos delincuenciales, divididos en dos enormes estructuras antagónicas por obtener supremacía en poder y decisión, intentan establecer “zonas” exclusivas de actividad ilícita, cuya expresión práctica la vemos en los desplazamientos forzosos, para convertir esos lugares en puntos de vigilancia e incluso, para eliminar a elementos policiales o a quienes consideran “colaboradores” de los mismos. El actuar es similar al estilo guerrillero del pasado, lo único que cambia es su finalidad.

La criminalidad que también comienza su accionar terrorista en sectores citadinos, poco a poco ha creado un sentimiento de caos y desesperanza en la cotidianidad del pueblo honesto.

publicidad

Nadie goza con plenitud de los lugares turísticos porque conlleva el temor de ser asaltado en las carreteras o en las inmediaciones de los sitios de esparcimiento: los empresarios, comerciantes y agricultores son víctimas de extorsiones económicas, que configura la segunda gran parte de los efectos nocivos en la vida normal de los pueblos, causando depresión en las inversiones propias y extranjeras por la inseguridad exacerbada, alejando toda posibilidad de crecimiento económico en un plazo determinado.

La protección de los derechos humanos queda por completo fuera del contexto, cosa muy distinta en un conflicto generalizado. donde las partes beligerantes, tarde o temprano, deben aceptar las condiciones humanitarias que exigen convenios internacionales (Ginebra,1949).


En cambio, las matanzas indiscriminadas, incluso dirigidas a parientes cercanos de los agentes policiales o militares en servicio, demuestra que en este conflicto que experimentamos no es ni siquiera dable pensar que pudiere existir un arreglo sobre el respeto a la vida y circulación libre de quienes no visten uniforme castrense o policial.

El irrespeto se dirige contra mujeres, niños, ancianos, en fin, se ha vuelto generalizado y destructivo. Finalmente, en una guerra convencional, la surgida entre Estados, aunque siempre es una negación a la vida, puede arribarse, en un determinado momento del conflicto, a pactar una tregua, un alto el fuego temporal para evacuar heridos, civiles, etcétera.

Aquí se fraguó en secreto y se efectuó “a media luz”, una tregua con las dos principales pandillas salvadoreñas en el primer gobierno efemelenista presidido por el señor Carlos Mauricio Funes Cartagena, que en lugar de solucionar la problemática, solo dio espacio y tiempo para que las dos organizaciones se organizaran mejor y extendieran sus respectivos radios de acción.

La visión para febrero de 2019, es que ese lema del oficialismo que reza “sigamos haciendo futuro”, suena hueco, vacío y sin fundamento. La tregua y sus consecuencias nos hace concluir que no hay futuro con una delincuencia, cuyo accionar es evidente y cotidiano en nuestra sociedad angustiada.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.