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Editorial & Opinion

Padres “Ninis”

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

viernes 29, junio 2018 - 12:00 am

Los padres ninis, son aquellos que ni les importa ni les interesa formar a sus hijos para que sean buenos ciudadanos, de ahí el declive de algunos jóvenes que carecen de un espíritu competitivo y combativo. Es evidente que educar a un niño o a una niña es la tarea más difícil que experimentan los padres de familia, ya que primero le entregan el título y luego cursa la carrera, por ello antes de ser padres es importante que las personas primero se formen académicamente y que tengan al menos resuelta en parte su situación económica.

Con ello se evitaría traer al mundo niños que solo vienen a sufrir, por la inmadurez e irresponsabilidad de personas que se dejaron llevar por un momento de lujuria, pero con ausencia de amor, lo cual conduce a tener hijos no deseados y por ende se vuelven una carga y no una satisfacción cuidar y educar a un nuevo ser, de manera que los padres tienen un reto enorme en la educación de sus hijos, en la formación de su carácter e integridad, tal como establece Proverbios 1:8  “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, Y no desprecies la dirección de tu madre; Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, Y collares a tu cuello”.

Si logramos como país, preparar y educar axiológicamente a los hijos para que sean buenos padres, evitaríamos corregir represivamente a los jóvenes que hoy tienen a El Salvador de rodillas con asesinatos y extorsiones; no se tendría la preocupación de combatir a las pandillas o cómo crear nuevos empleos o cómo erradicar la pobreza. De modo que hay grandes áreas de oportunidades, la primera es trabajando con las nuevas generaciones desde la familia de forma integral, ya que es en el seno familiar que los niños y niñas aprenden a respetar a sus semejantes; a ser reverentes con los símbolos patrios, con sus docentes; a conducirse con dignidad e integridad; a respetar las cosas ajenas; a desechar las malas amistades y, por violento que sea la comunidad donde les tocó nacer, aprenden a convivir sin involucrarse en violencia, porque sus padres han formado en ellos un carácter de superación pese a la pobreza, dado que comprenden que no es culpa de ellos haber nacido pobres; pero sí será culpa de ellos morir en la pobreza, por ello tienden a dar lo máximo en las aulas, y desde pequeños, desarrollan hábitos de emprendedurismo.

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De manera que los padres somos el centro de los hijos, para que ellos sean o unos triunfadores aun en la miseria, o unos fracasados en la opulencia. En consecuencia, no debemos permitir que el entorno y las malas amistades eduquen a nuestros hijos, no es posible que el internet y la televisión sean los formadores de valores y tutores de niños y niñas, ya que de ahí se derivan hijos malcriados, mediocres y haraganes que solo pasan conectados a internet sin hacer nada productivo, hijos que le tienen temor al trabajo duro y por ello no quieren hacer trabajos físicos.

Y quizá ésta sea la razón por la cual no encuentran trabajo, (trabajo existe, se pueden vender dulces, aprender un oficio, vender bolígrafos, entre otros, para financiar sus estudios), porque los ninis del siglo XXI, están sobrevalorados, dado que sin experiencia quieren iniciar como gerentes o directores de empresas, pero no están dispuestos a comenzar como obreros; pero lo que pasan inadvertido, es que el trabajo disciplinado y esforzado trae su recompensa, además de formar un carácter triunfador y competitivo.

Por lo tanto, es obligación moral y deber patriótico de los padres formar hijos honestos con mentes de águila que dependan de Dios y sus talentos, y no del gobierno, que usen sus capacidades al máximo para ofrecer y no para pedir, que sus talentos y méritos sean el ancla para competir positivamente y no para extorsionar ni asesinar por dinero fácil. De modo que entre más palabras positivas y de aliento demos a nuestros hijos, más seguros y proactivos serán en la adultez y menos probabilidad de fracaso tendrán.

Se requiere que como padres dediquemos tiempo de calidad, a nuestros hijos, oírlos en sus trivialidades, quizás para el adulto no sea mucho, pero para el niño que está en formación que le presten atención lo es todo; así que no basta con proveer para la manutención de los hijos, se necesita que el padre esté para el hijo en los momentos críticos, que le diga “te amo” o que le dé “un fuerte abrazo”, este vínculo formará un buen carácter en el hijo que lo puede llevar a triunfar en la vida.



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