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Editorial & Opinion

Populismo y payasadas

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

martes 14, agosto 2018 - 12:00 am

Lo del autoatentado de Maduro, porque no puede ser otra cosa más que eso, es una de tantas payasadas que los populistas y sus asesores circenses hacen con diversos fines, desde el simple hecho de llamar la atención como decir que les habla un pajarito, que tuvieron una epifanía que les decía que eran el mesías de su país, hasta creerse dioses.

Antes de proseguir quiero contarles una pequeña anécdota alejada del tema. El sábado se realizó un evento en la embajada de El Salvador en Tegucigalpa. El embajador Juan José Figueroa Tena, quien ha sido un representante digno de nuestro país, con énfasis en el intercambio cultural entre las dos naciones, hizo un comentario muy acertado que vale la pena hacerlo público. Se refirió a los agregados militares, entre ellos el coronel Soriano, y mencionó que a pesar de la guerra vivida en el país, ahora podían darse la mano, conversar y trabajar juntos por el bien del país.

La verdad expresada en esas palabras es de enorme trascendencia para nuestra cultura e identidad nacional. Ha sido lo más importante para poder sobrevivir después de la barbarie, el odio desaforado, el deseo de matar en aquella época de guerra.

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A mí en lo particular me irrita que después de 26 años del cese del conflicto, todavía sigan los exguerrilleros acordándose de esa época. Escriben, poetizan, hacen relatos, libros, conferencias sobre la misma, a diferencia de la gente común, los profesionales, los empresarios, los políticos de otros partidos, en fin, de todo el mundo menos ellos. Pareciera que lo único que tiene mérito recordar y lo único bueno que hicieron fue en esa época tan terrible, ¡pero!, en esta ocasión sí que me gustó esa remembranza para el fin específico de subrayar que podemos vivir en armonía.

Eso es lo que quería resaltar y ahora, sin haberlo pensado, me sirve de pie para seguir hablando del populismo.


Lo que sucede con los calenturientos mesiánicos que se creen salvadores de su país, como Nayib Bukele en El Salvador o Salvador Nasralla acá en  Honduras, o el cada vez más desquiciado Nicolás Maduro en Venezuela es que son generadores de odio. Tienen un almaciguero de variopintas ideas descabelladas que siembran en la mente de los que les escuchan para hacer germinar todo tipo de ideas absurdas que no generan un debate inteligente, sino que solo mueven y estimulan los sentimientos básicos de la población y alimentan el resentimiento, la división, el odio; las ganas de eliminar a los que creen causantes de todos los males del país.

No es que no sería bonito que muchas de esas alimañas que pasan en permanente desagradable espectáculo político desaparecieran, o que a los que han robado descaradamente del erario público les diera un infarto, pero no se trata de eso, no es el camino el odio, sino educarlo, instruirlo, orientarlo y llevarlo por el camino civilizado promoviendo el debate inteligente y tolerante, en el marco de la democracia, hacia un cambio verdadero que destierre la cleptocracia, la demagogia barata, el discurso sonso y chistocito con el fin de inaugurar una nueva etapa de esta república.

En tiempos de los sandinistas, cuando vestían de verde, los libros de texto de las escuelas enseñaban el abecedario con los nombres de los héroes de la revolución nicaragüense o de la cubana. Idi Amin, cuando fue dictador de Uganda, mandó a hacer una tira cómica, también pasquines, en los que él era un superhéroe. Silvio Berlusconi como Donald Trump, con el sonsonete antiinmigrante. Y así, tantos detestables ejemplos.

De Nicolás Maduro se puede esperar de todo, y se había tardado con esto de un autoatentado en el cual no hay tomas de vídeo de fuentes confiables, no hay fotos de los daños; es idiota pensar que un simple dron va a llevar una carga explosiva por todo el país hasta llegar al lugar donde se encontraba, etc. pero ya vemos cuál era el fin: continuar la persecución política de sus adversarios y generar más y más división y odio en la población.

Venezuela ya ni siquiera me da lástima. Me da rabia que no puedan contra ese lunar canceroso que envilece la política latinoamericana.




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