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Editorial & Opinion

Paz en Colombia: asir las manos de América Latina

jueves 15, octubre 2015 - 12:00 am

El Grupo Salvadoreño de Amistad con la Paz para Colombia iniciará formalmente sus labores este viernes en San Salvador en una sencilla ceremonia, que contará con la presencia de Luis Maira y Raúl Vergara, representantes de Chile ante la mesa de diálogo en La Habana.

El acompañamiento latinoamericano a la negociación entre el Gobierno de Colombia y las FARC es más que necesario. Las complejidades de toda empresa similar son conocidas, pero la singularidad de este proceso requiere que las partes involucradas sientan la solidaridad y perciban las expectativas de una opinión pública informada. Y que el pueblo colombiano sepa que no está solo ni existe indiferencia ante su anhelo de vivir en paz.

En la época actual, más que en otros períodos de la historia, las crisis trascienden las fronteras. Colombia no es una excepción. Es clara su centralidad y gravitación en toda América. Si bien la Declaración Franco-Mexicana y el Grupo de Contadora fueron cruciales en el contexto de la guerra fría en que se desarrolló el conflicto armado en El Salvador, tal vez hoy le corresponde a América Latina una responsabilidad mayor en la coyuntura colombiana.

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La paz y la seguridad no sólo visten los principios fundacionales de nuestras repúblicas: son un requisito insustituible para la gobernanza democrática y el desarrollo inclusivo. Su promoción es, además, un propósito primordial del Sistema de Naciones Unidas. Ello explica que Cuba y Noruega asuman el rol de garantes de la negociación entre el Gobierno y la guerrilla colombiana, y que Chile junto a Venezuela oficien de acompañantes.

La responsabilidad de cooperar y el impulso a la integración latinoamericana motivan también la iniciativa de Chile de impulsar un Grupo Salvadoreño de Amistad con la Paz en Colombia. La historia reciente de la política exterior chilena registra algunos capítulos. Junto a Argentina, Brasil y Estados Unidos  fue garante en las tratativas para poner fin a la guerra entre Ecuador y Perú en 1995. El Acta de Brasilia selló la paz en una emotiva ceremonia de la que fui testigo tres años después.


Asimismo, como parte de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), Chile promovió la coordinación entre los ministerios de Defensa y las Cancillerías de los países latinoamericanos integrantes de la Misión, para levantar una posición común y más próxima a la realidad del pueblo haitiano cada vez que el Consejo de Seguridad discutía directrices y normativas para una reedición del mandato de la ONU.

Los Grupos de Amistad con la Paz en Colombia se inscriben en esos principios y convicciones. Ya se formó el primero, el 14 de septiembre en Santiago de Chile. Pero el referente salvadoreño tiene especial interés, tanto por la historia política reciente del país como por la experiencia de los integrantes del nuevo Grupo: algunos fueron protagonistas en la negociación que culminó con el Acuerdo de Chapultepec, mientras otros son académicos o actores políticos relevantes de la postguerra salvadoreña.




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