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Editorial & Opinion

Otra Beatriz

Bessy Ríos / Abogada y activista digital

sábado 28, octubre 2017 - 12:00 am

Rabia, furia, impotencia, entre los sentimientos que me hizo sentir la noticia de la joven que fue encontrada muerta con ocho meses de embarazo hace unos días; indignación total al leer su historia, una profesional que tomó la decisión de parir ante la indiferencia y el rechazo del padre de su hijo.

En nuestro país no es un secreto la alta tasa de paternidad irresponsable, basta con ver las enormes colas que hacen las madres en la Procuraduría General de la República para retirar los pocos centavos que les han podido arrancar por la fuerza a muchos hombres que consideran que mientras sus exparejas no les den sexo no tienen por qué darles dinero –no sea se lo gaste con el otro- además ella ha osado no someterse ante sus órdenes, que se muera de hambre, aunque usted no lo crea esas son varias de las frases que emiten este tipo de hombres.

Muy a pesar de sus complicaciones médicas –según medios de comunicación nos han revelado- y del estigma social, su decisión no fue respetada y por ello fue asesinada. Porque en El Salvador no se respeta la autonomía del cuerpo a las mujeres, así sean parir o no, las mujeres siempre seremos juzgadas, claro, esto no es gratis es gracias a la cultura heteronormativa, androcéntrica y patriarcal que se nos impone.

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En El Salvador existe un movimiento bien articulado de mujeres que venimos luchando por la despenalización del aborto en cuatro causales específicas: por malformaciones incompatibles con la vida del producto fuera del útero, por riesgo de muerte de la madre, por violación a menor o incapaz y por casos de trata de personas; lo que no entiende la mayoría de personas que se opone a esta propuesta, es que se está buscando que las mujeres tengan opciones ante estas circunstancias y que los médicos también tengan opciones; al final será la mujer la que tome la decisión que considere mejor, lo principal es que ELLA DECIDA.

El caso de Beatriz, la joven asesinada, tomó la decisión de parir y se encontró frente a un hombre que no estaba de acuerdo con ella y en su divina ignorancia decidió que había que someterla, de la única manera que podía hacerlo, matándola. Pero terribles han sido los comentarios en redes sociales aseverando que “ella tiene la culpa”, pues ella se metió con un loco, ella no se fijó con quién andaba, para qué fue a verlo, qué es eso de rogar a un hombre que se haga responsable de la paternidad, por eso le fue mal, ella fue a buscar su suerte.


Como luchadora por el derecho que deben tener todas las mujeres en este país de poder decidir sobre sus cuerpos de manera libre, ejercer nuestra sexualidad sin miedos y de tomar la decisión de cuándo y cómo queremos ser madres.

Hace unas semanas murió Beatriz, la salvadoreña símbolo de la lucha por la despenalización de la interrupción del embarazo, a quien el Estado le falló dos veces; la primera vez, la obligó a parir un niño anencefálico que murió como todos sabíamos a las pocas horas fuera del útero, por no tener cerebro –una tortura cruel-; la segunda vez, al no recibir los servicios médicos que le correspondían después de un grave accidente de tránsito, enviándola a casa, donde se complicó y finalmente murió en un hospital que no brindó todo lo que ella necesitaba, pero esta Beatriz fue juzgada y señalada hasta el día de su muerte; no faltó el “cristiano” que dijera que al fin se había muerto la muy desgraciada.

Interesante, ambas jóvenes responden al mismo nombre: Beatriz… ambas tomaron decisiones diferentes ante sus embarazos y ambas perdieron la vida en este país, donde una mujer que de manera firme se para ante la sociedad y toma la decisión en un caso de ser madre jefa de hogar o de no arriesgar su vida e interrumpir el embarazo, siempre será juzgada por los que ven a las víctimas como cómplices necesarias de su suerte, si no es que autoras de su muerte; este país que señala todo, juzga todo y no respeta las diferencia, es en este país donde se quejan que la política sea tan polarizada… aquí donde una mujer tome la decisión que tome, nunca tendrá la razón y si muere es completamente su responsabilidad, este país se llama El Salvador… el nombre más risible del mundo para un lugar donde no hay salvación para las mujeres.




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