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Editorial & Opinion

Ofrecer, planificar, evaluar y rendir cuentas

Lourdes Molina Escalante / Economista sénior Icefi @lb_esc

viernes 1, junio 2018 - 12:00 am

Cada primer día de junio se suele hacer un recuento de las acciones del Presidente de turno en El Salvador; en toda la época democrática del país, este ejercicio ha permitido reconocer algunos cuantos avances, pero muchos más desafíos, retos pendientes y promesas sin cumplir. Lo ideal sería que la población pudiera evaluar cada administración en función de su contribución, o no, a la construcción de un mejor país para las presentes y futuras generaciones. Pero en el nuestro no se planifica, jamás se ha planificado, con una visión de Estado. En el mejor de los casos hemos contado con planes de gobierno que contienen las buenas intenciones del Ejecutivo de turno.

Se cumplen cuatro años del gobierno del presidente Sánchez Cerén, una administración cuyo principal reto fue autoimpuesto: lograr ese tan anhelado y prometido «cambio». La estrategia para alcanzarlo está plasmada en el Plan Quinquenal de Desarrollo 2014-2019 «El Salvador: productivo, educado y seguro». Pero implementar la estrategia y cumplir con lo planteado requería impulsar transformaciones estructurales y lograr acuerdos de Nación, especialmente en materia fiscal. Todo estaba planeado, por lo menos en el discurso, solo habría un obstáculo para lograrlo: la falta de congruencia entre las acciones del Ejecutivo con sus propios objetivos. Lo que se combinó con la incapacidad de superar la estrategia mezquina de la oposición, que abrazaba el deterioro de las condiciones de vida de las personas como su éxito.

En lo económico el objetivo propuesto era una transformación productiva que generara oportunidades para las personas, pero en la práctica el gobierno se apropió del modelo neoliberal heredado de administraciones anteriores; la única estrategia de atracción de inversiones fue el otorgamiento de privilegios fiscales, una medida nada innovadora y comprobadamente inefectiva. Mientras tanto, el crecimiento económico se mantuvo como el más bajo de la región (2.3 %, para 2017), la tasa de desempleo se quedó en un 7% y la cuarta parte de las personas ocupadas continuaron llevando a sus hogares un ingreso inferior a la línea nacional de pobreza.

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La segunda apuesta estratégica de este gobierno, de acuerdo a su plan, era educación, al reconocer ésta como la herramienta indispensable para transformar la vida de las personas. Pero en los últimos presupuestos, elaborados bajo la trampa de la austeridad, el Ministerio de Educación ha presentado una menor asignación, a pesar de que las tasas de matriculación han caído en los últimos años y cerca de  800 mil niños, niñas y adolescentes, aún sigue sin gozar su derecho a la educación.

El tercer pilar del plan de gobierno, la seguridad ciudadana, buscaba atacar las causas estructurales de la inseguridad en el país: la exclusión económica y social y la impunidad. Pero en la práctica lo que se ha observado es una estrategia de represión y estigmatización, que al igual que sus predecesoras, ha resultado poco efectiva para prevenir que los jóvenes caigan en las manos de las pandillas. Una estrategia que, además, ha creado las condiciones para justificar presuntas ejecuciones extrajudiciales y violaciones a los derechos humanos.


A la fecha y ante la imposibilidad de cumplir con el Plan Quinquenal, la nueva brújula del gobierno es el Plan 10, el cual es una mezcla de buenas intenciones, algunos proyectos concretos y elementos aterradores como la Ley de Zona Económica Especial.

Esto evidencia la necesidad de que cualquier gobierno, una vez electo, debe alinear sus promesas de campaña a la planificación y el presupuesto de la administración pública,  y así, evitar medidas desesperadas para intentar hacer en meses lo que no se logró en años. Además reafirma la necesidad de una ciudadanía empoderada, que activamente exija a toda la clase política alcanzar acuerdos de Estado a los que cualquier gobierno de turno deba ceñirse. Solo así, los gobiernos ganarán legitimidad y los partidos madurez, se dejará de ofrecer lo imposible para el corto plazo, se actuará con una visión de largo plazo y El Salvador logrará las transformaciones que necesita.




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