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Editorial & Opinion

¿Por qué las pandillas delinquen?

viernes 13, febrero 2015 - 6:27 pm

La persona humana no es conminada a delinquir en la mayoría de casos. Delinque por propia voluntad, por eso la piedra angular del Derecho Penal, a mi parecer, es el dolo. Lo demás son matices, como la culpa o la comisión por omisión.

En el dolo encontramos el elemento sicológico que definirlo como la voluntad de cometer un ilícito peca de simple, aunque sea preciso. Lo que nombramos como sicología criminal, de lo cual se ha escrito mucho, es compleja.

La sicología de un criminal es la suma de una serie de eventos que a lo largo de la vida han ido acoplándose, construyendo con ello el perfil de un asesino, un ladrón, un violador, un estafador, etc.

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En el análisis detallado de cada uno de esos eventos, el análisis sin pasionismos, recurriendo exclusivamente a las herramientas que nos dan las diferentes técnicas y ciencias para el descubrimiento de la mente criminal, sin intromisiones religiosas, políticas o de superficial emotividad, encontraremos la respuesta de por qué en nuestro país tenemos delincuentes.

La rama de las Ciencias Penales que estudia al delincuente es la Criminología y con base a ella debería hacerse un estudio amplio y profundo para contestar la anterior pregunta, la cual yo, con mis limitaciones, no puedo responder.


La debilidad pandémica de las instituciones de los países del tristemente célebre Triángulo del Norte, solo es una cuestión facilitadora para el auge desenfrenado de la actividad delictiva. El irrespeto a la ley, a los procedimientos, la contratación de personal no idóneo, la falta de recursos, la corrupción, etc., son ingredientes que explican esa debilidad, ¡Ah!, y una clase política que pase sumergida en dos actividades: en pleitos de poder y en robar.

Pero la génesis de la construcción en la siquis del delincuente, es tema de suma importancia para el país, pero por desgracia no abordado en un volumen único, sistematizado y uniforme.

El 96% de los delincuentes son hombres, estadística que surge de la población penitenciaria. Pese a que son más mujeres que varones en el país, es el hombre quien puebla y rebalsa el sistema carcelario de la nación. Allí, entonces, con contundencia concluimos que hay que enfocar todo nuestro sistema de prevención en los varones.

Dos criminales en serie que asolaron varios estados de la nación norteamericana, Henry Lee Lucas Y Ottis Toole, recibieron la misma educación temprana: madres prostitutas, padres borrachos e inexistentes, hermanas promiscuas, incesto, homosexualidad, alcohol y drogas, constantes humillaciones, y ¡plum!, al llegar a la adolescencia la mezcla explotó y empezaron, cada quien por su lado, una temprana carrera de delincuencia menor. Cuando por esos nefastos avatares del destino se conocen, empieza una de las sociedades más siniestras que sobre asesinos seriales han conocido en los Estados Unidos de América. Sus víctimas se contaron por centeneras en más de 10 estados.

En la infancia el ser humano busca por instinto la protección, los cuidados básicos y el alimento. Es fantástico recibir eso con amor y afecto. Si no sucede así, por el contrario, sufren empieza a generarse una frustración no racionalizada de que algo está pasando mal. Hasta los siete años, ya se ha desarrollado el carácter en un 70%. El ser humano que va a ser toda su vida está casi formado, y si lo que ha nutrido su siquis ha sido malo, él será malo.

Cuando llegan a la adolescencia concluyen que son seres humanos con necesidades y deseos que hay que satisfacer a como dé lugar. Llegan al convencimiento pleno que tienen el derecho a ser felices, vivir en armonía, en un lugar salubre, con esparcimiento, recreo, solaz, y hasta quieren estudiar o aprender un oficio que les sirva para realizarse y ganarse la vida.

Cuando todo es pobreza, frustración, humillaciones su mente es una olla de presión que estalla y se afirma y fortalece si se afilia a un grupo de personas que padecen los mismos o similares problemas: la pandilla. Y entonces la sociedad, si ha sido indiferente, si se queda aburguesada cruzada de brazos, sufrirá las consecuencia aunque sea tarde, aunque lleve décadas, pero al fin el destino la alcanzará. Sume miles y miles de varones jóvenes con sus cabezas llenas de odio, rencor, frustración, resentimiento sumergidos en un medio de pobreza que pareciera infranqueable; marginados en una sociedad que no les abre las puertas, sin oportunidades ni opciones y ya no le parecerá tan raro que, según las últimas investigaciones, hayan más de 70 mil mareros en el país.

El terror disfrazado que eso, por las buenas, no va a cambiar nunca, y tendremos como resultado una sociedad repleta de pandillas juveniles desde los 12 años hasta ya entrada su adultez, a los 35 años, jodiendo una nación entera.

 




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