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Editorial & Opinion

Pero… ¿es posible gobernar así?

Dr. Mauricio Eduardo Colorado / Abogado

lunes 18, junio 2018 - 12:00 am

El Salvador se encuentra en un profundo agujero del cual es muy difícil salir sin laceraciones  para muchos sectores. Las investigaciones realizadas por la Fiscalía General de la República dan cuenta que desde hace mucho tiempo, la honradez, la moral y los buenos principios han abandonado el territorio y lo han cedido a la truculencia, la corrupción, los malos hábitos, la inmoralidad, las pandillas, el narcotráfico y demás desgracias que, de una forma u otra, nos tienen atados a un destino amargo, triste, desventurado, del cual se nos hace difícil salir.

Los escándalos de la administración pública se tratan de desvanecer por medio de publicidad para otros escándalos de hechos no menos importantes y atacando a quienes de alguna forma hacen un esfuerzo por superar este estado de cosas, con el anhelo de que la nación no se hunda en la perdición total.

El tema de la malversación de la administración Funes nos parece una calca de la administración Saca, en la cual sucedieron hechos similares y que de alguna manera tienen a las exaltas autoridades detenidas mientras el proceso respectivo cumple con todos los requisitos para determinar la culpabilidad o inocencia de los imputados. Aparte del escandaloso suceso que se atribuye al expresidente, en todas las instituciones nacionales- incluyendo a las de control estatal- han surgido dudas y objeciones sobre la efectividad real del cumplimiento de los fines para los cuales fueron creados.

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Hechos de poca trascendencia aparente, como la emisión de un pasaporte diplomático para una persona que nada tenía que ver con el Gobierno, y desconocido por el entonces titular de la Cancillería, hasta arreglos millonarios con constructoras de represas para no ser demandados internacionalmente, dejan indefenso a este pueblo que no tiene cómo defenderse de la voracidad de los políticos que se encuentran incrustados en puestos claves, desde donde intervienen y manipulan a su favor, para mantener esta delicada situación donde la corrupción campea como valor superior a defender. Ya hemos mencionado en otras ocasiones que el presente año es conocido en otras latitudes como el año de Hidalgo, porque por ser el último del quinquenio, es decir de muchos que es hora de levantarse con algo.

La realidad es que el próximo año tendremos elecciones para escoger nuevo presidente y ya los partidos se preparan para la contienda. Han aparecido personajes de discutida trayectoria que por alguna razón han logrado permear la credibilidad de la gente, pese a las historias negras del pasado. Y no solamente se da tal fenómeno con la gente común, sino que se sabe que políticos de trayectoria han ofrecido la estructura de sus partidos para canalizar las aspiraciones de estos personajes, desde luego con la finalidad de compartir las mieles del poder en caso de ser favorecidos por los votos de los ciudadanos. A ese momento, no importa ideología ni pasado deplorable del candidato, sino que únicamente popularidad y capacidad para obtener votos.


Una vez ganada la elección, vendrá la repartición de cargos, y con ello se montarán las estructuras para favorecer a los privilegiados, sus parientes, sus amigos, y desde luego el propio interesado, como aparenta haber sucedido con el gobierno anterior. No sé si era mejor el tiempo pasado, que cuando alguien tenía un problema legal, en vez de buscar un abogado para que se lo resolviera, acudía a algún militar de influencia, quien era el llamado a resolver cualquier asunto.

La época de gobiernos militares terminó y se impuso de moda gobernar por medio de civiles. Sin embargo, algunos sostienen que la medicina ha salido más amarga que la enfermedad, ya que la pobreza –excusa para generar la guerra- se mantiene, al igual que los mismos ricos, solamente que hoy en día se perfila una nueva generación de nuevos ricos, producto del poder político.




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